Coqueteos con el suicidio - Alfa y Omega

Titula el diario El Mundo: «Obama: Tras una década de guerra, es hora de levantar nuestro país». El líder de la única superpotencia «llamó ayer -30 de agosto- a cerrar el último frente de guerra norteamericano» en Afganistán, «para centrarse en la reconstrucción económica del país», y hacer frente a la crisis. Estados Unidos se lame las heridas, Europa se hunde, Japón no levanta cabeza… El País traduce un artículo del sociólogo alemán Ulrich Beck, profesor de la London School of Economics: «Entramos en una era de desorden plagado de riesgos: la sociedad del riesgo mundial… ¿Señala la crisis global financiera la caída del viejo centro? Precisamente la China autoritaria se presenta como el apóstol de la moral financiera y sermonea al Estados Unidos democrático y también a los europeos. Sea como fuere, la crisis financiera ha conseguido una cosa: todos (también los expertos y políticos) han sido catapultados a un mundo que ya nadie entiende».

10 años después, «qué dulce derrota» para Ben Laden -afirma en La Gaceta Rafael L. Bardají-, con una América exhausta y una Europa en decadencia. En algunos países golpea la crisis con más fuerza que en otros. El candidato Pérez Rubalcaba, en un alarde de sinceridad, exclama ante un grupo de padres: «Cuando veo a los jóvenes en la calle, pienso que, por primera vez, están percibiendo que van a vivir peor que sus padres… Hay gente que mira a sus hijos y dice ¡Pobres hijos míos, qué os espera!».

«De niños, siempre se nos decía que nuestro país es el más poderoso de la tierra», recuerda un alumno del colegio de Florida, al que había ido a dar una charla, el 11 de septiembre de 2011, George W. Bush. El dominical del Frankfurter Allgemeine Zeitung ha visitado a aquellos jóvenes, que hoy rondan los 17 ó los 18 años, para narrar la gloria perdida.

La paradoja es que Estados Unidos ha ganado indiscutiblemente la guerra a Al Qaeda, dice un editorial del semanario británico The Economist. Ahora bien: «Aunque Ben Laden no creó el califato con el que soñaba, uno de sus objetivos principales era empujar a América a guerras sangrientas en países musulmanes, y en esto cruelmente ha tenido éxito». En Afganistán, Pakistán e Iraq, «unos 6 mil de soldados americanos, y otros muchos de sus aliados, han perdido sus vidas», junto a unos 137 mil civiles.

Resulta que no era sólo por el petróleo. «América tiene poco que mostrar, tras su sacrificio», continúa The Economist. La situación en Iraq va mejorando, pero «cuando las últimas tropas americanas se marchen, al final de este año, dejarán atrás un país que no es un amigo cercano (el Gobierno de Nuri al-Maliki parece más predispuesto hacia Irán)». Entre tanto, la guerra contra el terrorismo ha aumentado las tensiones con Pakistán, «potencia nuclear y paranoica, con 190 millones de musulmanes», y «la imagen de América en el mundo árabe es hoy más baja de lo que era al final del mandato de Bush». El precio ha sido alto para Estados Unidos en muchos aspectos. «Más de 1.200 organizaciones gubernamentales y cerca de 2 mil Compañías han estado ocupadas en programas de contra-terrorismo», detrayéndose importantes recursos. Y la vida se ha hecho más incómoda para todos. «Se ha vuelto normal quitarse los zapatos antes de subir a un avión», por ejemplo.

Cierto: nunca sabremos «cuánta más devastación hubieran provocado los yihadistas, si América no les hubiera perseguido en las montañas de Afganistán y Pakistán». Pero, ahora, la gran potencia dice basta. «El mundo entero se empobrecerá si una exhausta América llega a la conclusión de que ya no puede intervenir más para rescatar a civiles indefensos de un dictador asesino».