El obispo Fulton Sheen y España - Alfa y Omega

El próximo 24 de septiembre, el famoso obispo usamericano Fulton Sheen será beatificado en San Luis, Misssouri. La ceremonia será presidida, en representación del papa León XIV, por el cardenal Luis Antonio Tagle, pro-prefecto del Dicasterio Vaticano para la Evangelización.

Nacido el 8 de mayo de 1895 en El Paso, estado de Illinois, fue bautizado como Peter John Sheen, pero más tarde adoptó como nombre Fulton, apellido de soltera de su madre. Desde muy joven se sintió atraído al sacerdocio y fue ordenado como tal en 1919. Enviado a estudiar en Lovaina y Roma, pronto fue reconocido como un buen teólogo, recibiendo en 1923, con solo 28 años, el prestigioso Premio Internacional Cardenal Mercier de Filosofía. De regreso en su país, fue profesor de Filosofía y Teología en la Universidad Católica de América en Washington. De 1950 a 1966 fue director nacional de las Obras Misionales Pontificias de USA, quizás el cargo que más amó de los muchos que ocupó en su vida. Bajo su dirección, la Obra abrió numerosos hospitales, escuelas y seminarios en diversos países de misión, que visitaba regularmente. En 1951 fue nombrado obispo auxiliar de Nueva York, diócesis regida entonces por el también internacionalmente famoso cardenal Francis Spellman. En 1966 fue nombrado obispo de Rochester, en el estado de Nueva York. Tres años más tarde, al cumplir los 75 años, presentó su renuncia, aceptada por el Papa Pablo VI, que premió su trabajo por la Iglesia nombrándole, a título personal, arzobispo titular de Newport, en Gales. Fulton Sheen había hecho una promesa muchos años antes de pasar una hora diaria de oración ante el Santísimo Sacramento. El 9 de diciembre de 1979, lo encontraron muerto, sentado en un sillón en la capilla privada de su residencia y ante el Santísimo que tanto había venerado durante su vida.

Su gran popularidad, sin embargo, no proviene de lo anterior. Por muchos años se le consideró el personaje televisivo más visto en la historia de la televisión de Estados Unidos, lo que, entre otros motes cariñosos, le valió ser conocido como El micrófono de Dios. De hecho, se le considera como el primer teleevangelista del país. Su programa de radio La hora católica, emitido semanalmente de 1930 a 1952 por la cadena NBC, le abrió la puerta de la inmensa mayoría de los hogares católicos del país. Pero fue el también programa semanal de televisión emitido por la cadena nacional ABC. La vida vale la pena vivirse el que le convirtió en el personaje más popular televisivo y el que le abrió de par en par los hogares de usamericanos de toda clase de religiones y razas, llegando a tener más de treinta millones de seguidores semanalmente, lo cual es más sorprendente si se tiene en cuenta que en aquellos años el catolicismo era todavía mirado con recelo en la mayoría del país. Tan importantes se consideran aún sus intervenciones televisivas que, desde 2009 y en el programa Catholic Church Channel de Trinity Broadcasting Network, se vuelven a emitir algunas de ellas en la actualidad.

El elegante Sheen, siempre vestido de obispo y con la cruz pectoral bien visible, magnífico orador y excelente comunicador, llevaba semanalmente a millones de hogares un mensaje de optimismo, de enfoque positivo de la vida, de coraje para enfocar las dificultades, y de alegría para celebrar lo mucho bueno que esa vida ofrece. Sus alocuciones eran aptas para absolutamente todos los oyentes, independientemente de la fe de estos, aunque posiblemente produjeron más conversiones al catolicismo que las conseguidas por todo el clero católico del país junto. Fulton Sheen se movía con la misma facilidad entre los más altos personajes de su tierra, políticos, artistas, millonarios, como entre los obreros de la construcción de Manhattan. Fueron muchas las personas famosas que se convirtieron el catolicismo como resultado de contactos personales con él. En 1953 se le concedió el premio Emmy, aún hoy día el más codiciado de los premios televisivos de Estados Unidos, siendo, además, nominado para recibirlo en varias otras ocasiones. También fue portada de la internacionalmente prestigiosa revista Times.

Pero aquí quiero hoy mencionar la relación de tan egregio personaje con España. El día 9 de enero de 1939, el New York Times, en su página 6, publicaba la siguiente noticia con este encabezamiento: «CATÓLICOS INVITADOS A LA ESPAÑA LEGAL [Republicana]; el embajador en Washington sugiere una inspección por el grupo que firmó un comunicado que mencionaba persecución [de los católicos en España], y asegura que la tolerancia prevalece.

Una invitación a visitar España para investigar la condición de la Iglesia Católica en las zonas controladas por el Gobierno Legal, ha sido hecha a un grupo de clérigos y laicos católicos por el doctor Fernando de los Ríos, el embajador español en Washington. Los invitados han sido: el reverendísimo Michael J. Curley, arzobispo de Baltimore; el muy reverendo Michael J. Ready, secretario general del Consejo de Bienestar Nacional; el muy reverendo Fulton J. Sheen, de la Universidad Católica de América; Ellery Sedwick, editor emérito de The Atlantic Monthly; y Alfred E. Smith, exgobernador del Estado de Nueva York. [Popularísimo candidato a la presidencia de de Estados Unidos que perdió la elección pura y simplemente porque era católico]. Estos fueron los firmantes de un reciente manifiesto asegurando que los católicos estaban siendo perseguidos en la España Republicana.

