El Papa arropa la Cumbre del Desarrollo Sostenible - Alfa y Omega

El Papa arropa la Cumbre del Desarrollo Sostenible

Con la visita de Francisco a la sede de la ONU, se inaugura mañana en Nueva York la cumbre mundial que aprobará los nuevos objetivos de desarrollo humano hasta 2030…

Ricardo Benjumea
La Cumbre del Milenio, en el año 2000. Foto: EPA Photo AFP/Joyce Naltchayan/JN/DEC

Con la visita de Francisco a la sede de la ONU, se inaugura mañana en Nueva York la cumbre mundial que aprobará los nuevos objetivos de desarrollo humano hasta 2030

La población mundial aumentará hasta los 9.000 millones de personas en 2040. Unos 3.000 millones se incorporarán a las clases medias en los próximos 20 años. Será a costa de condenar a otros tantos miles de millones a la pobreza y de someter al medioambiente a una presión insostenible, a menos que se adopten modelos de producción y consumo más solidarios y respetuosos con la naturaleza.

Esta fue la constatación de Río+20, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible celebrada en Brasil en 2012. De allí salió el mandato para la elaboración de unas propuestas que finalmente confluyeron con las que preparaba la ONU para la nueva Agenda post 2015. Este año se extingue el ciclo de los Objetivos del Milenio, los ocho objetivos acordados por la Asamblea General en el año 2000 para la erradicación de la pobreza, el acceso a la educación o el descenso de la mortalidad infantil. Aunque las metas fijadas en la Cumbre del Milenio para los siguientes 15 años se han cumplido solo de forma parcial, por primera vez se establecieron criterios claros y objetivos de desarrollo humano, que han servido para someter a crítica la acción de los gobiernos.

En agosto, se acordaron los objetivos que van a conformar las nuevas metas de la ONU hasta 2030. Representantes de 193 países (incluidos más de 150 jefes de Estado y de Gobierno) participan del 25 al 27 de septiembre en la Cumbre Especial sobre Desarrollo Sostenible, que dará luz verde al documento. La reunión arranca con el discurso del Papa. Su encíclica Laudato si ha supuesto un espaldarazo para este encuentro y para la Cumbre del Clima de finales de año en París.

«Un gran paso adelante»

El coordinador de Campañas de Manos Unidas, Marco Gordillo, ve una similitud de planteamientos entre el documento pontificio y los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible: «La encíclica expresa la complejidad del problema del desarrollo, donde todo está interrelacionado y el clamor de los pobres y el de la naturaleza son un mismo grito».

Gordillo, que representa estos días en Nueva York a la Asociación de la Iglesia en España para la ayuda al Tercer Mundo, se muestra esperanzado. «Es la primera vez que la comunidad internacional se pone de acuerdo en una agenda en la que confluyen los temas de desarrollo y los ecológicos». «Es un gran paso adelante», porque la experiencia demuestra que no se puede avanzar en un campo al margen del otro, argumenta. Pese a que «se ha triplicado la producción de alimentos en 30 años, no hemos conseguido bajar nunca de los 800 millones de personas que pasan hambre en el mundo», añade a modo de ejemplo.

Otro logro, a su juicio, es que «la comunidad internacional se haya atrevido a incorporar la desigualdad en la agenda. Muchos países no tienen problemas para hablar de pobreza, pero desigualdad equivale a injusticia». Además, los nuevos objetivos introducen «el principio de universalidad». «Si hasta ahora entendíamos el desarrollo como un problema de los países pobres en el que los ricos ponían dinero, ahora se afirma que la humanidad tiene un problema común: cómo ofrecer una vida digna a todos a partir de unos recursos limitados». Para que los más pobres puedan satisfacer sus necesidades básicas, los más ricos deberán consumir menos.

Hay puntos oscuros. Frente a los ocho Objetivos del Milenio, claros y precisos, se establecerán 17 puntos (cada uno con múltiples epígrafes) mucho más genéricos. «Todo podría quedarse en nada», reconoce Gordillo, «pero si somos capaces de ponernos a trabajar, tenemos aquí una hoja de ruta con unas posibilidades fantásticas».

Ricardo Benjumea