Embajador de España: A la Iglesia «se la escucha atentamente» en el Líbano - Alfa y Omega

Embajador de España: A la Iglesia «se la escucha atentamente» en el Líbano

ENTREVISTA / José María Ferré, embajador español en el Líbano, seguirá con interés el encuentro de este jueves. «Es una cita importante» que «despierta nuestro interés, para ver qué ideas o planteamientos suscita»

María Martínez López
El embajador de España en el Líbano con el patriarca Raï, el 15 de abril. Foto: Embajada de España en Líbano

Embajador, ¿seguirán los diplomáticos en el Líbano el encuentro de los líderes cristianos con el Papa?
Creo que sí. A unos les interesará más que a otros, pero es una cita importante que se tiene en cuenta. El Líbano está atravesando una crisis múltiple muy grave en términos económicos, financieros, sociales, de seguridad y sanitarios; probablemente de las tres mayores crisis del último siglo y medio. Esto ha llevado a una evidente destrucción de la clase media, que era un elemento fundamental en la organización social libanesa. Cualquier actividad internacional sobre el país despierta nuestro interés, para ver qué ideas o planteamientos suscita.

Hace poco estuve hablando con el nuncio de este tema. La conferencia, desde el punto de vista diplomático, tiene el objetivo de fortalecer al Líbano, profundizar en su identidad en la región y en la necesidad de preservar su libertad. En sus llamamientos, el patriarca maronita ha estado hablando de la necesidad de una conferencia internacional sobre el país y de defender su neutralidad. La conferencia tendrá una parte pública al principio y al final, pero la mayor parte será de forma más discreta. Habrá que ver cuál es el comunicado final.

¿Cómo se ven, sobre el terreno, las raíces profundas de esta crisis?
La crisis es múltiple. Hay una parte más centrada en lo económico, lo financiero, que tiene un carácter muy local. Borrell estuvo aquí hace pocos días y señaló que es una crisis provocada por los propios libaneses. También la situación política, aunque tiene algo más de influencia de fuera, tiene bastante de libanés. Hubo una revuelta muy interesante en octubre del 2019, que luego quedó palidecida por la pandemia. Pretendía una gran renovación del país, luchar contra la corrupción [y promover] la separación de poderes. Daba la imagen de un país moderado, no sectario, que es como viven aquí a pesar de la influencia que se piensa que tienen las comunidades religiosas. Ahora el problema es cómo salir de esta situación que ha llevado a la pobreza a la mitad de la población y ha acabado con los ahorros de mucha gente.

¿Qué papel juega la injerencia de terceros, dentro del complejo puzle de la región?
Líbano siempre ha estado muy influido por países de fuera. Por sus vecinos, y por otros que a lo mejor están más lejos. Una de las finalidades del encuentro en la Santa Sede es subrayar el aspecto particular de su derecho a ser independiente y soberano. El patriarca Raï está destacando dos necesidades: que haya una conferencia internacional sobre el Líbano y que se defienda su neutralidad, [para que quede] apartado de los conflictos de la región.

Con esas intervenciones, el patriarca se ha convertido en portavoz de buena parte de la sociedad.
También ha señalado cuestiones específicas de la comunidad cristiana. Por ejemplo un tema importante: buscar razones para quedarse. Muchos cristianos, sobre todo los jóvenes, no saben vivir con los cambios tan profundos que afectan a su modo de vida. Desde hace tiempo ha habido una cierta homogeneización radical en el ámbito islámico, que afecta también a la mayoría de musulmanes a la hora de enfocar su vida en el ámbito de la libertad.

En medio de la crisis, ¿qué aportan las intervenciones del patriarca maronita pidiendo que se asuman compromisos para salir de la misma y a favor de hacer respetar la neutralidad del país?
Desde luego, sus homilías de los domingos y las fiestas relevantes tienen eco, son escuchadas por muchísimo más pueblo que el estrictamente maronita. También hay que tener en cuenta que en el Líbano la relevancia social de lo religioso y de lo religioso institucional es mucho más elevada que en Europa. Se tiene en cuenta, y los políticos suelen mantener un respeto superior al que podemos ver en Europa. Todavía existe un cierto sentido de lo sagrado, y quienes se considera que lo interpretan, las altas jerarquías eclesiásticas y musulmanas, son escuchadas. Otra cosa es que consigan que les atiendan. Por ejemplo, la comunidad cristiana está muy dividida.

En la búsqueda de soluciones, ¿hay intercambios entre el cuerpo diplomático y la Iglesia?
Yo y muchos colegas míos sí tenemos interlocución con ella. Es normal reconocer su relevancia y la de otras iglesias. Intento mantener el contacto con la jerarquía de todas las religiones. Tras la explosión del 4 de marzo, la embajada ha estado ayudando todo lo que ha podido en la canalización de la ayuda humanitaria de emergencia, que vino de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Llegó, entre otros destinatarios, a entidades religiosas

¿Qué acogida ha tenido en la comunidad internacional el llamamiento del patriarca a una conferencia auspiciada por la ONU?
Se está escuchando atentamente, pero no ha habido mucha concreción. Habría que ver la fórmula que se propone. Se ha hablado de que podría ser a través del Consejo de Seguridad de la ONU o de otras entidades internacionales. Sí se han venido celebrando otras conferencias con un matiz más económico. Lo que pide la comunidad internacional es que se apruebe un Gobierno reformista. Ahí se abriría la posibilidad de un diálogo con el FMI y de recibir ayudas financieras. Sería en ese contexto donde podría incluirse algún aspecto más estructural, como desea el patriarca. Él quiere ir más allá.

En el Líbano en el último siglo ha habido un sinfín de crisis sucesivas más o menos fuertes. Aunque se ha alcanzado el éxito en muchas cosas, nunca se ha dado una situación de plena tranquilidad. La propuesta del patriarca no pretende que se solucione la situación para los próximos diez años sino que sea algo más permanente, para llegar a un entendimiento mayor y que el país y la sociedad se desarrollen. Hay un enorme potencial para ello. Pero en la situación actual es bastante complicado que esto ocurra. Y las propias autoridades libanesas no tendrían mucha capacidad para aplicar lo acordado.

La Iglesia insiste en que solventar la crisis libanesa es fundamental para la estabilidad de toda la región. ¿Por qué?
Es un país pequeño, como Navarra o Asturias aunque con bastante más población. Y tiene una influencia desproporcionada en la región. Yo creo que es porque es un país que respeta la libertad religiosa. Esto no es frecuente en el entorno, y es un ejemplo. En otros países, por ejemplo, se respeta a los cristianos pero sin que estos tengan ninguna garantía jurídica legal. Por otro lado, también hay en el país un nivel cultural y educativo muy alto y una gran apertura hacia el mundo, hacia otros. En un momento de cada vez mayor homogeneización en la región, esto permite que se vea que hay otras opciones.