Francisco, a los Legionarios: «Habéis sido dóciles a la Iglesia» - Alfa y Omega

Francisco, a los Legionarios: «Habéis sido dóciles a la Iglesia»

El Papa Francisco ha enviado un mensaje a los participantes en el Capítulo general de los Legionarios de Cristo y en las asambleas de las consagradas y los laicos consagrados, ante la cancelación del encuentro con ellos que tenía programado para este sábado, pues por tercer día consecutivo se han producido cancelaciones en la agenda del Santo Padre

Regnum Christi
Foto: Legionarios de Cristo

El Papa en su mensaje ha recordado que la vida delictiva del fundador «contaminó hasta cierto punto el carisma que el Espíritu originariamente había donado a la Iglesia» lo cual se reflejaba en las normas, en la praxis de gobierno y en el estilo de vida «de todo el Regnum Christi». Pero que, de la mano de la Iglesia, el Regnum Christi ha recorrido un camino que ha significado un verdadero «cambio de mentalidad» que ha quedado reflejado en las nuevas Constituciones y Estatutos, que son «verdaderamente nuevos», dice el Papa, «porque reflejan un nuevo espíritu» y una visión «coherentes con el Concilio Vaticano II», resultado de un trabajo en el que «vuestras comunidades han estado involucradas». El Papa dice en su mensaje que «esto ha sido posible porque habéis sido dóciles a la ayuda y al apoyo que la Iglesia os ha ofrecido», y porque os habéis dado cuenta «de la necesidad real de una renovación que os hiciese salir de la autorreferencialidad, en la cual os habíais encerrado».

«Las palabras del Papa Francisco nos llenan de gratitud y nos animan a seguir el camino de discernimiento y renovación con compromiso y docilidad al Espíritu», afirmó Nancy Nohrden, directora general de las Consagradas del Regnum Christi. «Que haya confirmado los pasos que hemos dado en los últimos años refuerza nuestro deseo de abordar con valentía y humildad los errores del pasado y de caminar en la verdad para hacer presente el reino de Cristo», dijo.

Por su parte, Félix Gómez Rueda, director general de los Laicos Consagrados, agradecía «escuchar del Santo padre que la labor de estos años nos ha permitido evidenciar el carisma originalmente donado por el Espíritu Santo y verdaderamente insertado en las enseñanzas del Concilio Vaticano II».

«Estamos agradecidos por el mensaje del Santo Padre y el acompañamiento cercano de la Santa Sede», ha expresado el padre John Connor, L.C., recientemente elegido director general de los Legionarios de Cristo. «Conscientes de lo que hemos aprendido, reconociendo y purificando los aspectos tristes de nuestro pasado, miramos hacia el futuro con esperanza viendo una nueva etapa en el camino de renovación que debe proseguir», ha asegurado.

Mensaje íntegro del Papa

Me alegro de este encuentro con vosotros, al concluir una etapa del camino que estáis recorriendo bajo la guía maternal de la Iglesia. Vosotros, legionarios de Cristo, habéis concluido hace poco el Capítulo General y vosotros, Consagradas y Laicos Consagrados del Regnum Christi, vuestras Asambleas Generales. Han sido eventos electivos de los nuevos gobiernos generales, conclusión de una etapa del camino que estáis haciendo. Lo que significa que aún no ha terminado, sino que debe continuar.

Los comportamientos delictivos de vuestro fundador, el padre Marcial Maciel Degollado, que se han manifestado en su gravedad, han producido en toda la amplia realidad del Regnum Christi una fuerte crisis tanto institucional como individual. De hecho, por una parte, no se puede negar que él ha sido el fundador histórico de toda la realidad que representáis, pero por otra parte no lo podéis considerar como un ejemplo de santidad que imitar. Logró que se le considerara un punto de referencia, mediante una ilusión que creó con su doble vida. Además, su largo gobierno personalizado contaminó hasta cierto punto el carisma que el Espíritu originariamente había donado a la Iglesia; y esto se reflejaba en las normas, en la praxis de gobierno y de obediencia y en el estilo de vida.

Ante el descubrimiento de esta situación, la Iglesia no ha dejado de manifestar su solicitud maternal y ha venido a vuestro encuentro con diversos medios, poniendo cerca de vosotros personas de gran sensibilidad humana y pastoral, así como de reconocida competencia jurídica. Entre ellas deseo mencionar al difunto cardenal Velasio De Paolis, Delegado Pontificio. Las nuevas Constituciones y los nuevos Estatutos son verdaderamente nuevos, sea porque reflejan un nuevo espíritu y una nueva visión de la vida religiosa coherentes con el Concilio Vaticano II y las directrices de la Santa Sede, sea porque son el producto de tres años de trabajo, en los que todas vuestras comunidades han estado involucradas y que han llevado a un cambio de mentalidad. Fue un evento que provocó una verdadera conversión del corazón y de la mente. Esto ha sido posible porque habéis sido dóciles a la ayuda y al apoyo que la Iglesia os ha ofrecido, dándoos cuenta de la necesidad real de una renovación que os hiciese salir de la autorreferencialidad, en la cual os habíais encerrado.

