El Papa, en la audiencia: «Todo puede convertirse en oración: la alegría, la culpa, el amor o el sufrimiento» - Alfa y Omega

El Papa, en la audiencia: «Todo puede convertirse en oración: la alegría, la culpa, el amor o el sufrimiento»

En una nueva audiencia dedicada a la oración, Francisco concluyó mostrando su cercanía con el pueblo de México, que este martes sufrió un terremoto de 7,5 grados de magnitud causando la muerte de seis personas. «Rezamos por todos ellos»

José Calderero de Aldecoa
Foto: CNS

El Papa Francisco ha querido mostrar su cercanía con el pueblo de México después de que este martes el país latinoamericano sufriera un terremoto de 7,5 grados de magnitud causando al menos seis muertos y dañando numerosas viviendas familiares y monumentos históricos.

«Ayer un violento terremoto azotó el sur de México, causando algunas víctimas, heridos y enormes daños. Rezamos por todos ellos. Que la ayuda de Dios y de los hermanos les dé fuerza y apoyo. Hermanos y hermanas les estoy muy cercano», ha dicho el Pontífice durante la audiencia general de este miércoles.

Misterio asombroso

Antes de asegurar su oración por México, el Santo Padre reflexionó precisamente sobre la oración a partir de la figura del rey David, para quien «el mundo no es una escena muda: su mirada capta, detrás del desarrollo de las cosas, un misterio más grande».

Y es ahí donde «nace la oración», ha asegurado Francisco, «de la convicción de que la vida no es algo que nos resbala, sino que es un misterio asombroso, que en nosotros provoca la poesía, la música, la gratitud, la alabanza o el lamento, la súplica».

Todo puede convertirse en oración

David fue «santo y pecador, perseguido y perseguidor, víctima y verdugo», ha asegurado el Papa. De la misma manera, «nosotros registramos en nuestra vida trazos a menudo opuestos; en la trama de la vida, todos los hombres pecan a menudo de incoherencia». Sin embargo, en la vida de David «hay un solo hilo conductor que da unidad a todo lo que sucede: Su oración. Esta es la voz que no se apaga nunca».

De esta forma, «David santo, reza; David pecador, reza; David perseguido, reza; David perseguidor, reza; David víctima, reza. Incluso David verdugo, reza». Y haciendo así, «David nos enseña a hacer entrar todo en el diálogo con Dios: tanto la alegría como la culpa, el amor como el sufrimiento, la amistad o una enfermedad. Todo puede convertirse en una palabra dirigida al Tú que siempre nos escucha», ha asegurado Francisco.

Por último, el Pontífice ha resaltado que a pesar de que David «ha conocido la soledad, en realidad nunca ha estado solo». Esta «es la potencia de la oración en todos aquellos que le dan espacio en su vida: es capaz de asegurar la relación con Dios, que es el verdadero Compañero de camino del hombre, en medio de los miles avatares de la vida, buenos o malos: pero siempre la oración».