Es el primer verano después de muchos que no encontramos Una pena en observación de C. S. Lewis en librerías. Habremos llegado a contar con alborozo hasta doce ediciones, acaso reimpresiones, en las inconfundibles tapas amarillas de la colección Panorama de Narrativas de Anagrama, con la celebrada traducción de Carmen Martín Gaite. Pero parece que tenemos este clásico prácticamente inencontrable. Ojalá esto se remedie pronto porque es un momento crucial para mantener este título vivo, cuando se acaban de relanzar Las crónicas de Narnia de C. S. Lewis de la mano de HarperCollins Ibérica, con las espectaculares cubiertas de Owen Richardson; y, además, conviven con una recopilación aún más reciente de todos en una edición limitada de coleccionista. Justo ahora, además, andamos conmemorando el centenario de la bendita amistad entre Lewis y el otro gigante británico, J. R. R. Tolkien.
Siguiendo con la cronología del recuerdo, se van a cumplir 70 años del matrimonio entre Lewis y la poeta norteamericana Helen Joy Davidman Gresham. Poco después, en 1960, por estas mismas fechas estivales de mediados de julio, ella finalmente fallecería tras una dura batalla contra el cáncer. Casi sus últimas palabras fueron: «Me encuentro en paz con Dios», pero dejaba a su marido devastado, atravesado por un sufrimiento al que daría voz sin filtros en esta obra. Porque Una pena en observación confronta el silencio de Dios desde la herida y afronta, sin edulcorantes, la pérdida como ausencia y vacío en los primeros momentos de la muerte de la amada. No es fácil entender desde la fe, en vez de hacerlo desde el pesimismo, la frase: «Hay cosas que son demasiado perfectas para durar». Pero Lewis sabe indicarnos el camino para conseguirlo.
Este libro, de apenas 100 páginas, no solo es el texto que inspiró a Richard Attenborough para rodar uno de los mejores filmes de los 90 (Tierras de penumbra), sino que venía siendo hasta la fecha el más afilado tratado sobre el duelo por el que preguntar a nuestro librero de confianza. Un ensayo audaz, que interpela al hombre contemporáneo, le advierte sobre los peligros de la autocompasión y el dolor enconado y señala el sendero hacia la madurez; algo que, por supuesto, pocos harían como es capaz de hacerlo un humanista cristiano con la trayectoria de conversión de Lewis.
Hay que reimprimir, reeditar y releer a C. S. Lewis. Que no se pierda Una pena en observación. No te aflijas, nos dice en algún punto, como se afligen los que no tienen esperanza. La densidad intelectual está traspasada de una emoción que llega a todos. No leas autoayuda. Lee a C. S. Lewis.
C. S. Lewis
Anagrama
1994
104
18,90 €