El Colegio Padre Piquer es ya una «escuela que cambia el mundo» - Alfa y Omega

El Colegio Padre Piquer es ya una «escuela que cambia el mundo»

La red de Emprendedores Sociales Ashoka ha reconocido al centro madrileño Padre Piquer como escuela changemaker –que cambia el mundo–, por ser un referente en educación inclusiva. César Bona, el candidato español al Global Teacher Prize, ha visitado el colegio y cuenta en un nuevo libro sus impresiones tras pasar por este centro

Cristina Sánchez Aguilar
Una niña ucraniana, otra china y otra bangladesí charlan en el patio. Foto: María Pazos Carretero

César Bona, candidato español al Global Teacher Prize –el Nobel de los profesores–, pasea por el barrio obrero de La Ventilla. Esta semana ha viajado a Madrid desde Zaragoza para presentar el libro Las escuelas que cambian el mundo (Plaza & Janés) junto a los alumnos y profesores del centro Padre Piquer, uno de los siete colegios denominados por la organización Ashoka como escuela changemaker –escuela que cambia el mundo–. Es la segunda vez que visita este centro. Lo conoció por primera vez durante su periplo por la geografía española en busca de los colegios changemaker de Ashoka para presentarlos en su libro como paradigmas de escuela innovadora, inclusiva y socialmente responsable.

Tras su paso por el colegio Padre Piquer, propiedad de la Fundación Montemadrid y gestionado por la Compañía de Jesús, y conocer a Jade, un chico filipino de 16 años; a Kamal, de Bangladés, que lleva tan solo 15 días en el colegio y ya habla español; a Lucía, de China, o a Adelina, rumana, Bona recuerda la frase que, al inicio de su periplo, le dijo Ángel Serrano, director del centro: «Sabemos que estamos aquí para dedicar todos nuestros recursos, en especial los humanos, a atender a nuestros alumnos y sus familias. Queremos hacerlo con calidad, para que todos tengan la posibilidad de tener un futuro digno».

La revolución de este centro comenzó hace 14 años, cuando el equipo docente decidió que las asignaturas de Lengua, Matemáticas o Química dejaran de ser estancas, derribaron los muros que separaban las aulas y juntaron a cerca de 60 alumnos en cada clase. El Piquer relegó los libros de texto en pro de material propio y digital y agrupó las materias por ámbitos, como el científico y técnico o el sociolingüístico. Esta novedosa forma de trabajo, en la que hay cuatro profesores como mínimo en cada grupo, la denominaron Aulas Cooperativas Multitarea.

Altas cifras de absentismo

Esta propuesta de cambio radical surgió tras una profunda reflexión del profesorado, harto de las altas cifras de absentismo y fracaso social del centro. «Por el contexto social en el que está inserto el colegio, tenemos chicos y chicas de 40 nacionalidades diferentes que profesan una decena de religiones», explica el director. Los docentes, cuando entraban en clase, «se preguntaban a quién dirigirse ese día. Si se centraban en los que atendían en clase, mal. Si se centraban en los que se distraían fácilmente, también mal. Y eso provocaba que los chicos no quisieran venir al colegio, porque el sistema educativo parecía dedicado casi exclusivamente a un tipo de alumnos y los demás formaban parte de lo que se llama atención a la diversidad».

Una clase del Aula Cooperativa Multitarea. Foto: María Pazos Carretero

También se crearon las aulas de enlace, donde un máximo de doce alumnos convive durante nueve meses para aprender el idioma. Suelen conseguirlo muy rápido. Lucía no sabía nada de español al llegar de China a Madrid, pero a los diez días de participar en este aula ya se defendía con el idioma.

El cambio funcionó. «Hoy tenemos unas cifras prácticamente nulas de absentismo. Los niños vienen encantados a clase, de hecho, más del 85 % promocionan en todos los niveles. Los profesores se dieron cuenta de que trabajando juntos se pueden hacer maravillas en educación. Tenemos un alto nivel de inserción laboral, y lo más importante, estos niños, que vienen de situaciones familiares y sociales complicadas, tienen las mismas oportunidades educativas que los demás».

