El Papa ofrece a Obras Misionales Pontificias un decálogo para su renovación interna

«Vuestra tarea se realiza al servicio del fervor apostólico», un impulso que «solo el Espíritu Santo puede operar en el pueblo de Dios». Desde esta clave, Francisco ha elaborado en un extenso mensaje a Obras Misionales Pontificias algunas claves que deben guiar su itinerario de reforma interna. Entre ellas destaca la conjunción de la oración y la caridad, la presencia capilar en todas las realidades de la Iglesia y el aligerar estructuras

María Martínez López
Foto: CNS

«Vuestra tarea se realiza al servicio del fervor apostólico», un impulso que «solo el Espíritu Santo puede operar en el pueblo de Dios». Desde esta clave, Francisco ha elaborado en un extenso mensaje a Obras Misionales Pontificias algunas claves que deben guiar su itinerario de reforma interna. Entre ellas destaca la conjunción de la oración y la caridad, la presencia capilar en todas las realidades de la Iglesia y el aligerar estructuras

«Id con ardor: en el camino que os espera hay mucho que hacer». Así concluye el Papa Francisco el extenso mensaje que ha hecho llegar a Obras Misionales Pontificias este jueves. En el día en el que en Roma se celebra la Ascensión del Señor y OMP debería estar celebrando su asamblea general (cancelada por la pandemia de COVID-19), la Santa Sede ha hecho públicas unas reflexiones con las que el Santo Padre ha querido seguir acompañando el itinerario de renovación interna en el cual este conjunto de instituciones eclesiales misioneras llevan inmersas varios años.

En sus palabras, el Papa subraya que «vuestra tarea se realiza al servicio del fervor apostólico, es decir, al impulso de vida teologal que solo el Espíritu Santo puede operar en el pueblo de Dios». Y subraya una serie de rasgos de la historia de Obras Misionales Pontificias que «con frecuencia se descuidan y dan por supuestos». Por ejemplo, que «nacieron de forma espontánea del fervor misionero manifestado por la fe de los bautizados» y que siempre «han avanzado por dos raíles paralelos, la oración y la caridad».

Como «pontificias», reflejan que la Iglesia de Roma las valoró y constituyó como «instrumento de servicio para sostener a las Iglesias particulares», frente a la dialéctica de «contraponer carismas e instituciones». Al contrario, se han estructurado desde la presencia en la multitud de realidades de la vida eclesial, sin vivirse este compromiso «como una vía alternativa o una pertenencia externa».

Esta red, que se ha extendido por todos los continentes, «manifiesta la variedad de matices, condiciones, problemas y dones» de la vida de la Iglesia en distintos lugares. «Una pluralidad que puede proteger contra homogenizaciones ideológicas y unilateralismos culturales» y ayudar a experimentar la universalidad de la Iglesia. A partir de estos talentos, y de una serie de tentaciones que evitar (como la autorreferencialidad, el ansia de mando, el elitismo, la distancia con el pueblo, la abstracción o el funcionalismo), Francisco ha elaborado un decálogo de consejos que en algunos casos sorprenden por su concreción:

1) Capilaridad: «Custodiad o redescubrid la inserción de las OMP en el seno del Pueblo de Dios, su inmanencia respecto a la trama de la vida real en que nacieron». Así, sería conveniente cuidar y retomar la «capilaridad» de vivir su acción entrelazada con la red eclesial de diócesis, parroquias, comunidades y grupos. «Es necesario dar respuesta a las preguntas y a las exigencias reales, más que formular o multiplicar propuestas». En este mismo sentido, en la conclusión el Santo Padre apunta a que «una articulación a escala puramente nacional de las iniciativas pondría en peligro la fisionomía misma de la red de las OMP, además del intercambio de dones entre las Iglesias y comunidades locales».

2) Oración y caridad: Con la flexibilidad y adaptaciones necesarias, «encontrar el modo en el que la estructura esencial de las OMP siga unida a las prácticas de la oración y de la colecta de recursos para las misiones, algo valioso y apreciado, debido a su elementalidad y concreción», que enlaza con la sencillez de la fe del pueblo de Dios. «Buscad también nuevos caminos, nuevas formas para vuestro servicio; pero, al hacerlo, no es necesario complicar lo que es simple».

