El santuario, elevado a basílica menor, que se convirtió en hospital de campaña - Alfa y Omega

El santuario, elevado a basílica menor, que se convirtió en hospital de campaña

Lejos de ser una mera formalidad, la concesión del título de basílica menor al santuario diocesano de Urda ha supuesto una auténtica revolución para la vida litúrgica, pastoral, catequética y caritativa del templo, que, además, es un punto de referencia espiritual de la diócesis de Toledo y de toda la comarca

José Calderero de Aldecoa
Basílica menor del Santísimo Cristo de la Veracruz. Foto: Basílica menor del Santísimo Cristo de la Veracruz

El santuario diocesano del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, de Urda (Toledo), uno de los pocos lugares en el mundo que tiene concedido el jubileo a perpetuidad, ha sido elevado a la dignidad de basílica menor. Así lo ha comunicado la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en nombre del Papa Francisco, a monseñor Francisco Cerro Chaves, arzobispo de Toledo y primado de España.

La designación llega ahora después de un proceso que ha durado un lustro y que se inició con la llegada al templo de Juan Alberto Ramírez. «Fui enviado aquí con motivo del Año Santo de la Misericordia, siendo este uno de los lugares jubilares en la diócesis de Toledo. En la primera o segunda reunión con el arzobispo, que entonces era monseñor Braulio Rodríguez, comenzamos con los trámites porque de las cuatro vicarías de la diócesis, la de la Mancha era la única que no tenía una iglesia privilegiada», explica a Alfa y Omega.

Pero este cambio, lejos de ser baladí, ha revolucionado la vida litúrgica, pastoral catequética y caritativa del templo, que es un punto de referencia espiritual de la diócesis de Toledo y de toda la comarca. «Los trámites que hay preparar incluyen la dinamización del ámbito pastoral, litúrgico catequético y de caridad. Así que le dije al arzobispo que si conseguíamos la designación como basílica, bien; y, si no, pues por lo menos habíamos impulsado todos estos campos tan importantes».

Transformación integral

De esta forma, comenzó un proceso de transformación integral en el santuario diocesano. «Se empezó por la dignificación de la liturgia y el cuidado de los espacios celebrativos. Creamos un grupo estable de lectores, que a su vez recibirían la formación semanal sobre la palabra de Dios; o un club de acólitos, un grupo de niños, que fuera también como una especie de cantera para el seminario menor y para las vocaciones al sacerdocio», asegura Ramírez.

En el campo catequético, «se estableció un proceso de formación de catequesis». Además, «don Braulio quiso que se creara como una especie de escuela para la piedad popular, para la formación de los futuros candidatos a las hermandades y cofradías».

Incluso se concretaron diferentes gestos concretos de caridad. «Se decidió realizar una contribución anual a la investigación contra el cáncer». Asimismo, «se planeó reactivar la casa de espiritualidad que tenemos para que no fuera solo para retiros y convivencias, sino también de acogida de peregrinos, de transeúntes…».

Privilegios pontificios

Con todo este trabajo previo, el decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos llegó el pasado viernes 26 de febrero. Desde entonces, ha comenzado otra etapa para la ahora basílica menor. «Creo que este título nos invita a ser foco de comunión, a ser altavoz de la palabra del Papa y de la Iglesia en general y a tener claro nuestro carácter misionero», explica el rector.

Además, el título concede el privilegio de poder hacer uso de las llaves y la tiara pontificia en los estandartes, en los ornamentos y en el sello de la basílica. Sin embargo, Juan Alberto Ramírez es más partidario de hacer uso, sobre todo, del estilo del propio Pontífice. «El Papa no deja de hablar de las minorías, de los desfavorecidos, de los ninguneados; y la concesión de este título, para un templo aquí en la Mancha, es sobre todo un compromiso para con la gente sencilla y trabajadora de estas tierras».

Francisco siempre insta a la Iglesia a «ser un hospital de campaña, pues una basílica, al estar tan unido al querer de Pedro, tiene que ser también como un hospital de campaña. En nuestro caso, un hospital de campaña para toda la comarca», concluye.