El Papa contra la trata de novicias

«Cuando un monasterio llama vocaciones de otros continentes tiene que preguntarse primero: ¿por qué llamo a estas hermanas? Si es para mantener los números, esta no es una justificación…

Andrés Beltramo Álvarez
Visita del Papa al monasterio romano de San Antonio Abad (benedictinas camaldulenses) en noviembre de 2013. Foto: AFP Photo/Osservatore Romano

«Cuando un monasterio llama vocaciones de otros continentes tiene que preguntarse primero: ¿por qué llamo a estas hermanas? Si es para mantener los números, esta no es una justificación evangélica», ha explicado el español José Rodríguez Carballo, secretario del dicasterio para la vida religiosa del Vaticano, al presentar la nueva constitución apostólica Vultum Dei quarere

Francisco se opone a la trata de novicias. El tráfico internacional de vocaciones religiosas. Considera que ese no es el camino para asegurar la supervivencia de los conventos de clausura. El Papa está preocupado por este y otros problemas en la vida contemplativa femenina. Por eso acaba de publicar una constitución apostólica con recomendaciones concretas para revitalizar esa realidad de la Iglesia, que padece una crisis imparable.

Vultum Dei quarere (La búsqueda del rostro de Dios) es el título de un texto de 38 páginas firmado por Jorge Mario Bergoglio el 29 de junio pasado, pero cuyo contenido fue dado a conocer el viernes 22 de julio, fiesta de santa María Magdalena. El escrito es producto de una amplia consulta de poco más de dos años conducida por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica. Puede considerarse como la guía maestra para una reforma cultural profunda entre las monjas de clausura, cuyo número ha descendido drásticamente en los últimos diez años.

Entre otras cosas, el Papa insta con fuerza a evitar que los monasterios de clausura recluten candidatas en otros países solo para la supervivencia de las propias comunidades. Él quiere evitar el fenómeno del reclutamiento apresurado de candidatas sobre todo fuera de Europa, principalmente en países pobres asiáticos, africanos y algunos de América Latina.

Muchas de estas mujeres de escasos recursos pueden ver en la vida religiosa una salida a su situación económica. Por eso Bergoglio urge a los conventos a prestar «mucha atención al discernimiento vocacional y espiritual, sin dejarse llevar por la tentación del número y de la eficiencia». Además recomienda un «acompañamiento personalizado de las candidatas» y promover «itinerarios formativos aptos para ellas».

«Esta es una preocupación que el Papa ha manifestado públicamente con expresiones muy plásticas y que puede entender cualquiera. Ha pedido que se preste atención a la trata de novicias, lo ha dicho», explicó José Rodríguez Carballo, secretario para la vida religiosa del Vaticano al presentar el documento.

«Cuando un monasterio llama vocaciones de otros continentes tiene que preguntarse primero: ¿por qué llamo a estas hermanas? Si es para mantener los números, esta no es una justificación evangélica. Cuando una hermana viaja desde otro país debe preguntarse: ¿por qué voy? Estas dos preguntas aclararían muchas cosas, y a veces no se hacen. Todo esto debe llamar la atención de los monasterios, para evitar situaciones que después no se pueden justificar», añadió el arzobispo español.

Según cifras oficiales, las monjas contemplativas en el mundo sumaban poco más de 55.000 en el 2000 y actualmente apenas superan las 44.000. El descenso más pronunciado se registró en Europa, donde aún se concentra casi la mitad de todas las religiosas de clausura. España resiste, con el mayor número de monasterios en el mundo: 850.

Revitalizar la clausura

El documento aborda otros muchos otros aspectos. Pone en guardia frente al abuso de internet y de los medios de comunicación en los monasterios, además de mencionar diversas «tentaciones» de la vida contemplativa como la apatía, la rutina, la desmotivación y la desidia paralizadora.

Francisco anima a que las comunidades sean ejemplo y testimonio de una verdadera comunión fraterna, en una sociedad marcada por divisiones y desigualdades, para mostrar a todos que «es posible y bello vivir juntos, a pesar de las diferencias generacionales, de formación y, a veces, culturales». Les pide evitar el caer «en la enfermedad de la autorreferencialidad», de convertir la propia autonomía en aislamiento, de que el trabajo apague «el espíritu de contemplación».

«El silencio es vacío de sí para dejar espacio a la acogida; en el ruido interior no es posible recibir nada ni a nadie. Vuestra vida integralmente contemplativa requiere tiempo y capacidad de guardar silencio para poder escuchar a Dios y el clamor de la humanidad», constata el documento. El Papa pide además a las monjas ser ejemplo de sobriedad, desprendimiento de las cosas, entrega de sí en la obediencia y transparencia en las relaciones.

La constitución no contiene solo indicaciones genéricas. Al final incluye disposiciones concretas que cambiarán sensiblemente la vida en los conventos, como la obligatoriedad de «formar parte de una federación» de monasterios, salvo dispensa de la Santa Sede. Se pone en particular el acento en la supervivencia de las comunidades, autorizando el estudio objetivo de la situación de cada una. ¿El objetivo? Iniciar «un proceso de acompañamiento» o, en su defecto, «encaminarlo hacia el cierre».

«Para las comunidades dedicadas a la contemplación, que el fruto del trabajo no sea solo para asegurar un sustento digno, sino que también y en la medida de lo posible tenga como fin socorrer las necesidades de los pobres y de los monasterios necesitados», apunta.

Andrés Beltramo Álvarez
Ciudad del Vaticano