Esta parroquia «llama la atención» porque «la gente es muy generosa»
Los laicos llevan bastantes iniciativas de esta comunidad y encuentran empleo a muchos migrantes
En los salones de Nuestra Señora del Sagrado Corazón hay un cartel que sirve como lema a toda la parroquia y a todo lo que se hace en ella y desde ella: «Ser para los demás». Con estas cuatro palabras los Misioneros del Sagrado Corazón, los religiosos encargados del templo, ponen el acento en «vivir al servicio de las personas y poner todo nuestro ser a su servicio», afirma Jaime Rosique, el párroco. Por eso, esta hoja de ruta «no significa hacer para los demás, sino ser para los demás, en quienes reconocemos y escuchamos a Dios», añade.
El próximo mes de octubre, la parroquia de Pío XII —como se la conoce popularmente por estar en la avenida del mismo nombre— celebrará su 60 aniversario. Nació en 1965 por impulso del arzobispo Casimiro Morcillo, quien quiso cubrir así las necesidades de los nuevos vecinos en esta zona entonces en plena expansión. Los primeros feligreses eran, en su mayoría, familias de clase media acomodada, por lo que esos primeros años estuvieron marcados por un fuerte impulso de la pastoral juvenil y familiar. Hoy, aunque el barrio ha ido evolucionando demográficamente con la sociedad, la comunidad parroquial sigue siendo fiel y asidua, con una gran implicación de los laicos en las diversas actividades.

Por ejemplo, los miembros de la Familia Chevalier, la rama laical de los Misioneros del Sagrado Corazón, han creado espacios como el Ateneo Edad de Oro, un proyecto que busca acompañar a las personas mayores a través de actividades como charlas, talleres y visitas a museos. Así, se ha hecho de la parroquia un lugar de encuentro donde los mayores pueden interactuar, compartir la vida y sentirse acompañados.
Compromiso con el entorno
Esta vertiente solidaria se plasma en otras iniciativas como Una Familia Más, que promueve la recaudación de donativos y la elaboración de cestas de alimentos con destino a la misión, o la organización de eventos como la Milla Solidaria, una carrera popular cuyo fin es recabar fondos para obras sociales. Las cenas, mercadillos y rifas son, asimismo, habituales en la parroquia, que cada mes organiza una Operación Kilo para los más necesitados. «La gente aquí es muy, muy generosa», destaca Rosique; «es algo que llama la atención». En este ámbito, hay que mencionar especialmente a sor Pilar y sus voluntarios, que desde hace 30 años sirven de mediadores entre migrantes en busca de empleo y familias que contratan sus servicios. Su labor ha crecido hasta el punto de colocar a personas en otras zonas de España e incluso en otros países.
Otro de los grupos que ha cobrado relevancia en los últimos años es el de Escucha, que surgió como respuesta a una necesidad de acompañamiento espiritual y emocional en personas que no iban buscando explícitamente la confesión sacramental. Son también varios laicos, formados en este tipo de ayuda, los que ofrecen un espacio de apoyo para quienes precisan orientación y consuelo. Y, solo como curiosidad, el párroco ofrece confesión en inglés a quien lo necesite; una petición que le llega de vez en cuando en este barrio en el que hay varias embajadas. Él y los seglares atienden juntos la pastoral matrimonial y hasta un aula de música. En una dimensión más orante, la comunidad Fe y Luz tiene aquí uno de sus lugares activos, como también grupos de formación para adultos y otros de Evangelio y espiritualidad en los que siempre se busca un compromiso concreto con el entorno.

Para integrar tantas actividades, Nuestra Señora del Sagrado Corazón alberga dos veces al mes el Café de la Comunidad, de modo que todos sus miembros se conozcan y traten, y una oración mensual que ayuda a hacer de esta parroquia «un lugar en el que detectamos las necesidades de los demás y actuamos para atenderlas», concluye el párroco.