El cardenal de Madrid anima a ser «promotores eficaces del derecho a la vida»

Ante los ataques que se dan en la sociedad actual contra la vida, y sobre todo «ante la pérdida de conciencia de que eso es un atentado contra el alma», es misión de los católicos rezar pidiendo a Dios…

María Martínez López

Ante los ataques que se dan en la sociedad actual contra la vida, y sobre todo «ante la pérdida de conciencia de que eso es un atentado contra el alma», es misión de los católicos rezar pidiendo a Dios la conversión de la sociedad. Lo afirmó el arzobispo de Madrid, cardenal Antonio María Rouco, en la Vigilia por la vida que tuvo lugar en la catedral de la Almudena con motivo de la solemnidad de la Anunciación. En la oración, los católicos deben pedir además «fuerza apostólica para ser testigos del Evangelio de la vida, que es una parte esencial de la nueva evangelización»; porque, además de rezar, «nos toca ser nosotros promotores eficaces del derecho a la vida de los inocentes»

cardenalmadridpromotoreseficacesEl cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, presidió el lunes 8 de abril una Vigilia de oración por la Vida en la catedral de la Almudena, con motivo de la Jornada por la Vida que la Iglesia en España celebra en la solemnidad de la Anunciación. En la celebración participaron también el obispo auxiliar de Madrid monseñor Fidel Herráez; el Delegado Episcopal de Pastoral Familiar, padre Fernando Simón, así como varios vicarios y otros sacerdotes, alumnos de varios colegios católicos y representantes de diversas entidades provida.

«Vamos a sentirnos -animó el cardenal en la homilía- representantes de toda la comunidad cristiana de la diócesis de Madrid». Explicó que la Eucaristía y el resto de la Vigilia eran, precisamente, un acto de oración por la vida. «A veces da la impresión de que a la Iglesia de Dios no le queda otra solución que orar. Unos pueden decir: Vaya, eso es cómodo y fácil. Qué va, ni es cómodo ni es fácil, pero está al alcance de todos».

Se ha de pedir al Señor que «nos dé, en primer lugar, luz a nosotros; y también valentía, fuerza apostólica para ser testigos del Evangelio de la vida, que es una parte esencial de la nueva evangelización». Además se debe pedir «sobre todo que Dios vaya llevando a la conversión a toda la sociedad que nos rodea, para que no se nieguen al Evangelio de la vida y para que rechacen la cultura de la muerte».

«No dejar de hablar y denunciar»

Pero la misión de los cristianos no es sólo rezar: «Nos toca no dejar de hablar ni denunciar ese gravísimo pecado contra la vida que está sucediendo todos los días entre nosotros, en nuestras ciudades, en nuestra patria, en el mundo. Y avisar también de las consecuencias a las que este tipo de conducta colectiva conducen. Además, nos toca el ser nosotros promotores eficaces del derecho a la vida de los inocentes, sobre todo cuando están en el vientre de sus madres y son niños».

El cardenal había explicado, antes, que con el pecado original llegó la muerte. La Encarnación inició el camino que culminó con la Resurrección, y así Cristo logró «la victoria de la vida del alma y el cuerpo en unidad indestructible». En esta época, «no se relaciona bien la causa de la muerte del alma y del cuerpo», y «no se tiene miedo a matar el cuerpo, porque las almas de los que lo hacen ya están muertas. Si ha habido un siglo donde se ha matado de forma horrorosa ha sido el siglo pasado», que comenzó proclamando la muerte de Dios.

Lo peor, «el reconocimiento social del aborto»

Pero, «lo peor no es tanto el hecho mismo de los casi dos millones de niños a los que no se ha dejado nacer en España desde 1985, sino que se ha perdido la conciencia de que eso es un atentando contra el alma». Y citó a Julián Marías, para quien «la tragedia más grave de la sociedad europea del siglo XX había sido el reconocimiento social del aborto».

Como ya es tradicional, al concluir la Vigilia se bendijo a las madres embarazadas que estaban presentes. Este año, además, se entregaron los premios del certamen escolar El embrión humano, el más pequeño de los hermanos, convocado por la Delegación Episcopal de Familia de Madrid, para promover la defensa de la vida entre los jóvenes en edad escolar. El Delegado de Pastoral Familiar, padre Simón, subrayó que estos alumnos y sus compañeros son quienes, en los próximos años y décadas, defenderán la vida, formarán familias abiertas a ella y cuidarán con cariño a los discapacitados.

María Martínez López