Las notas no son el único fin de la educación

Además del cambio pedagógico, el Piquer enseña a los niños a convivir. «Este centro es la prueba de que personas diferentes, de contextos, religiones o situaciones vitales distintas pueden convivir en paz», recalca Serrano. «Los niños trabajan juntos, cosa que no ocurre en la sociedad en la que viven. Aquí comparten mesa una niña musulmana, uno africano, otro filipino y una española. Y a nadie le importa si una lleva velo o no, por ejemplo. Solo buscan sacar adelante su proyecto en común». Los alumnos que salen del Piquer «no identifican las diferencias como algo negativo», lo que provoca que sean futuros agentes de cambio.

Ojo, nadie se olvida de la parte formativa. «El acceso al empleo es un objetivo importante –de hecho, en el centro también se imparte Formación Profesional–, pero no es el único fin de la educación. De nada sirve preparar a los chicos para que sean trabajadores o directivos en grandes empresas si después no son capaces de hacer un mundo mejor», añade el director.

Diálogo interreligioso desde niños

Para César Bona, el profesor zaragozano, otra de las grandes cualidades del centro es que haya «ocho religiones en un colegio católico. Esto me llamó muchísimo la atención», reconoce en conversación con Alfa y Omega. «Cuando pregunté al director cómo podía darse una situación así, él respondió: “¿Cómo puede ser que no sea así?”». Bona sostiene que este colegio es un paradigma en este sentido, ya que «la religión, entre otras cosas, hace que miremos no solo por nosotros, sino por los demás. En el centro Padre Piquer educan a los chicos y chicas para que sean agentes de cambio a través del respeto a las personas con las que conviven». Para Diadie, musulmán y padre de una niña del colegio, «lo mejor que enseñan en este centro son los valores. Porque sin valores uno no puede valorarse ni a sí mismo ni a otros, por mucho que se aprenda de otras asignaturas».

El ejemplo del Padre Piquer en materia de integración y convivencia se ha convertido en referente a escala nacional. La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y el ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, visitaron este centro hace unos meses. «Aquí a los niños se les ve felices. Nos ha gustado el ambiente, sobre todo el ambiente inclusivo», afirmó Méndez de Vigo a la salida.

Escuela changemaker

César Bona, autor del libro; Ángel Serrano, director del Piquer; David Martín, de Ashoka, y Gregorio Casado, responsable de innovación del colegio, durante la presentación del libro de Bona. Foto: Colegio Padre Piquer

Escuelas que producen un cambio social. Este es el leit motiv por el que se rige la red de Emprendedores Sociales Ashoka –una organización con presencia en más de 80 países y cuyo fundador recibió el Premio Príncipe de Asturias a la Cooperación en 2011– para otorgar la categoría de changemaker a un centro educativo. David Martín, codirector de Ashoka España y uno de los seleccionadores de las escuelas que cambian el mundo, asegura que han calificado al Padre Piquer como escuela changemaker porque «es un referente en educación inclusiva».

El instituto de Sils, en Gerona; el CEIP Ramón y Cajal de Alpartir, Zaragoza; el CEIP La Biznaga, de Málaga; la escuela O Pelouro de Tui, en Pontevedra; la escuela Sadako de Barcelona; el centro Amara Berri, de San Sebastián; y el Padre Piquer en Madrid son «centros que representan ejemplos inspiradores. No son todos los que hay, existen muchos más que están en este proceso de cambio. Nosotros hemos elegido siete que representen diversas realidades de la escuela pública, rural, concertada y religiosa». Para Martín, el razonamiento de «pensar que el niño va al colegio para sacar buenas notas, y así ir a la universidad y tener éxito en la vida es un razonamiento cada vez menos real». Ashoka quiere propiciar «que cada vez haya más familias conscientes de la necesidad de mejorar el modelo tradicional» que en España ha surtido efecto en muchas ocasiones, pero también ha dejado la mayor tasa de desempleo de Europa, los ninis y el aumento de casos de bullying.