El Papa insiste en pedir por los sintecho, y para que la sociedad «despierte» - Alfa y Omega

El Papa insiste en pedir por los sintecho, y para que la sociedad «despierte»

Por segunda vez en tres días, el Papa Francisco ha ofrecido la Misa de este jueves por las personas sin hogar y quienes sufren otros «tantos problemas ocultos», pidiendo la intercesión de santa Teresa de Calcuta

Redacción
Foto: CNS

Por segunda vez en tres días, el Papa Francisco ha ofrecido la Misa de este jueves por las personas sin hogar y quienes sufren otros «tantos problemas ocultos», pidiendo la intercesión de santa Teresa de Calcuta

Al Papa Francisco le preocupan las personas sin hogar. Mucho. Lo demuestra el hecho de que, por segunda vez en tres días, ha ofrecido por ellas la Misa de este jueves en la Casa Santa Marta. Como ya hizo el martes al pedir por las personas sin hogar, esta mañana ha recordado a los sintecho que duermen en las calles.

Le ha llevado a esta insistencia la fotografía, publicada ayer en algunos medios, de «personas sin hogar en una ciudad tiradas en un aparcamiento, bajo observación», en Las Vegas (Estados Unidos). Esta imagen revela uno de «tantos problemas ocultos» que están saliendo a la luz durante la pandemia. El Santo Padre ha pedido especialmente a santa Teresa de Calcuta «que despierte en nosotros un sentido de cercanía» a estas realidades habitualmente ocultas.

Una promesa de fecundidad

En su homilía, el Papa ha comentado las lecturas del día, del libro del Génesis y del Evangelio de Juan, centradas en Abraham y su alianza con Dios. «Nosotros somos cristianos –dijo– porque hemos sido elegidos, escogidos y hemos recibido una promesa de fecundidad». Dios nunca se olvida de sus promesas, ha apuntado el Papa, solo de los pecados que perdona. Y, como Abraham, todos nosotros somos elegidos; «nadie elige ser cristiano entre todas las opciones del mercado religioso». Pero nosotros debemos responderle con fidelidad a la alianza.

Los pecados están en contra de estas tres dimensiones: «no aceptar la elección» de Dios y cambiarla por elegir nosotros ídolos; «no aceptar la esperanza en la promesa» y «olvidar la alianza, vivir sin ella», como si no la hubiéramos recibido».

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