Editorial: Después de Taizé - Alfa y Omega

Algo tiene Taizé que engancha a tantos jóvenes, algunos no precisamente asiduos a las iglesias. Finalizado el Encuentro Europeo de Madrid llega el momento de incorporar a la pastoral ordinaria (y no solo a la juvenil) aquellos elementos de mayor utilidad; aquellos que ayuden a ese gran número de personas espiritualmente sedientas pero que hasta ahora, por la razón que sea, no han encontrado su sitio en la parroquia, a descubrir la Iglesia como «un lugar de amistad», en palabras del hermano Alois. Esa es la Iglesia hospital de campaña de la que tanto habla el Papa, un lugar de hospitalidad donde se experimenta la acogida y la fraternidad que debe caracterizar a quienes se reconocen hijos de un mismo Padre. Desde esa perspectiva, Taizé no es el final ni el objetivo del viaje. Tras facilitar una experiencia de intensa búsqueda de Dios en compañía de otros jóvenes, cada Encuentro Europeo los envía de vuelta a sus lugares de origen. Tras este de Madrid, un gran reto que se abre para la Iglesia española es facilitar espacios e itinerarios en los que la semilla sembrada en año nuevo pueda germinar y dar frutos.

Alfa y Omega