Fallece Eloy Tato, que fue el obispo más joven del mundo y participó en las cuatro sesiones del Vaticano II - Alfa y Omega

Fallece Eloy Tato, que fue el obispo más joven del mundo y participó en las cuatro sesiones del Vaticano II

Desarrolló su ministerio episcopal en Colombia entre 1960 y 1994 en el Vicariato de San Jorge y en la diócesis de Magangué

Redacción
El actual obispo de Astorga, Jesús Fernández, con Eloy Tato. Foto: Diócesis de Astorga.

 El que fuera primer obispo de la diócesis de Magangué (Colombia), el misionero español Eloy Tato Losada, ha fallecido este miércoles a los 98 años en O Barco de Valdeorras (Ourense), según ha informado la diócesis de Astorga.

Nacido en Villadequinta (Ourense), Tato Losada fue, con poco más de 36 años, el obispo más joven del mundo, y era el último prelado vivo que había participado en las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II.

Durante toda su vida hizo gala de su lema episcopal Charitas, gaudium, pax. Primero como párroco en la zona gallega de la diócesis y luego en el Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME). A través de este último fue enviado al Vicariato Apostólico de San Jorge, en Colombia, donde fue profesor y rector del seminario y párroco.

Luego, en 1960, le llegaría la mitra y el encargo de convertirse en vicario apostólico de San Jorge. Su ordenación episcopal tuvo lugar en la catedral de Astorga, el 25 de julio de 1960, de manos del nuncio Ildebrando Antoniutti, que estuvo asistido por el obispo asturicense José Castelltort y por José Lecuona, superior general del IEME.

Además, Eloy Tato fue el primer obispo de la diócesis de Magangué, creada por Pablo VI el 25 de abril de 1969, donde trabajó hasta el 31 de mayo de 1994, cuando el Papa aceptó su renuncia por motivos de salud. Desde aquel momento, se retiró a su aldea natal, donde colaboró con la acción pastoral de la zona.

«Se nos ha ido un hombre de Dios, un hombre de fe profunda, caritativo, alegre y pacífico. Se nos ha ido un misionero que tenía clara su misión y que la afrontó con valentía, un obispo trabajador infatigable que amaba la Iglesia y buscaba incansablemente obreros para la viña del Señor, un hombre generoso y pobre que no se reservó nada para sí», señalan desde la diócesis asturicense.