Debido a la pandemia del coronavirus y al Estado de alarma decretado por el Gobierno, la inmensa mayoría de diócesis de España decidieron a finales de la semana pasada suspender el culto público. Antes de dar este paso inédito hubo un profundo discernimiento, siempre atendiendo a la situación de cada Iglesia particular y a la realidad más amplia de la zona. No fue una decisión fácil para los pastores, sabedores de que la celebración de la Eucaristía y la vivencia de la fe en comunidad son esenciales para los católicos. En aras del bien común, entendieron que era importante seguir las pautas de las autoridades y reducir toda posibilidad de contagio.

Estos días, los fieles no acudiremos a nuestros templos ni participaremos en procesiones, pero, encerrados en casa, tenemos la posibilidad de vivir el verdadero sentido de la Cuaresma y la Semana Santa. Y gracias a la tecnología y los medios de comunicación podemos visualizarnos en comunión con otros. Alejados del ruido cotidiano tenemos por delante un tiempo privilegiado de encuentro con el Señor.