«Francisco, como Pablo VI, sueña con una Iglesia misionera capaz de cambiar todo»

El cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española inauguró el Simposio Homenaje a Pablo VI la mañana del sábado con la cuarta ponencia del evento, titulada Una Iglesia en misión. De Evangelii nuntiandi a Evangelii gaudium, en la que expuso las similitudes entre las exhortaciones de Pablo VI y Francisco. Dos pontífices que, según el presidente de la CEE, están en sintonía pues «ambos son muy profundos en la alegría de la evangelización», aunque «con estilos propios. Pablo VI es más parco en palabras, y el Papa Francisco, tiene el aliento de un predicador»

Alfa y Omega

El cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española inauguró el Simposio Homenaje a Pablo VI la mañana del sábado con la cuarta ponencia del evento, titulada Una Iglesia en misión. De Evangelii nuntiandi a Evangelii gaudium, en la que expuso las similitudes entre las exhortaciones de Pablo VI y Francisco. Dos pontífices que, según el presidente de la CEE, están en sintonía pues «ambos son muy profundos en la alegría de la evangelización», aunque «con estilos propios. Pablo VI es más parco en palabras, y el Papa Francisco, tiene el aliento de un predicador»

Ambos textos, subrayó el cardenal, «mantienen la misma intención: promover, avanzar una nueva etapa evangelizadora», según recoge el portal de información religiosa Religión Digital. Hoy, añadió, también vivimos «un nueva etapa evangelizadora, marcada por el Evangelio, y que marcará caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos tiempos. Francisco, como Pablo VI, sueña con una Iglesia misionera capaz de cambiar todo». Ante esta situación, recordó a los oyentes la importancia de «responder a estos signos de los tiempos», aunque, reconoció, el trabajo «es más lento y complicado».

Aun así, parafraseando al Papa Francisco, Blázquez recalcó que «no podemos llevar cara de duelo permanente», porque «el Evangelio y el gozo están íntimamente ligados. Llama a la alegría, no a la tristeza», y así tiene que ser la Iglesia en España. Eso sí, sin obligar a nadie. «Debemos proponer con entusiasmo la verdad del Evangelio y la salvación, pero no intentar imponerlo». Para eso «pongámonos en camino. Dentro se puede estar muy bien, pero salgamos a la calle, porque el Evangelio brilla cuando los enfermos son curados, los pobres son atendidos y los pecadores son tratados con compasión».

Finalmente, el cardenal Blázquez definió a Pablo VI como una «figura providencial en el mayor acontecimiento de la Iglesia universal en los últimos tiempos, en el Vaticano II». Figura que  «ha emergido con el tiempo», tiempo que ha servido para reafirmar «su extraordinario servicio a la Iglesia, a la humanidad y a España».

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