Monseñor Hinder: «Yemen se enfrenta al colapso. Faltan redes para que llegue la ayuda» - Alfa y Omega

Monseñor Hinder: «Yemen se enfrenta al colapso. Faltan redes para que llegue la ayuda»

La guerra en Yemen continúa desde 2015 y la población está hambrienta y cansada. «Ruego a los responsables que comprendan la gravedad de la situación del país»: es el sincero llamamiento de monseñor Paul Hinder, vicario apostólico de Arabia del Sur

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Foto: AFP/Ahmad Al-Basha

La guerra en Yemen continúa desde 2015 y la población está hambrienta y cansada. «Ruego a los responsables que comprendan la gravedad de la situación del país»: es el sincero llamamiento de monseñor Paul Hinder, vicario apostólico de Arabia del Sur

«Los invito a rezar por la gente de Yemen, también aquí y especialmente por los niños que sufren la grave crisis humanitaria». El pensamiento del Papa, después de la oración del Ángelus, abraza nuevamente al mundo, desde Siria al Líbano, desde Ucrania a uno de los lugares simbólicos del sufrimiento olvidado, Yemen.

En el país, según el último informe de UNICEF, el número total de niños desnutridos menores de cinco años podría aumentar a un total de 2,4 millones, casi la mitad del total, un aumento de aproximadamente el 20 %. Además, 6.600 niños menores de cinco años podrían morir por causas prevenibles para fin de año, un aumento del 28 %.

Después de años de conflicto, el sistema de salud se está derrumbando, faltan medicamentos, equipos y personal y, sobre todo, la situación se ve agravada por el acceso deficiente al agua potable y al saneamiento, lo que favorece, entre otras cosas, la propagación del COVID-19. Hoy en día, cerca de 9,58 millones de niños están aislados.

De hecho, debido a la guerra que comenzó en marzo de 2015, se destruyeron muchas infraestructuras de agua, lo que hizo que las fuentes de acceso no fueran saludables, con la consiguiente propagación de enfermedades como la fiebre amarilla y el cólera, que en 2016 afectaron a más de un millón de personas, matando a 3.500 de ellas. Esta situación, con la llegada de la pandemia, ha empeorado, también debido a la fuerte crisis económica que ha afectado al país.

Un pueblo que corre el riesgo de no tener futuro

«El problema del hambre», explica Orazio Ragusa Sturniolo, portavoz de Acción contra el hambre, «también está relacionado con las emergencias hídricas que se pueden encontrar en Yemen y en otros países del Medio Oriente». El conflicto armado «que obviamente ha caracterizado al país en los últimos años, ha resultado devastador en la población civil, de servicios de agua y de saneamiento, y ha llevado al país a depender de los derechos humanitarios».

Actualmente, revela el portavoz, «cuatro millones de personas dependen del suministro de agua de los camiones cisterna, pero no siempre es posible llevarles agua porque en el país también hay una grave crisis de combustible».

Además del problema de la desnutrición, subraya Ragusa, «hay otro problema que está determinado precisamente por el COVID-19», porque «las medidas restrictivas y de cierre establecidas por las autoridades locales para combatir la pandemia han impedido que las organizaciones humanitarias apoyen estas poblaciones». Además de un problema de agua y desnutrición, «también hay un problema psicológico muy importante en Yemen y en otros países, y por esta razón se han promovido una serie de actividades de apoyo psicológico remoto».

«Yemen está destrozado»

La guerra en el país continúa desde 2015 y la población, hoy en día, está hambrienta y cansada. «Ruego a los responsables que comprendan la gravedad de la situación del país»: es el sincero llamamiento de monseñor Paul Hinder, vicario apostólico de Arabia del Sur, que por ahora no ve ninguna solución en ausencia de una tregua estable.

«A un colapso económico total», a esto es a lo que se está enfrentando Yemen debido a los importantes recortes en la ayuda humanitaria internacional, la disminución de las remesas, el debilitamiento de la moneda y la pandemia del coronavirus.

Más de dos millones de niños –denuncia Unicef– están desnutridos y 6.600 menores de cinco años podrían morir por causas evitables para finales de año, en la peor crisis humanitaria del mundo. Por lo tanto, estamos ante «un desastre sin precedentes», según Mark Lowcock, subsecretario general de Asuntos Humanitarios y Coordinador de Ayuda de Emergencia de las Naciones Unidas (OCHA), quien ha hecho un llamamiento a los donadores para que restablezcan la financiación. «Los precios de los alimentos han aumentado entre 10 y 20 % en las últimas dos semanas. Sin nuevas inyecciones de divisas, esta situación empeorará», reconoce, «y las remesas enviadas por los yemeníes en el extranjero pueden haber caído entre el 50 y el 70 % desde que el coronavirus comenzó a afectar a la economía mundial».

Hay fondos pero, también, mucha inseguridad

Esta es la realidad, pero se necesita mirar más profundamente. En resumen, este es el mensaje que expresa en los micrófonos de Vatican News monseñor Paul Hinder, vicario apostólico de Arabia del Sur. «Según la información que tengo –explica–, puedo decir que es sustancialmente cierto lo que dice la ONU y corresponde a la fea realidad del Yemen».

Pero, quizá, «lo que no se ve debería añadirse: no es tanto el dinero lo que falta, los países vecinos y otros países están dispuestos a donar o ya han dado miles de millones». El principal problema «es que faltan estructuras y redes fiables dentro del país para hacer llegar la ayuda», asegura el vicario apostólico.

Monseñor Hinder llama dramáticamente la atención sobre la destrucción de las instalaciones sanitarias del país, en más del 50 % de los casos, y sobre la inseguridad que «dificulta, y a veces imposibilita, el transporte».

«La división del país en al menos tres partes, casi jurisdicciones diferentes –continúa el vicario apostólico– dificulta aún más la ayuda eficiente y coordinada y, sin una tregua entre las partes de los beligerantes, internas y externas, todas las operaciones humanitarias permanecerán al menos parcialmente paralizadas».

«Solo puedo invocar a María, la Reina de la Paz»

A esta amarga constatación, le sigue una oración. «Por mi parte –en palabras de monseñor Hinder– solo puedo invocar a la Reina de la Paz para que rece por Yemen y, sobre todo, para que los que tienen responsabilidades comprendan la seriedad y la gravedad de la situación interna y externa de Yemen». No veo «cómo podemos salir de esto hoy: hay muchas organizaciones que tratan de hacer todo lo posible por la población, incluso si lo que se puede hacer en Adén no será posible en Sana’a y viceversa».

Este es el drama de este país, «un país roto». Es esencial, por lo tanto, «que haya seguridad –continúa Hinder para concluir– y estabilidad; de lo contrario, las ONG que colaboran con la Media Luna Roja, la única que hasta ahora ha trabajado activamente, también pueden ser activas a todos los efectos».

Vatican News