El Papa denuncia «los cálculos criminales de quien se lucra a costa del drama de otros» - Alfa y Omega

El Papa denuncia «los cálculos criminales de quien se lucra a costa del drama de otros»

Ha concluido su visita a Lampedusa con una Misa en la que ha reivindicado «la civilización del amor» y ha agradecido a «los hermanos y hermanas de Lampedusa por la proximidad que muchos entre ustedes han decidido ejercitar» ante el drama migratorio.

José Calderero de Aldecoa
Foto: Vatican Media.

Como ya hiciera en la plaza del Cristo de la Laguna, en Tenerife, donde el Papa clamó contra las mafias y les pidió conversión y que se detuvieran, León XIV ha condenado en Lampedusa el trato brutal que reciben los migrantes y refugiados. «Aquí no solo han visto uno, sino a miles de seres humanos caídos en las manos de bandidos que los despojan de todo, los apalean y se van, dejándolos medio muertos», ha denunciado el Santo Padre durante la Misa celebrada en el polideportivo Arena.

Durante su homilía, el Pontífice también ha asegurado que los miles de muertos registrados en el mar Mediterráneo son víctimas tanto de «decisiones tomadas» como de «decisiones omitidas», y ha criticado la indiferencia ante el drama migratorio, los intereses económicos y la ausencia de políticas eficaces perpetúan el sufrimiento de quienes intentan alcanzar Europa.

En concreto, ha advertido contra «el desinterés por el bien común y la corrupción en los lugares de proveniencia, un sistema económico mundial que genera pobreza y exclusión» y «el miedo que fomenta prejuicios y desprecio».

En su lista de agravios, el Papa ha añadido «el pensamiento de que estos problemas no nos competen, los cálculos criminales de quien se lucra a costa del drama de otros, el paso lento y difícil de una mera gestión de las emergencias a la elaboración de políticas orgánicas y compartidas», todo lo cual reproduce, hoy, el apresurado «pasar de largo» del relato evangélico del buen samaritano.

Ante esta actitud, León XIV ha reivindicado «la civilización del amor» y ha agradecido a «los hermanos y hermanas de Lampedusa por la proximidad que muchos entre ustedes han decidido ejercitar» ante el drama migratorio.

Foto: Vatican Media.

Un llamamiento del Papa a la responsabilidad de Europa

Por otro lado, el Pontífice ha llamado a Europa a asumir su «equivalente responsabilidad» histórica y cultural para afrontar la migración con una estrategia de largo alcance. «Por su posición geográfica y por su estructura institucional, Europa tiene la capacidad de afrontar la crisis de modo orgánico, insertando los primeros auxilios en un plan estratégico de larga duración, que sea capaz de acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes y, al mismo tiempo, trabajar por el desarrollo, de tal forma que nadie se vea obligado a emigrar».

A su juicio, ese esfuerzo corresponde «a las instituciones públicas, pero también a toda la sociedad civil y a la Iglesia», ha subrayado, según la agencia EFE.

Recordando su reciente viaje apostólico a Tenerife (España), el Papa ha advertido de que «la cultura de la acogida tiene una vocación turística que, por desgracia, puede verse amenazada por las rutas migratorias y acabar traduciéndose en indiferencia, o incluso en oposición a sus aspectos dramáticos».

Además, ha alertado de la posibilidad de levantar un «muro invisible entre el mar de los náufragos y el de los veraneantes» y ha subrayado que la cultura de la acogida no puede verse eclipsada por la actividad turística. «Tengan la audacia de pensar de modo diferente», ha animado a los presentes, al tiempo que ha pedido avanzar hacia una economía «justa y fraterna», en la que el descanso y el turismo no impliquen desatención moral hacia quienes sufren.

Una revolución basada en la compasión

El Papa también ha agradecido el trabajo de las instituciones civiles, las fuerzas de seguridad, organizaciones como el Forum Lampedusa Solidario’, a las que ha atribuido una «revolución interior» basada en la compasión.

Asimismo, ha dirigido un saludo a los migrantes presentes en la celebración y ha destacado que «ellas mismas no han simplemente recibido, sino que muchas veces han ejercitado la solidaridad en su viaje, como pobres que ayudan a los más pobres».

«Todos tenemos en Dios un puerto seguro, del cual cada comunidad cristiana está llamada a ser un reflejo en la tierra», ha concluido antes de despedirse con el tradicional saludo de la isla: «O’scià».