Fátima Lorca, psicóloga: «No hablo de suicidio en los colegios, hablo de sentido de la vida»

Fátima Lorca, psicóloga: «No hablo del suicidio en los colegios, hablo de sentido de la vida»

«El sentido de la vida juega un papel protector» frente al suicidio, asegura la directora del Área de Psicología de la Universidad Villanueva. «Cada vez más terapias trabajan esto»

María Martínez López
Foto: Universidad Villanueva.

«Las personas que tienen más sentido de la vida, que tienen metas vitales, tienen menos riesgo» de cometer suicidio. Lo asegura a Alfa y Omega Fátima Lorca, directora del Área de Psicología de la Universidad Villanueva, que este miércoles ha organizado un acto sobre esta lacra con motivo del día mundial dedicado a su prevención, el 10 de septiembre. 

—El suicidio es un fenómeno multifactorial: cuestiones biológicas, problemas de salud mental, situaciones vitales, etc. ¿Qué dice la investigación sobre el papel que, en medio de todo esto, juega el sentido de la vida que tenga la persona?
—En efecto, hay muchas cosas que entran en juego para que una persona piense o tome la decisión de llegar a cometer un suicidio. Pero hay muchísima investigación al respecto en los últimos años, cada vez más, en la que se ha visto que el sentido de la vida juega un papel protector frente a la sintomatología suicida. Esto quiere decir que las personas que tienen más sentido de la vida, que tienen metas vitales, que tienen un propósito, que saben para qué están aquí, tienen menos riesgo. De hecho hay muchos estudios que hablan de que el sentido de la vida tiene un factor protector frente a la psicopatología en general.

Es un factor protector porque está directamente relacionado también con el bienestar psicológico y con salud mental. Incluso ante situaciones que muchas veces son para alguien muy graves, de crisis vitales potentes, cuando una persona tiene sentido vital está más protegido, desarrolla menos patología y consigue encajar esa situación y llevarla un poco mejor. 

—¿Incluso en casos en los que la salud mental está seriamente afectada, por ejemplo con una depresión grave, que incluso se puede considerar que limita la libertad?
—Incluso en estos casos de depresión grave, de trastorno límite de la personalidad, de anorexia nerviosa, en los que la prevalencia del suicidio es bastante alta, en la investigación vemos también que el sentido de la vida ha mostrado ser un factor protector, porque la psicopatología que rodea el trastorno es menos grave.

Del diagnóstico a la prevención del suicidio

—¿Se puede aprovechar esta investigación en la prevención del suicidio? 
—Sí, se está aprovechando. Con la investigación nos podemos centrar en hacer prevención a partir de aumentar el sentido de la vida. Yo, por ejemplo, cuando doy alguna sesión a colegios o incluso a padres o profesores sobre conductas suicidas, autolesiones no suicidas —que por desgracia están a la orden del día—, me centro precisamente en esto. No hablo de suicidio, hablo de sentido de la vida. 

—¿Por qué? 
—Porque sabemos que si la gente tiene sentido de la vida, tiene un propósito y tiene claras sus metas, es menos probable que acabe cometiendo un suicidio, o más probable que si tiene ideación suicida la pueda manejar mejor.

—¿Hay perfiles de personas en riesgo entre los que pueda ser especialmente útil?
—Realmente esto es para todo el mundo, intentar tener un sentido de la vida me va a proteger prácticamente frente a toda la patología. Así que es muy interesante trabajarlo para personas que quizás son más vulnerables a tener alguna ideación suicida y a acabar cometiendo un suicidio, que muchas veces tienen psicopatología grave. 

«Qué he hecho con lo que me ha pasado»

—¿Cómo aplicarlo? Dar sentido a la propia vida no es un tratamiento o un tipo de terapia que se pueda prescribir sin más… 
—Cada vez hay más terapias que trabajan esto. De hecho, existe lo que se llama terapia basada en sentido, que trabaja precisamente esto para cualquier problema que se tenga. Luego hay muchos terapeutas que lo trabajamos también con el sentido entre las distintas cosas que tratamos con los pacientes. 

Cuando logramos que la persona encuentre y conecte con el sentido de su vida, todo funciona muchísimo mejor. Percibir que existe algo por lo que merece la pena seguir adelante, independientemente de las circunstancias —ya sea algo que de repente irrumpe en mi vida y la rompe entera, o un trastorno mental— puede funcionar como un recurso psicológico muy potente ante la adversidad. 

Viktor Frankl decía que no hay nada en el mundo que ayude más eficazmente a sobrevivir incluso en las peores condiciones que el conocimiento de que realmente hay un sentido en la vida, de que todo esto es para algo. También que si hay un sentido en la vida, entonces también debe haber un sentido del sufrimiento. 

Muchas veces en terapia les ayudamos a eso, a encontrar ese para qué, ese «qué he hecho con todo lo que me ha pasado» que muchas veces los pacientes son capaces de contar cuando han conseguido encajar eso que les ha pasado tan potente.

—¿Significa esto que trabajar el sentido de la vida puede sustituir otros tratamientos?
—No, para nada: complementarlo. Creo que es un complemento buenísimo para cualquier intervención. Pero nunca sustituye a otros tratamientos, que además están empíricamente validados y sabemos que funcionan. Sería una tontería. Las teorías basadas en sentido no pretenden sustituir nada, sino para complementar porque es una parte que a veces echamos de menos en algunas intervenciones.