El catholicós armenio asegura que el conflicto de Nagorno Karabaj no es religioso

«Somos testigos de los intentos del presidente azerí de atribuir un valor religioso al conflicto», asegura Karekin II

Redacción
Foto: AFP / Aris Messinis

«Sabíamos que iban a atacar la iglesia. Conocemos a nuestros vecinos», aseguraba el sacerdote de la catedral de Ghazanchetsots, en la ciudad de Susha, a Javier Espinosa, corresponsal de El Mundo enviado a Nagorno Karabaj. El templo sufrió un ataque este jueves sin dejar víctimas, pero la edificación, de 30 metros de altura, ha quedado devastada y los moradores –había familias refugiadas desde hace cuatro días– a la intemperie. Esta catedral, dedicada a Cristo Salvador y construida entre 1868 y 1887, también fue utilizada como depósito de armas por el Ejército azerí a principios de los años 90, durante el anterior estallido del conflicto.

Ante las acusaciones de Armenia, las autoridades políticas y militares de Bakú han argumentado que, «a diferencia de las fuerzas armadas armenias, las de Azerbaiyán no tienen como objetivo monumentos históricos y culturales, y menos aún edificios y monumentos religiosos», según apunta la Agencia Fides.

Karekin II, catholicós de todos los armenios, ha rechazado en una entrevista con Armenpress los intentos de atribuir el carácter de conflicto religioso entre cristianos y musulmanes a la escalada militar. «El pueblo armenio se extendió por todo el mundo a partir de la Edad Media, y más aún después del genocidio armenio en la Turquía otomana». «Muchos países islámicos han tendido una mano fraternal a los hijos del pueblo armenio que sobrevivieron al genocidio y les han dado la bienvenida», asegura. «Estas comunidades armenias todavía existen. Nuestra Iglesia apostólica armenia tiene diócesis y parroquias en una decena de países de mayoría musulmana, donde los hijos e hijas de nuestro pueblo viven como ciudadanos ejemplares, contribuyendo a la prosperidad de esas naciones y disfrutando de la actitud amistosa de las autoridades locales».

Karekin II también ha recordado que, desde el inicio del conflicto en Nagorno Karabaj, «gracias a la mediación de los patriarcas de la Iglesia rusa, se había ido configurando una plataforma de encuentros trilaterales, con la participación del líder de los musulmanes del Cáucaso y el catholicós de todos los armenios. Durante esas reuniones, se señaló en repetidas ocasiones que el conflicto en Karabaj no tiene raíces religiosas». También se reiteró «la necesidad de una convivencia pacífica y armoniosa entre la población cristiana y musulmana de nuestra región». Ahora «somos testigos de los intentos del presidente azerí de atribuir un valor religioso al conflicto. Es una provocación que lamentablemente puede tener consecuencias terribles».

Líderes cristianos piden el alto el fuego

Los líderes cristianos de Jerusalén ­– el patriarca griego ortodoxo de Jerusalén, Teófilo III, y el arzobispo Pierbattista Pizzaballa, administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén– han emitido un comunicado conjunto en el que invocan la misericordia de Dios sobre las partes en conflicto y piden «a los líderes europeos, los presidentes de Rusia y Estados Unidos, y al secretario general de Naciones Unidas que intervengan lo antes posible», para alcanzar «un alto el fuego inmediato y negociar una paz duradera».

También la Conferencia de Iglesias Europeas (CEC) ha pedido a la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) y al Servicio Europeo de Acción Exterior que intensifiquen «sus esfuerzos en la búsqueda de una solución pacífica duradera en Nagorno Karabaj».

La organización ecuménica que representa a 114 iglesias europeas ha enviado cartas a los dos órganos, en las que expresa su preocupación y sugiere «la inclusión de líderes religiosos en el proceso de negociación de ambas partes para ayudar a la reconciliación». Además, pide a los organismos internacionales que garanticen el acceso a la ayuda humanitaria para los más necesitados.

Finalmente, la CEC ha difundido una oración por la paz para que el conflicto termine y Dios transforme el corazón de los que matan. «Al amar a Dios, como cristianos de diferentes denominaciones, culturas y tradiciones, nos sentimos conectados con nuestros hermanos y hermanas de todo el mundo en el amor de Jesucristo […]. No abandonaremos la convicción de que nuestras palabras , nuestras acciones y nuestras oraciones pueden llevar al mundo hacia la paz y la reconciliación».