El Papa, con sus antiguos alumnos - Alfa y Omega

El Papa, con sus antiguos alumnos

En la liturgia, lo importante no son los aspectos exteriores, sino la profundidad espiritual. Reunidos en torno a una gran mesa rectangular, unos cuarenta antiguos alumnos del profesor Joseph Ratzinger escuchaban sin pestañear las palabras que les dirigía, sentado en una de las cabeceras, su antiguo maestro, hoy Benedicto XVI

Jesús Colina. Roma

La reunión de sus antiguos alumnos con el Papa tuvo lugar del 27 al 30 de agosto en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo, y trató sobre la interpretación del Concilio Vaticano II. Entre otras cuestiones, se abordó la reforma litúrgica, que desde 1965 hasta hoy ha sido una de las cuestiones que han centrado el debate sobre la renovación que trajo aquella Asamblea. El Santo Padre, en una de las sesiones, despejó dudas sobre la nueva conciencia que está imprimiendo su pontificado en la Iglesia sobre la importancia y trascendencia litúrgicas. El Papa superó las posiciones partidistas de interpretación del Concilio, para anclarlo en la historia de dos mil años de la Iglesia. En particular, subrayó la exigencia de profundizar en la formación litúrgica, teniendo siempre en cuenta su dimensión espiritual.

Los participantes, en su mayoría procedentes de Alemania y Austria, aunque también había un italiano, un irlandés, un holandés, una coreana y un indio, tenían a disposición un micrófono para tomar la palabra en el debate tras las intervenciones magistrales, que corrieron de manera particular a cargo del nuevo hombre del Papa para el ecumenismo, el arzobispo Kurt Koch, antiguo obispo de Basilea (Suiza), nombrado el 1 de julio Presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Ahora bien, como todos los participantes han declarado, el momento principal fue la celebración eucarística que presidió Benedicto XVI junto a estos profesores universitarios, obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que hace varias décadas presentaron con él su tesis doctoral, cuando era profesor de universidades de Alemania.

Al inicio de la misa, sin papeles, hablando en alemán, el Papa comentó el Evangelio de ese domingo, que hablaba de quienes buscan el primer puesto en los banquetes, recordando que, en este pasaje, «el Señor nos da a comprender que, en realidad, seguimos viviendo según el estilo de los paganos: invitamos por reciprocidad sólo a quien devolverá la invitación, damos sólo si se nos restituirá». Pero «el estilo de Dios es diferente. Nos invita a su mesa a nosotros, que somos cojos, ciegos y sordos; nos invita a nosotros que no tenemos nada que darle». El estilo divino, constató, se experimenta sobre todo en la Eucaristía, durante la cual se nos llama a dejarnos tocar por la gratitud hacia Dios, que nos invita a su mesa, a pesar de que estamos llenos de culpas.

El obispo de Roma pidió que la homilía fuera pronunciada por uno de sus discípulos, el cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, quien abrió el corazón para mostrar al Papa la cercanía de los presentes tras meses en los que ha sufrido ataques totalmente injustos por parte de medios de comunicación. «Gracias, Santo Padre, porque usted encarna para nosotros la actitud de Cristo, que es manso y humilde de corazón», aseguró el purpurado dominico.

Entre los alumnos del profesor Ratzinger, además del cardenal Schönborn, el único obispo es monseñor Hans-Jochen Jaschke, auxiliar de Hamburgo, quien ha revelado que el día en que más presente estuvo el Papa fue el sábado, en el que participó en dos sesiones, en la mañana y en la tarde. «Era como en el pasado, como uno de los cursos que teníamos con él. Dirigió el encuentro, escuchó muy atentamente y, de vez en cuando, intervenía. Fue una discusión muy agradable, sobria y amigable».