«Ha sido un año muy intenso» - Alfa y Omega

«Ha sido un año muy intenso»

El impulso a la evangelización es la nota que destaca el arzobispo de Madrid de este primer año de pontificado, en el que «la Iglesia ha retomado y vivido con gran gozo y esperanza la tarea de la nueva evangelización»

Redacción
El Papa recibe al cardenal Antonio María Rouco, arzobispo de Madrid, el pasado 28 de febrero, en Visita ad limina

El impulso a la evangelización es la nota que destaca el arzobispo de Madrid de este primer año de pontificado, en el que «la Iglesia ha retomado y vivido con gran gozo y esperanza la tarea de la nueva evangelización»

¿Qué destacaría usted de este primer año de pontificado?

Ha sido un año muy impregnado por la figura del Papa Francisco, con una gran repercusión también en los medios de comunicación y en la opinión pública mundial. Yo destacaría su impulso a la evangelización, desde una entrega personal agotadora, con un estilo de mucha cercanía, de mucha humanidad, muy pastoral. Eso se vio claramente en la JMJ de Río, en su forma de hablar a los jóvenes e impulsarles a que sean testigos del Evangelio. El Papa es el buen pastor del Evangelio, y nos está animando a todos a ser testigos del Evangelio del Señor, de lo más esencial, a ser testigos de lo más vivo y atrayente de la vida cristiana. Ha sido un año, en definitiva, muy intenso, en el que la Iglesia ha retomado y vivido con gran gozo y esperanza la tarea de la nueva evangelización.

¿Ve muchas diferencias con respecto al pontificado de Benedicto XVI?

Lo esencial siempre en los Papas es que son Pedro, Pedro para este tiempo concreto, pero no son otra cosa que Pedro. El Papa ejerce el magisterio del sucesor de Pedro como cabeza del Colegio episcopal y centro de la comunión de la Iglesia en el mundo, como el primer maestro de la fe. Eso es lo que está ocurriendo ahora, y por lo tanto, no tiene sentido hablar de ruptura con los pontificados anteriores, y menos aún con el Concilio Vaticano II. En las últimas décadas, todos los Papas han procurado que el Concilio se viva de verdad, a fondo, y ése es el camino primero de la renovación interna de la Iglesia, el camino para que sea más misionera, para que pueda evangelizar a los alejados, para evangelizar a los que se marcharon, y es el camino también para que la Iglesia sea fermento de buena humanidad en el mundo, en cada país, en cada región…

Ha sido un año marcado también por el proceso de reformas en el Vaticano, la constitución del Consejo de 8 cardenales, el impulso a la sinodalidad…

El Papa ha querido que le asista un Consejo de cardenales que representan, de algún modo, a la Iglesia implantada en todos los continentes, y ha elegido a figuras del Episcopado con amplia experiencia pastoral, que conocen los problemas de sus regiones, y también la realidad de la Curia romana. Están ayudando al Papa a poder concretar las medidas de reforma, en relación con la Curia, y teniendo en cuenta esa tarea constante de hacer lo más fecunda posible la relación entre la Iglesia universal y las Iglesias particulares. La doctrina del Concilio Vaticano II pone en primer plano una verdad de siempre de la fe: que la Iglesia vive ex et in Ecclesiis particularibus, de ellas y en ellas; no es que sea una suma de ellas, no es que sea el resultado de una federación de las Iglesias particulares, pero no existe sin las Iglesias particulares. Y la Iglesia particular es Iglesia, no es un departamento administrativo de un gran conjunto organizativo-pastoral. Es Iglesia en el sentido pleno, en comunión con el conjunto de la Iglesia, cuya cabeza y pastor es el Papa, obispo de la Iglesia de Roma.

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