3) No buscar reavivar la misión con estrategias y discursos: Las orientaciones que se pidan al Señor no deben convertirse en «conjeturas y teorías sobre grandes estrategias» de las que se haga depender la recuperación del espíritu misionero. «Si, en alguna situación, el fervor de la misión disminuye, es signo de que está menguando la fe. Y, en tales casos, la pretensión de reanimar la llama que se apaga con estrategias y discursos acaba por debilitarla aún más y hace avanzar sólo el desierto.

4) Gratitud: La labor de OMP puede hacer a sus miembros testigos de la vida de la Iglesia en todos sus aspectos, los negativos pero también «los dones gratuitos de curación y consolación». «Pienso en muchos milagros entre los niños, que quizás se encuentran con Jesús a través de las iniciativas propuestas por la Infancia Misionera». Por eso, lejos de limitarse a una función burocrática-profesional, «vuestra gratitud puede hacerse a la vez don y testimonio para todos», dando a conocer realidades «que vosotros podéis encontrar con mayor facilidad que otros».

5) Huir de los replegamientos autorreferenciales: «No dediquéis demasiado tiempo y recursos a miraros y a redactar planes centrados en los propios mecanismos internos, en la funcionalidad y en las competencias del propio sistema. Mirad hacia fuera, no os miréis al espejo. Romped todos los espejos de vuestra casa», haciendo más flexibles y ligeras las estructuras y los procesos. Por ejemplo, el Papa ha animado a los directores nacionales a señalar a algún sucesor, no indicando «a personas de su círculo», sino a quienes «le parezca que tienen más fervor misionero que él».

6) No ser una ONG solo de recaudación y asignación de fondos: Evitar esto «depende del ánimo con que se hacen las cosas, más que de lo que se hace». Puede ser «aconsejable y oportuno» actualizar creativamente las metodologías y buscar patrocinadores. Pero «si disminuye la recaudación de donativos –también por el debilitamiento de la memoria cristiana–», no se puede cubrir esto «poniendo todo el esfuerzo en un sistema de colecta más eficaz» que busque grandes aportaciones. Es mejor seguir dirigiéndose sobre todo al conjunto de los bautizados, y «poner en las manos del Señor» el sufrimiento por este problema y por la pérdida de la fe.

7) Discernir la distribución de los donativos con sentido de Iglesia: Se deben «sostener las estructuras y los proyectos que, de distintos modos, realizan la misión apostólica y el anuncio del Evangelio» teniendo siempre en cuenta «las verdaderas necesidades primarias de las comunidades» y evitando al mismo tiempo «formas de asistencialismo que, en vez de ofrecer instrumentos al fervor misionero, acaban por entibiar los corazones y alimentar también dentro de la Iglesia fenómenos de clientela parasitaria». Debe reducirse al máximo lo destinado a la propia promoción, y no dilapidar recursos en iniciativas abstractas y autorreferenciales.

8) No olvidar a los pobres: «La predilección por los pobres y los pequeños es parte de la misión de anunciar el Evangelio, que está desde el principio. Las obras de caridad espirituales y corporales hacia ellos manifiestan una preferencia divina que interpela la vida de fe de todo cristiano».

9) Custodiar la variedad cultural y de contextos: «Las OMP, con su red difundida por todo el mundo, reflejan la rica variedad del “pueblo con muchos rostros”» que es la Iglesia. Ni el fervor misionero ni los tonos con los que se expresa son los mismos en todas las realidades. «La revelación del Evangelio no se identifica con ninguna cultura y, en el encuentro con nuevas culturas no es necesario imponer una forma determinada cultural», llevar cargas pesadas o pretender «estandarizar la forma del anuncio» con clichés o eslóganes. El hecho de ser «pontificias» debería ser una fuente de libertad.

10) Vivir el vínculo especial con el Papa: «Os pido que el carácter distintivo de vuestra cercanía al Obispo de Roma sea precisamente este: compartir el amor a la Iglesia, reflejo del amor a Cristo, vivido y manifestado en el silencio, sin jactarse, sin delimitar el “terreno propio”; con un trabajo cotidiano que se inspire en la caridad y en su misterio de gratuidad», hasta el punto de que muchos de los beneficiados quizá ni sepan «a quién dar las gracias, porque desconocen hasta el nombre de las OMP. El misterio de la caridad en la Iglesia se lleva a cabo así».

María Martínez López