El Papa recuerda a curas y seminaristas en Roma que «el sacerdote es un amigo del Señor»
«No somos perfectos, pero somos hermanos entre nosotros e hijos de María», ha dicho durante el encuentro internacional Sacerdotes felices con motivo del Jubileo
«Gracias por lo que sois. Por recordar a todos que es bueno ser sacerdotes». Con estas palabras ha cerrado su discurso el Papa León XIV ante centenares de seminaristas y presbíteros reunidos en el Auditorium Conciliazione, a pocos pasos del Vaticano, durante el encuentro internacional Sacerdotes felices. Con el lema Os he llamado amigos, ha sido el acto central del Jubileo dedicado al clero y promovido por el Dicasterio para el Clero, que ha tenido presente a su prefecto, el cardenal surcoreano Lazzaro You Heung-sik.
Desde el escenario, el Papa ha asegurado que «Dios sigue llamando y permanece fiel a sus promesas a pesar de los signos de crisis en la vida y en la misión de los sacerdotes», especialmente en Europa.
Para León XIV, el reto actual es doble: cuidar la formación sacerdotal y recuperar la dimensión misionera del presbiterio. A su juicio, el elemento nuclear es que «el sacerdote es un amigo del Señor». Es una máxima que no consiste solo en «una declaración afectuosa a los discípulos», sino «una verdadera clave para comprender el ministerio sacerdotal».
El Pontífice ha subrayado que esta relación con Cristo, alimentada por la oración, la Palabra y los sacramentos, «es el fundamento espiritual del ministerio ordenado, el sentido de nuestro celibato y la energía del servicio eclesial». En sus palabras, «nos sostiene en los momentos de prueba y nos permite renovar cada día el “sí” pronunciado al comienzo de nuestra vocación».
Relación, fraternidad y cuidado
León XIV propuso tres líneas claras para la formación sacerdotal. Primero, que esta sea un «camino de relación» y no una simple «adquisición de nociones». Segundo, que se fomente la «fraternidad» entre presbíteros y obispos. «Hacerse amigos de Cristo supone vivir como hermanos, no como competidores o individualistas», ha sentenciado. Y, como tercer elemento, ha destacado el cuidado de los formadores porque «la eficacia de su trabajo depende sobre todo del ejemplo de su vida y de la comunión entre ellos».
En el contexto de una vocación que exige entrega total, el Papa ha llamado a crear entornos pastorales donde puedan madurar las respuestas generosas. «¡Ánimo para propuestas fuertes y liberadoras!», ha dicho. Y ha citado la encíclica Dilexit nos de Francisco, dedicada al Sagrado Corazón, como «un don precioso para toda la Iglesia» y como orientación para «mantener unidas la mística y el compromiso social, la contemplación y la acción, el silencio y el anuncio».
En uno de los momentos más personales del encuentro, ha recordado a los presbíteros que ejercen en zonas difíciles, a menudo «en las periferias existenciales y en los lugares peligrosos». Y ha tenido recuerdo explícito para aquellos «que han dado su vida, incluso hasta la sangre».
Finalmente, la jornada ha concluido con llamada de León XIV a «vivir lo que el Papa Francisco llamaba cercanía: cercanía con el Señor, cercanía con el obispo, cercanía entre vosotros para vivir esta experiencia de caminar juntos». Y ha recalcado de nuevo que «no somos perfectos, pero somos amigos de Cristo, hermanos entre nosotros e hijos de su tierna Madre María, y esto nos basta».