«El Papa me ha pedido mucha cercanía a mis sacerdotes»

Ángel Fernández Collado toma posesión este sábado como obispo de Albacete

Ricardo Benjumea
Ángel Fernández, en la Misa de despedida de Toledo el 11 de noviembre. Foto: Archidiócesis de Toledo

Ángel Fernández Collado toma posesión este sábado como obispo de Albacete

Tras 41 años como sacerdote en Toledo (desde septiembre de 2013, es obispo auxiliar), Ángel Fernández Collado tomará posesión el sábado como obispo de Albacete. «Hay mucha vida en las parroquias y hermandades, muy buenos sacerdotes, un mundo seglar que se mueve mucho», le dijo su predecesor, Ciriaco Benavente, tras la aceptación de su renuncia por haber cumplido los 75 años.

Natural de Los Cerralbos, donde nació el 30 mayo de 1952, recibió la ordenación sacerdotal de manos del cardenal Marcelo Gómez, quien le envió a Roma a estudiar historia y archivística, a pesar de que la vocación a la que realmente se sentía llamado él era la de «cura de pueblo», cuenta en entrevista con Alfa y Omega.

En su diócesis ha desarrollado responsabilidades en muy diversos campos, como en la Cáritas o el apostolado seglar y la Acción Católica, pero por su formación a menudo ha trabajado en el área de patrimonio cultural para sus sucesivos arzobispos (los cardenales Álvarez y Cañizares y, el arzobispo actual, Braulio Rodríguez Plaza). Hoy enseña Historia de la Iglesia en el seminario conciliar de San Ildefonso, es canónigo capellán mozárabe y archivero-bibliotecario de la catedral primada. En la Conferencia Episcopal es miembro de las comisiones de Patrimonio Cultural y Liturgia.

Las prioridades en Albacete

En su nueva diócesis, Ángel Fernández Collado tiene claro que su prioridad debe ser «la familia cristiana». «En Toledo –argumenta–, he experimentado la fuerza de la familia en ámbitos como la defesa de la vida, con iniciativas muy prácticas, cercanas y eficaces».

No duda en destacar tampoco el seminario y la importancia de «la pastoral vocacional», de nuevo conectada a las familias, que «es donde se aprenden los grandes valores, viviéndolos en un ambiente de cariño y de amor».

Otra prioridad le viene marcada por el propio Papa Francisco. Durante un curso de formación celebrado en septiembre en Roma para obispos nombrados hace 5 años, el cardenal Oullet, prefecto de la Congregación de los Obispos, le cedió su silla junto al Pontífice durante un almuerzo. «Me encontré con ese regalo inesperado», asegura Fernández Collado, cuyo nombramiento estaba ya entonces decidido, aunque él aún lo desconocía. Con Francisco habló de los escándalos de abusos sexuales en «esta hora triste» para la Iglesia. Lo encontró «con ánimo» y «decidido a hacer frente» a esta lacra. Y recibió de él también algún «valioso consejo» para el gobierno pastoral: que se ocupe «preferencialmente de los prójimos más próximos», esto es, de sus sacerdotes. «Que tenga mucha cercanía con ellos, me dijo, porque si el pastor es bueno, las ovejas estarán bien cuidadas, y ellas saben distinguir a los buenos pastores de los malos».

A estos sacerdotes los quiere tener muy cerca Ángel Fernández en Albacete. «Voy avisado –dice– de la soledad del obispo, que a veces tiene que tomar decisiones solo, y sé que no faltará la cruz. Pero esa cruz se aligera cuando uno no la lleva solo».

Una compañía que no le faltará en Albacete es la de su madre, quien, pese a sus 93 años y su delicado estado de salud, sigue siendo –confiesa don Ángel– la que manda en casa, reprochándole a su hijo y obispo a menudo las horas de llegada al domicilio. «Siempre ha sido una mujer fuerte», cuenta. «Mi padre murió joven y ella nos sacó adelante a los cuatro hermanos».

Ricardo Benjumea