Poner la mano sobre la tripa y notar la primera patada de tu bebé es algo que emociona. Sentir a tu hijo 24 horas al día, saber que tus sensaciones se traspasan a él, que tu sangre corre por sus venas… Son vínculos muy fuertes que las madres experimentan durante su embarazo. Nueve meses de cambios hormonales, sacrificios y, en ocasiones, complicaciones que asume la madre en un acto de entrega por su bebé. El parto es algo tan fuerte que solo lo comprendo si hay amor de por medio. Un hijo es un regalo de Dios.

Sobre la mesa de los principales partidos está el polémico asunto de la maternidad subrogada. Desconfío de antemano cuando se edulcora con un eufemismo el nombre de una práctica que genera controversia. Digámoslo claro: vientre de alquiler, una técnica de reproducción asistida en el que la mujer o la pareja que tiene problemas para tener un hijo acuerdan con otra mujer utilizar su vientre, que sea ella quien lo geste, y después entregue el bebé a los solicitantes. No es de ser ultraconservador –más bien una deducción razonable– decir que se utiliza al bebé como mercancía y se deshumaniza la maternidad. Y sostener esta afirmación no está reñido con la comprensión del dolor de aquellas parejas que no pueden concebir.

En España está prohibida esta práctica, aunque se acepta registrar a niños nacidos así en otros países. Cada vez son más quienes acuden a ellos, en muchos casos pagando entre 7.000 y 100.000 euros. Entre otras razones para evitar esto, el PP lo debate este fin de semana en su congreso. Importantes barones del partido apuestan por su regulación, cuando no medie pago, ante el silencio casi generalizado del resto. Y yo pregunto: ¿Qué mujer aceptaría los nueve meses de embarazo para desprenderse de su hijo a cambio de nada? Me temo que en la mayoría de casos habría dinero oculto. Pero surgen más preguntas: ¿No importan los vínculos entre la madre y el niño? ¿Y si ella después se arrepiente? ¿Y si el feto viene con problemas y los padres solicitantes ya no lo quieren? ¿Y si a la madre le quedan secuelas? Habrá quien crea que este debate es prioritario, otros que da votos progresistas. Pero si se trata de lo que afecta a las familias, echo en falta que se aborden debates más urgentes como las ayudas a la maternidad y a las familias con niños dependientes, o solucionar las 1.000 trabas que encuentran los padres para adoptar.

Pedro J. Rabadán