El Vaticano abre al público de forma extraordinaria seis catacumbas para reivindicar su valor

María Martínez López
Foto: CNS

En una época en la que «se ha estado discutiendo sobre las raíces cristianas de Europa», se nota un menor interés de los peregrinos por visitar «precisamente el lugar donde estas raíces se pueden ver y hasta tocar con las manos», lamenta el secretario de la Comisión Pontificia de Arqueología Sacra

Cuando Pasquale Iacobone fue nombrado secretario de la Comisión Pontificia de Arqueología Sacra de la Santa Sede, hace un año, le preocupó darse cuenta de algo: «Las catacumbas ya no entraban en los circuitos de peregrinación a Roma, cuando en el pasado eran una etapa casi obligatoria». Los números de visitantes habían estado descendiendo de forma estable en los últimos años.

Algo paradójico en su opinión, ya que en el mismo período «se ha estado discutiendo sobre la identidad de Europa y sus raíces cristianas. Y, si existe un lugar donde esas raíces se pueden ver y hasta tocar con las manos, es precisamente en las catacumbas».

Buscando con los directores de varios de estos recintos cómo poner en valor «este patrimonio único y excepcional, que no se encuentra en ningún otro sitio», se les ocurrió imitar las iniciativas realizadas por otros museos e instituciones científicas y culturales: hacer una jornada en la que la gente pudiera acceder a ellas de forma gratuita. La fecha elegida fue este sábado, 13 de octubre, tal como lo anunció el mismo Papa Francisco el domingo pasado durante el rezo del ángelus.

Visitas excepcionales

Así, a partir de las 9 de la mañana, se podrá acceder gratuitamente a las catacumbas normalmente abiertas al público: San Calixto, San Sebastián, Domitila, Priscila, Santa Inés y Santos Marcelino y Pedro. Pero, además, se podrán visitar excepcionalmente y por primera vez las de San Pancracio, San Alejandro y San Lorenzo, además del santuario de los Mártires Griegos, el Museo de la Torreta y el Museo de San Pretextato. En todos estos lugares habrá, además, diversos talleres para todos los visitantes, y en especial para los niños y los invidentes.

Las catacumbas de San Lorenzo son precisamente una muestra del trabajo de investigación que a día de hoy sigue realizando la Comisión Pontificia. «Las excavaciones continúan de forma continua –explica el padre Iacobone–, tanto en Roma como en las otras catacumbas de toda Italia que están bajo nuestra tutela. Hace poco, hemos excavado una galería entera en las catacumbas de San Lorenzo. También seguimos restaurando otras zonas».

De estos trabajos surgen «interesantísimos» hallazgos arqueológicos y antropológicos. «Tenemos muchos datos sobre la procedencia de la población enterrada en las catacumbas, sobre su edad y la causa de su muerte, sobre su vida cotidiana y los vínculos que los unían. El hecho mismo de que se construyeran las catacumbas significa que en las primeras comunidades cristianas había un espíritu de caridad, de solidaridad, de asociacionismo, que hoy tal vez hayamos perdido», reflexiona el secretario de la comisión vaticana encargada de esta investigación.

Homenaje a Pablo VI

La fecha elegida para la Jornada por la Comisión Pontificia no es casual. En vísperas de la canonización de Pablo VI, uno de sus puntos fuertes es la exposición sobre Pablo VI y las catacumbas, organizada en la de San Calixto. «Hemos querido recordar la visita del Papa Pablo VI el 12 de septiembre de 1965, poco antes de la clausura del Concilio Vaticano II. Quiso celebrar Misa en la catacumba de Santa Domitila, donde pronunció una homilía bellísima: “Estamos aquí para beber en las fuentes, para reencontrar la energía fresca del origen”. Y después fue a la cripta de los papas de Santa Cecilia y San Calixto».

Creadas a partir de finales del siglo II, las catacumbas de Roma forman una red de más de 60 lugares de enterramiento, situadas a lo largo de la Vía Apia, que llegaron a acoger los cuerpos de 750.000 cristianos. Sus túneles forman un laberinto de en torno a los 150 kilómetros.

Además de su enorme interés arqueológico y artístico, «en lo religioso transmite un mensaje de confianza. Son cementerios, peor en ellas todo habla de vida y esperanza», si uno se acerca a la fe en la vida eterna que muestran sus frescos y los símbolos paleocristianos. Un mensaje que los guías tratan de transmitir «con más o menos profundidad, según el perfil de la gente que venga. Si por ejemplo llega un grupo de chinos sin ninguna formación cristiana, les resulta más difícil», reconoce el responsable.

María Martínez López