El Papa pide «un nuevo orden social, que rompa la espiral perversa entre familia y pobreza»

Los problemas relacionados con la pobreza «inciden duramente sobre la vida familiar, poniéndola a dura prueba las relaciones». Por ello, es obligación de las instituciones y de la Iglesia combatir esta lacra…

Alfa y Omega

Los problemas relacionados con la pobreza «inciden duramente sobre la vida familiar, poniéndola a dura prueba las relaciones». Por ello, es obligación de las instituciones y de la Iglesia combatir esta lacra. Y no se trata sólo de pan, o de trabajo, subrayó el Papa: «Hablamos de trabajo, hablamos de educación, hablamos de sanidad»

La pobreza es una de las principales pruebas por las que pasan las familias, y a ella dedicó el Papa su catequesis de este miércoles, dentro del ciclo dedicado a la realidad concreta de las familias. La pobreza, además, se agrava cuando aparece la guerra. «De verdad la guerra es la madre de todas las pobrezas, una grande predadora de vidas, de almas», subrayó el Papa.

El hecho de que haya «familias pobres que con dignidad buscan conducir su vida cotidiana, a menudo confiando abiertamente en la bendición de Dios», no debe «justificar nuestra indiferencia» sino «aumentar nuestra vergüenza» ante esta escuela de humanidad que «salva la sociedad de la barbarie». Un ejemplo, señaló el Papa, que «irrita» a los «planificadores del bienestar» que consideran los afectos, la generación, los lazos familiares como una «variable secundaria» de la calidad de vida.

Así es como la economía de hoy, especializada en el bienestar individual, no reconoce la inmensa labor de la familia, en cuyo pilar se sostiene precisamente la formación de la persona, y propone modelos basados en el culto del figurar y del consumismo, los cuales, difundidos por los medios de comunicación, causan daños que incrementan la disgregación de los lazos familiares.

De la pobreza, a la disgregación

«Es necesario que desde todas las instancias de la vida pública se pongan los medios para un nuevo orden social, que rompa la espiral perversa entre familia y pobreza que lleva la sociedad a la ruina». También los «cristianos debemos estar cada vez más cerca de las familias que sufren la pobreza».

No es sólo cuestión de pan: «Hablamos de trabajo, hablamos de educación, hablamos de sanidad». Muchas veces, a la falta de trabajo de los padres «o su fuerte precariedad, inciden duramente sobre la vida familiar, poniéndola a dura prueba las relaciones. Las condiciones de vida en los barrios más pobres, con los problemas de habitación y de transporte, como también la reducción de los servicios sociales, sanitarios y educativos, causan ulteriores dificultades». Así, «la miseria social golpea a la familia y a veces la destruye». Otra amenaza son los «pseudo – modelos» que les llegan a través de los medios y que incrementan la disgregación de los lazos familiares.

De ahí que se necesite del «ejemplo de la Iglesia, que practique la simplicidad en la propia vida», en «las propias instituciones», en «el estilo de vida de sus miembros» para «derribar los muros que separan, sobre todo, de los pobres». Oración y acción fue la premisa del Papa para los cristianos en su catequesis de hoy, sin olvidar que «el juicio de los necesitados, de los pequeños y de los pobres, anticipa el juicio de Dios».

RV/Alfa y Omega