El embajador negó este cargo y aseguró que la tolerancia y libertad religiosa eran principios fundamentales de la República de España y parte de su Constitución. Estos principios, añadió, fueron recientemente reafirmados por el Primer Ministro Juan Negrín en la enunciación de sus trece metas de la guerra.

El embajador añadió que esperaba que los invitados aceptasen y manifestó que estaría encantado de discutir el tema con ellos en Washington. Sugirió, además, que, si aceptaban la invitación, deberían también visitar el territorio ocupado por los rebeldes una vez hubiesen llevado a cabo la investigación en la España Legal.

Comentó que creía que en la zona rebelde encontrarían “entronizadas, a la misma gente y las mismas tendencias políticas responsables por la persecución de los judíos en Alemania e Italia y de los católicos en Alemania y Austria”.

Es cierto, admitió el embajador, que, en los primeros momentos de la guerra civil en España, hubo actos de violencia cometidos contra la Iglesia Católica por grupos e individuos desautorizados, pero estos desafortunados casos cesaron a principios de 1937 y la Iglesia y los sacerdotes y monjas han recibido desde entonces amplia protección de las autoridades federales dondequiera que exista autoridad republicana. Y concluyó: En toda la España Legal se dice misa regularmente y las iglesias han sido reabiertas. Y el Gobierno Legal no ha cortado las relaciones con el Vaticano».

Que yo sepa, el grupo no aceptó la invitación de Fernando de los Ríos de visitar España ni se reunieron con él en Washington. Quizás temieron que, de haber aceptado, su sangre usamericana podía acabar mezclada con la de los miles de sacerdotes, monjas, y algún que otro obispo que, a pesar de «poder decir u oír misa regularmente», se estaban convirtiendo en visitantes asiduos de las paredes de los cementerios locales, y no precisamente para oficiar en las exequias de sus parroquianos. Pero corramos un tupido velo y dejemos que la historia ponga los puntos sobre las íes que los necesiten.

Aunque todavía no había llegado al zenit de su popularidad, el aún no obispo Fulton Sheen ya era lo suficientemente conocido como para, tras haber firmado el manifiesto aludido, ser invitado a visitar la España republicana. Años después, cuando ya era la superestrella de la televisión de Estados Unidos y sus intervenciones televisivas llegaban una gran parte de los hogares del país, Sheen se atrevió a decir lo siguiente:

«España fue amiga nuestra desde el principio. Inclusive antes de la firma de la Declaración de Independencia, España admitió todos nuestros barcos en sus puertos. Gran Bretaña protestó, diciendo que se trataba de barcos rebeldes. Portugal no permitía a nuestros navíos entrar en sus puertos. En cambio, España anunció que les daría entrada libre.

Luego, el rey de España nos dio cinco millones de dólares para ayudarnos en la causa de nuestra libertad. Y cinco millones de dólares era muchísimo dinero en aquellos tiempos.

Además de lo anterior, en 1776 España nos envió 219 cañones de bronce, 30.000 mosquetes, 55.000 balas y una gran cantidad de plomo para poder fabricar nuestras propias municiones, 4.000 tiendas de campaña, 30.000 uniformes para nuestros soldados, 12.000 bombas, 200 cureñas para cañones… y todo esto gratis.

En 1777, Benjamin Franklin y el general Charles Lee fueron a París. Frankin debía solicitar la ayuda de Francia y el general Lee debía pedírsela a España. España contestó al general Lee que le proporcionarían un cheque en blanco y que de él podrían sacar lo necesario para ayudar en la Guerra Revolucionaria.

Por si esto fuera poco, lo siguiente es un hecho curioso: España informó al general Lee que tratarían de conseguir algunos irlandeses para ayudar a la Causa Revolucionaria (aplausos)… y debo añadir que no hay base histórica alguna para probar la «leyenda» de que se les iba a proveer de ladrillos [en lugar de fusiles] (más aplausos y risas). Sea como sea, los irlandeses fueron ofrecidos.

Poco después, en 1778, se nos dio más dinero y más municiones, y en 1779 España pidió a Gran Bretaña que cesase las hostilidades y reconociese la independencia de las Colonias Americanas, a lo que Gran Bretaña se opuso, contestando: “Les daremos a ustedes Florida, les daremos Gibraltar, les daremos los derechos de pesca del bacalao en Terranova, si retiran su apoyo a la Causa Revolucionaria”. El 22 de junio de 1778, España rompió las relaciones diplomáticas con Gran Bretaña en beneficio de America.

Ese mismo año de 1778, España comenzó a enviar soldados a nuestra tierra, conquistó Pensacola, lo que supuso hacerse con Florida; tomaron Mobile y luego, en los años siguientes, mientras nuestros soldados estaban muy ocupados en el Norte y había peligro de perder en el Sur, 17 barcos llegaron de Cuba y finalmente se ganó la batalla de Yorktown, y así España había contribuido en gran manera a la libertad de los Estados Unidos.

Esto es algo no escrito, algo desconocido en su mayor parte, de nuestra historia, y es conveniente que en este día, como Americanos, cuando pensemos en nuestra Herencia y en aquellos que se involucraron en conseguir nuestra grandeza, reconozcamos a España como se debe».

Cuando el próximo 24 de septiembre el obispo Fulton Sheen sea declarado beato por la Iglesia Católica, los españoles podremos alegrarnos de que nuestra patria tiene un buen amigo más en la Corte Celestial.

Manuel Rodríguez Díez, OSA