Fe, familia y bicicletas

La diócesis celebró ayer la tradicional Vigilia de la Inmaculada, con el lema Con María acogemos la alegría del amor en la familia. Estas familias dieron testimonio en las tres celebraciones que hubo en Madrid

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Mariano y Silvia, en familia. Foto: Archivo personal de Mariano y Silvia

Los Bañón Fonseca son «una familia más de las que hay millones en el mundo». Amador y Beatriz, y sus hijos, Santiago (11), María (8) y Carmen (6), son «una familia muy corriente, sencillos, que tratamos de compatibilizar nuestra vida profesional con la familiar, muy agradecidos por todo lo que tenemos», explican poco antes de dar su testimonio en la Vigilia de la Inmaculada que tuvo lugar anoche en la catedral de la Almudena, y que presidió el cardenal Carlos Osoro.

«Vivimos nuestra fe muy agradecidos al legado que nos dieron nuestros padres, y somos una familia de parroquia, que vivimos nuestra fe de forma muy sencilla: las catequesis de los niños, la Misa dominical todos juntos, nuestras oraciones de la noche, en el coche, la corona de Adviento, la bendición de la mesa…», dice Amador. Todo lo cual les lleva a entender su vida familiar «como un compromiso de fe, y nuestro matrimonio como un servicio. Creemos que formamos parte de un plan que va mucho más allá de la inmediatez del día a día».

Santi y María Jesús, con sus hijos, una abuela y una sobrina. Foto: Archivo personal de la Familia Vélez Escribano

En este día a día la principal dificultad la encuentran al intentar conciliar la vida laboral con la familiar, pues ambos progenitores «hemos tenido que hacer renuncias para poder estar en casa y tener vida familiar». Buscan sobre todo «compartir tiempo juntos», y eso hace, por ejemplo, que su trastero esté lleno de bicicletas: «Es una actividad que desde que nos casamos quise compartir con la familia. Aquí los Reyes Magos han ido trayendo bicicletas a todo el mundo, y salimos siempre que podemos, a veces todo el día. Eso hace familia. Es algo muy sencillo que nosotros buscamos para estar juntos y compartir el tiempo. Estamos muy felices con lo que somos y tenemos».

Más bicicletas

A la familia Vélez Escribano, que dio su testimonio en la vigilia de la basílica de la Merced, presidida por el cardenal Rouco, también le gustan las bicicletas, pero últimamente no tanto: Santi, el padre, tuvo un grave accidente al caerse de una, se rompió un brazo y una pierna y estuvo 17 meses de baja, varios de ellos postrado en la cama. «Lo primero que hice fue pensar: “La que se le viene encima a María Jesús”, mi mujer. Y lo segundo, tirado en el suelo y sin poder moverme, fue repetir: “Jesús, Jesús…”, porque era consciente de que, aunque todo se te eche encima, a Dios siempre le vas a tener. Es Jesús a quien tienes cuando te quitan todo lo demás».

El accidente supuso para todos una fuerte experiencia vital y familiar. «María Jesús pasó de cuidar cuatro niños ¡a cuidar cinco!», dice su marido con humor, y el Señor entró con un ímpetu nuevo en su casa. «A mi mujer y a mí este accidente nos unió más todavía». A sus hijos –Carmen (11), Juan (8), Jesús (4) y José María (3)–, «les impactó mucho al principio verme en la cama, pero en seguida nuestra habitación pasó a ser el cuarto de juegos [risas]».

Amador, Beatriz y sus hijos, durante un paseo en bici por el campo. Foto: Archivo personal de la Familia Bañón Fonseca

Todo les ha servido «para darnos cuenta de cómo está Jesús presente en nuestra familia, y a mí me ha ayudado a ver el regalo que es el propio Jesús para mis hijos. Él es el regalo que nadie les quitará, aunque un día se caigan y se rompan», dice Santi.

Fe es todo

También Mariano y Silvia, y sus hijos, Irene (17), Javier (15) y Jesús (12), coinciden en que en su familia «la vida de fe es todo: tanto la vida familiar, como la vida en sociedad y la espiritual, porque todas son esenciales para realmente ser instrumentos de la misericordia de Dios en un mundo tan necesitado de esperanza». Por eso terminaron su testimonio invocando a la Inmaculada para que «nos enseñe a hacer de nuestros hogares una casa como la de Nazaret, donde todos vivamos la alegría de entregarnos a los demás, de hacer de la vida un servicio, en los pequeños detalles y… ¡en los grandes!», y también para que «nos ayudes a ser familias unidas, alegres, abiertas a la gracia de Dios y a los hermanos, en misión».