Elisabetta Piqué y Gerard O’Connell revelan las anécdotas del cónclave
Los vaticanistas publican un libro con anécdotas del cónclave de mayo pasado: «Hemos logrado reconstruir en tiempo récord algo muy cercano a lo que ocurrió»
Pocas historias son tan apasionantes como las de los cónclaves, quizá porque combinan fe, sorpresa y un cambio radical en la vida de su protagonista. Desde que el maestro de ceremonias pronuncia el «extra omnes» y cierra las puertas de la Capilla Sixtina, hasta que sale la fumata blanca y el nuevo Papa se asoma al balcón central de la basílica de San Pedro, pasan tantas cosas extraordinarias en tan poco tiempo que vale la pena recopilarlas para contarlas con orden. Es lo que acaban de hacer los vaticanistas Elisabetta Piqué y Gerard O’Connell en el libro El último Cónclave, donde ofrecen sorprendentes detalles inéditos sobre la elección de León XIV.
Desvelan por ejemplo por qué se retrasó tanto la fumata negra del primer día del cónclave. Sucedió que los encargados de seguridad avisaron de que, aunque la incomunicación debería ser total, había un teléfono móvil activo dentro de la Sixtina. Al final se descubrió que un anciano purpurado lo llevaba inadvertidamente en el bolsillo. «Hemos logrado reconstruir en tiempo récord algo muy cercano a lo que realmente ocurrió en el cónclave y en los días previos y posteriores a la muerte del Papa Francisco», explica Piqué, vaticanista argentina de La Nación.
Según su versión, en la primera votación, en la tarde del 7 de mayo, más de 30 cardenales recibieron al menos un voto. Entre ellos, aseguran que emergieron tres candidatos con más de 20 votos: los cardenales Péter Erdö, Pietro Parolin y Robert Francis Prevost. Curiosamente, el encargado de leer en voz alta las papeletas elegido al azar ese día era uno de ellos, Péter Erdö. Dicen que parecía tan desconcertado al ver su nombre entre los más votados, que algunos se replantearon su decisión.
En el relato, el cardenal de Hong Kong Stephen Chow describe cómo el Espíritu Santo asiste a los cardenales para que hagan su trabajo. «Con los resultados de la primera votación, ya ves quiénes son los candidatos que tienen más peso»; y con las nuevas votaciones unos van ganando peso y otros lo pierden. Entonces, «el Espíritu Santo te mueve el corazón y puedes elegir si responder o no. Puedes elegir fijarte en tu propia preferencia o escuchar. Y entonces ves a la gente, gradualmente, llegar a un acuerdo. Si escuchas, es realmente el Espíritu Santo quien nos une. Nuestros corazones fueron movidos por Él y respondimos».
Cuando el 8 de mayo sortearon quién debería leer en voz alta las papeletas, el elegido fue el cardenal Robert Francis Prevost. «Es el sentido del humor de Dios», les comentó un purpurado. Prevost leyó los resultados de un modo «determinado, tranquilo, estoico, al mando», se lee en la obra; y esa sangre fría convenció a muchos de que sabe moverse en situaciones tensas y los llevó a votarlo. «Lo eligieron sobre todo por su enorme experiencia. Ha trabajado en tres continentes y visitado más de 50 países como prior de los agustinos. Es un excelente administrador. En Perú enseñó en el seminario y tiene una mentalidad de canonista, legalista y casi matemática. Además, es muy preciso con el uso de la palabra y habla inglés, italiano, español y francés», explica convencido Gerard O’Connell. Añade que los cardenales encontraron en él «la continuidad con Francisco, el perfil pastoral y la sinodalidad». «Lo ocurrido fue inesperado; ocurrió en 2013 con Bergoglio. Nadie lo tenía en cuenta, y de repente fue elegido, pues avanzaba sin hacer ruido», reconoce Piqué.
Los dos están convencidos de que «la elección de León XIV fue la última sorpresa de Francisco». «Lo puso al frente del dicasterio más importante de la Curia y lo mantuvo con perfil bajo hasta pocas semanas antes de su muerte, cuando lo hizo cardenal obispo para darle visibilidad», destaca Piqué. «Es un misionero, algo que Francisco valoraba mucho. Apreciaba cómo Prevost manejó los problemas de sus diócesis en el Perú con calma y pragmatismo, sin ideologías. Y que en Chiclayo aplicó la sinodalidad antes de que se hablara de ella en Roma», subraya O’Connell.
El libro El último Cónclave está lleno de detalles de humanidad, como cuando mientras leían los votos en la Capilla Sixtina el cardenal Tagle dio un caramelo a Prevost para que no se le secara la garganta, o el rostro sereno que tenía el nuevo Papa cuando resultó elegido. Solo hay un misterio que queda sin resolver, y es a qué cardenal estaba votando Robert Francis Prevost. «Se lo preguntaré muy pronto a él mismo», responde, misteriosa, Piqué.
Gerard O’Connell y Elisabetta Piqué
Arpa
2025
280
21,90 €