Estad preparados

Aurelio García Macías
Foto: EFE/Filip Singer

En esta sección del Evangelio de Lucas encontramos una cierta sobrecarga de avisos y exhortaciones de Jesús a sus discípulos en los que trata de infundir confianza y esperanza, incluso en medio de las dificultades y sufrimientos inherentes a la condición apostólica. Sin embargo, en este múltiple contenido, de gran valor para la naciente Iglesia contemporánea de Lucas, acostumbrada a las persecuciones, podemos destacar dos ideas importantes, que no conviene olvidar.

La futura venida

En primer lugar, un dato evidente del Evangelio es que el mismo Jesús anuncia su retorno al final de los tiempos. La Iglesia de los primeros tiempos así lo creía y esperaba con cierta inmediatez. Lucas advierte que el retorno del Señor se retrasa y, por tanto, plantea a los cristianos el modo de vivir la expectativa de tal regreso. El Señor vendrá inesperadamente, de repente, sin avisar, «como ladrón en medio de la noche». De ahí la importancia de estar siempre preparados, para que la nueva venida del Señor no nos sorprenda.

Es más, la llegada del Señor en los últimos tiempos está asociada a la idea del «juicio» de todos y cada uno. Aquel día seremos juzgados. Por eso, el Evangelio invita a vivir sabiendo que el Señor vendrá y que rendiremos cuenta de nuestra vida en el día futuro. Somos responsables de lo que hemos vivido ante el Señor.

La segunda venida de Cristo y la idea del juicio no solo son datos inherentes al Evangelio, sino que son un elemento esencial de la fe cristiana. Así lo proclamamos en el símbolo de la fe o credo refiriéndonos a Jesucristo: «y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos». La sensibilidad posmoderna muestra cierto escepticismo y resistencia a estos temas trascendentes y poco humanos. Tal vez, por eso, se obvian estos temas en muchas de las homilías y predicaciones cristianas. Sin embargo, no podemos seleccionar parcialmente el contenido del Evangelio a nuestro antojo. Ambos temas forman parte del contenido de la fe cristiana, que, tal vez, pueden explicarse con diferentes lenguajes, pero no ignorar su contenido.

La presente espera

Con este discurso, Jesús quiere preparar a sus discípulos para su regreso. Ante su nueva venida caben dos posibilidades: mantenerse alerta o estar dormidos. Esta es la enseñanza de la parábola de los siervos que vigilan y mantienen ceñidos los vestidos para moverse cómodamente en una salida precipitada, o encendidas las lámparas, para que no se apaguen ni siquiera durante la noche. Jesús promete bendición a los siervos vigilantes, porque estarán preparados en el momento inesperado de su venida. Y esta es la gran enseñanza de este texto evangélico: vivir preparados en todo momento para la venida inesperada del Señor; sin miedo, confiando en Dios, mostrando caridad hacia los demás y, sobre todo, vivir con esperanza. El Señor vendrá. Y el discípulo de Cristo sabe esperar la venida del Señor, siempre preparado, viviendo con responsabilidad la vida y la misión que Dios le ha encomendado.

Aurelio García Macías
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos


Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón».

Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, los irá sirviendo. Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre». Pedro le dijo: «Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?». El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que les reparta la ración de alimento a sus horas? Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si aquel criado dijese para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles. El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos. Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá».

Lucas 12, 32-48