«Impresentable». Esta fue la palabra escogida la semana pasada por la Mesa por la Hospitalidad de Madrid para calificar el hecho de que el Gobierno de España, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de la capital «dejen a niños durmiendo bajo la lluvia» y que, una vez más, tengan que «intervenir la Iglesia y la solidaridad ciudadana» para «evitar que se pateen su dignidad y derechos».

En distintos templos y centros de pastoral de la diócesis de Madrid duermen cada noche varias decenas de personas desplazadas, entre ellas niños también. La Iglesia ha pedido en diversas instancias que las administraciones sumen esfuerzos y dejen de pasarse la pelota entre ellas. Son cifras perfectamente asumibles. Lo inasumible es que, en días especialmente duros por el frío, en Madrid haya solicitantes de asilo abandonados a su suerte en la calle, donde coinciden además con las personas sin hogar que ya casi forman parte del paisaje urbano. Bien está que se amplíen las plazas para atenderlos en la Campaña del Frío, pero hay que ir más allá y lanzarse a cambiar el paisaje.

Alfa y Omega