Esta acta relata un día grande en la historia de la Iglesia en Asturias
Más allá de relatos legendarios, la apertura del Arca Santa de Oviedo en el año 1075 dio testimonio de la fe del rey Alfonso VI y del Cid
Era el 13 de marzo del año 1075. El rey Alfonso VI de León, su hermana Urraca y el obispo de Oviedo, Arias Cromaz, acompañados de un importante séquito, incluido probablemente el Cid, se reunieron en la catedral ovetense para un acto histórico: la apertura del Arca Santa, de la que se sabía que contenía gran cantidad de reliquias. Un notario que acompañaba al monarca dejó constancia escrita.
Como era Cuaresma, se prepararon con ayuno. Esto muestra «la motivación espiritual con que se actúa» y la importancia que dan al arca, alejada de la curiosidad «turística», subraya Juan José Tuñón, canónigo archivero de la catedral. Luego, «se celebró la Eucaristía en rito hispano y también en rito romano». En un «momento en que se está imponiendo» este último, Alfonso VI estaba «abierto a ambos» como signo de comunión, «uno con Roma» y el otro «con la tradición» hispana. A continuación, se abrió el arca en presencia de turiferarios y se «sacaron las reliquias» una a una, prosigue el responsable del archivo histórico catedralicio. Si hoy se sabe todo esto es porque la institución conserva una copia del acta, hecha en el siglo XIII por «un notario que acreditaba su autenticidad». Es, aclara Tuñón, una práctica «frecuente a lo largo de los siglos».

En cuanto al contenido del Arca Santa, el texto «enumera 85 reliquias y dice que hay más». Entre las descritas, un «lienzo unido a Cristo» y vinculado con su sepulcro, del que «todo hace suponer que se trata del Santo Sudario» que está en la catedral, apunta el archivero. Otras estaban relacionadas con «tejidos» llevados por la Virgen, y algunas con «profetas y apóstoles». Tuñón recuerda que, «en la cristiandad de la época, muchos lugares estaban poblados de reliquias». La «singularidad» del Arca Santa es su «gran número», por el que la catedral de Oviedo recibió el título de Sancta Ovetensis.
Sobre cómo acabaron en Oviedo estos tesoros, en el Libro de los testamentos de finales del siglo XI o principios del XII, que custodia asimismo este archivo, el obispo Pelayo recoge noticias de la llegada del Arca Santa en tiempos de Alfonso II de Asturias (760-842). «Hay diferentes tradiciones», asegura Tuñón. «Parece muy razonable la de que procede de Toledo», donde tras la invasión musulmana «los cristianos recogieron y trasladaron las reliquias». Su origen queda más abierto. El relato de Pelayo «las hace llegar de Jerusalén». Se afirma incluso que «el arca fue construida por los apóstoles. Eso ha dado pie a veces, evidentemente, a un debate historiográfico».
Tuñón explica que un acta tan detallada relatando la apertura en 1075 «está acreditando que no hay constancia de que antes hubiera otras aperturas oficiales». Solo «parece que unos 30 años antes el obispo Ponce trató de abrirla». Fruto de ello surgió un relato legendario según el cual algunos colaboradores tuvieron problemas de visión por la luz sobrenatural que desprendía. «Es lógico que acompañase» a todo lo relacionado con el arca «un aura de misterio que corresponde con la sensibilidad de la época», apunta el archivero.

El compromiso del monarca con Oviedo y sus reliquias no se circunscribió a a la apertura del Arca Santa. «Pocos años después mandó que se revistiera en plata». Cuando se empezó a difundir su existencia en el contexto del Camino de Santiago, empezó a atraer a los peregrinos. Alfonso VI «donó un hospital para ellos» y se empeñó en la protección del Camino, tanto del itinerario que cruzaba la actual Castilla y León procedente de Europa como del ramal que conducía a Oviedo como parada intermedia.
Todo esto ha hecho que el arca suscitara «una amplia tradición historiográfica de investigación». Aun así, se mantiene la duda de si el acta es una copia tal cual de un documento con el mismo contenido o si unifica dos textos diferentes: la relación de la apertura y la donación del concejo de Langreo a la Iglesia para mantener, con sus rentas, el culto a las reliquias.
Este último capítulo tiene su punto de épica, pues la donación «fue cuestionada por la nobleza local». Un mes después el monarca la reafirmó en otro texto; pero para dirimir la cuestión, en un momento dado se llegó a «plantear incluso recurrir al “juicio de Dios”», en forma de torneo. Para salir de esta tensa situación Urraca, hermana del rey, «propuso analizar los documentos existentes. Se determinó que el concejo era de posesión real» y, por tanto, podía disponer de él.
Una de las principales curiosidades del acta de la apertura del Arca Santa es que «entre los testigos, figura un Rodrigo Diaz», que se identifica con el Cid, señala Tuñón. «Hay diferentes explicaciones posibles». La primera, que dada su «estrecha relación con Alfonso VI acompañara al monarca». También «tenía vínculos con Asturias por parte de su esposa», Jimena. Por último, en tiempos recientes «los estudios están poniendo el acento en la posibilidad» de que, además de la faceta heroica y batalladora ya conocida por el Poema del Mío Cid, Rodrigo Díaz fuera «un hombre con grandes conocimientos legales», lo que justificaría que participara en un acto de tanta relevancia.