Os habéis abierto con valentía a la acción del Espíritu Santo, entrando así en el camino del verdadero discernimiento. Acompañados por la Iglesia, habéis llevado a cabo con paciencia y disponibilidad un trabajo exigente para superar las tensiones, incluso muy fuertes, que a veces se han producido. Esto ha exigido un ulterior cambio de mentalidad, porque requería una nueva visión en las relaciones mutuas entre las diversas realidades que componen el Regnum Christi. Sé bien que esto no ha sido fácil, porque aquello a lo que estamos más fuertemente apegados son nuestras ideas y a menudo nos falta una verdadera indiferencia, a la que debemos abrirnos con un acto de nuestra voluntad, para que el Espíritu Santo trabaje dentro de nosotros. El Espíritu nos conduce al desapego de nosotros mismos y a buscar únicamente la voluntad de Dios, porque sólo de ella procede el bien de toda la Iglesia y de cada uno de nosotros.

Este trabajo condujo a la constitución de la Federación Regnum Christi, compuesta por el Instituto religioso de la Legión de Cristo, por la Sociedad de Vida Apostólica de las Consagradas del Regnum Christi y por la Sociedad de Vida Apostólica de los Laicos Consagrados del Regnum Christi. A esta realidad de la Federación se agregan individualmente numerosos laicos que no asumen los consejos evangélicos, constituyendo así una Familia espiritual, realidad más amplia que la Federación misma. La Federación es una realidad canónicamente nueva, pero también antigua, porque de hecho la unidad y autonomía ya la vivíais desde el año 2014. Aún queda un campo muy vasto que debe ser objeto de discernimiento por vuestra parte. Por tanto, el camino debe continuar, mirando hacia adelante, no hacia atrás. Podéis mirar hacia atrás sólo para encontrar confianza en el apoyo de Dios, que nunca os ha faltado.

Se trata de determinar la aplicación concreta de los Estatutos de la Federación. Esto requiere el discernimiento tanto de los órganos de gobierno colegial como de los gobiernos generales y territoriales de las realidades federadas. Los Estatutos siempre deben estimular al discernimiento. Sin embargo, si esto no es fácil a nivel personal, mucho menos lo es en un grupo de gobierno. El discernimiento requiere mucha humildad y oración por parte de todos; y esta última, nutrida por la contemplación de los misterios de la vida de Jesús, lleva a asemejarse a Él y a ver la realidad con sus ojos. De esta manera se podrá actuar objetivamente, con un sano desapego de las propias ideas: lo cual no significa no tener una propia valoración de la realidad y del problema que se debe afrontar, sino someter el propio punto de vista al bien común.

Habéis elegido los nuevos Superiores Generales y sus Consejos. Ciertamente los primeros responsables de la dirección de la Legión de Cristo o de las Consagradas y de los Laicos Consagrados del Regnum Christi son sus Directores, pero los Consejos tienen una función muy importante, si bien los Consejeros y las Consejeras no son superiores. De hecho, los Consejos deben ser una ayuda válida para los Superiores en su gobierno, pero al mismo tiempo también tienen una función de control sobre el trabajo de los mismos Superiores. En efecto, ellos están llamados a gobernar en consideración de las personas y en el respeto del derecho común de la Iglesia y del derecho propio del Instituto o de la Sociedad. Por esto, la legislación canónica establece que cuando un asunto se somete al consenso del Consejo, el Superior no puede votar, precisamente para dejar más libertad a los Consejeros (cf. cann. 627 §2; 127 CIC; Pont. Comisión para la Interpretación Auténtica del Código de Derecho Canónico, Respuesta del 1 de agosto de 1985, en AAS 77 [1985] 771).

Espero que vuestros nuevos gobiernos sean conscientes de que el camino de renovación no ha terminado, porque el cambio de mentalidad en los individuos y en una institución requiere mucho tiempo de asimilación, por tanto, de una continua conversión. Es un cambio que debe proseguir en todos los miembros de la Federación. Regresar al pasado sería peligroso y sin sentido. Los gobiernos individuales de las tres realidades federadas están llamados a seguir este camino con perseverancia y paciencia, tanto en lo que se refiere a su propio Instituto Religioso o Sociedad de Vida Apostólica como en lo que se refiere a la Federación y a los laicos asociados a ella. Esto requiere que los tres gobiernos tengan una visión que corresponda a la dirección que en todos estos años la Iglesia ha indicado con su cercanía y con todos los medios concretos que ha puesto a disposición.

Vosotros, miembros de los nuevos gobiernos generales, habéis recibido el mandato de la Iglesia de continuar en el camino de renovación, cosechando y consolidando los frutos madurados en estos años. Os exhorto a actuar fortiter et suaviter: enérgicamente en la sustancia y suavemente en las formas, sabiendo escoger con valor y al mismo tiempo con prudencia cuáles caminos deben tomarse según la orientación trazada y aprobada por la Iglesia. Si os ponéis dócilmente a la escucha del Espíritu Santo no estaréis abrumados por el temor o por la duda, que turban el alma e impiden la acción. Os confío a la protección de la Virgen María; os acompaño con mi afecto y mi recuerdo en la oración y de corazón os imparto la Bendición Apostólica, que extiendo a toda la Familia del Regnum Christi. Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí.