Siempre me ha atraído el cariño que María Micaela tenía por cada una de las mujeres, ellas fueron y son el principal motivo de entrar en la congregación de las Adoratrices, y el sentido de mi misión y vida de consagración. A lo largo de estos más 34 años como adoratriz han pasado muchas mujeres, y, si yo las he querido, en incontables ocasiones me han demostrado su cariño y cercanía.

He tenido que pasar las Navidades en casa de mis padres, por lo que los días más significativos no he estado en la comunidad que formamos las cinco hermanas y el grupo de mujeres que comparten la vida con nosotras. Cada día las mujeres me han emocionado enviándome guasaps pidiendo a Dios bendiciones para mí y para mi familia, la salud para mis padres; deseándome un año «lleno de Dios», me decía una, dándome las gracias por «el camino recorrido juntas y por la oportunidad que la vida nos ha dado de conocernos en medio de tanto dolor». Otra me decía: «Tengo plena confianza en mi Dios que te va a proteger y todo te va a ir en el 2019 muy bien, confía». Me han enviado fotos, las que están en casa de los momentos celebrativos, las que han formado familia en España fotos de sus hijos e hijas.

En mis momentos de oración y reflexión cuando oraba por ellas, cuando leía y releía los mensajes, con algunos se me saltaban las lágrimas de emoción. Venían a mi mente frases pronunciadas, pero sobre todo vividas por María Micaela: «A mis hijas del alma, las colegialas, les aseguro que las amo de un modo inexplicable y que sin ellas no vivo…, son una necesidad de mi corazón… Amo a todas mis hijas de un modo que no lo pueden pensar; pero en el cielo lo conocerán y verán que solo he vivido por Dios y para ellas».

La experiencia de María Micaela se convertía estas Navidades en mi experiencia: «No hay corazón para ver el cariño de mis hijas. Dios me las bendiga y guarde, que solo a Él se las doy». Esta vivencia choca de frente con las políticas empeñadas el dificultar, no acoger e incluso expulsar, y ver como amenaza a quienes vienen de otros países con una espiritualidad profunda y unos valores humanos que nos recuerdan el significado del «Acampó entre nosotros».

Ana Almarza
Religiosa adoratriz
Proyecto Esperanza