Constructores de puentes

«Usted nos ha recordado, con palabras y hechos, que Pontífice significa constructor de puentes», le dijo el rey de Jordania al Papa. Como el Santo Padre, la Iglesia en Tierra Santa enseña, con sus gestos cotidianos, a ver al otro como un hermano. Ejemplo de ello es la Hermana Frida, que intenta promover la amistad entre niños palestinos e israelíes

María Martínez López
El Papa, con Skorka y Abboud

«Usted nos ha recordado, con palabras y hechos, que Pontífice significa constructor de puentes», le dijo el rey de Jordania al Papa. Como el Santo Padre, la Iglesia en Tierra Santa enseña, con sus gestos cotidianos, a ver al otro como un hermano. Ejemplo de ello es la Hermana Frida, que intenta promover la amistad entre niños palestinos e israelíes

El viaje del Papa a Tierra Santa era un campo de minas diplomático. Uno de los momentos de mayor riesgo podría haber sido la mañana del lunes. El Papa visitó al Gran Muftí de Jerusalén en la explanada de las mezquitas. Allí se alzó un día el templo de Jerusalén, del que sólo queda, a pocos metros, el Muro Occidental. Los separa una frágil pasarela, y un control de seguridad. Palestinos e israelíes no pueden acceder al lugar santo de la otra religión.

El Papa fue, metafóricamente, puente entre unos y otros. Visitó ambos lugares y, después de rezar ante el Muro, abrazó lleno de alegría a los dos amigos que le acompañaban en esta peregrinación: el rabino Abraham Skorka y el musulmán Omar Abboud, Director del Centro Interreligioso de Buenos Aires. Era la primera vez que un judío y un musulmán formaban parte del séquito oficial del Vaticano, con el que han visitado lugares clave de las otras religiones. Abboud cree que es «uno de los gestos más fuertes que se han visto» en la Historia.

Ya lo apuntó, al dar la bienvenida a Jordania al Papa, el rey Abdullah II: «Desde que se convirtió en Pontífice, usted nos ha recordado, con palabras y hechos, que Pontífice significa constructor de puentes». La paz -dijo poco después el Papa, durante la Misa en Ammán- «es un don que hemos de buscar con paciencia y construir artesanalmente mediante pequeños y grandes gestos en nuestra vida cotidiana»; gestos «de humildad, de fraternidad, de perdón, de reconciliación», inspirados por el Espíritu Santo. Para ello, hay que reconocer que todos «tenemos un único Padre en el cielo y somos todos sus hijos, hechos a su imagen y semejanza». Es lo que decía la oración que el Papa dejó en el Muro Occidental: Padre Nuestro… perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos…

Se lo dijo a los musulmanes en la explanada de las mezquitas: «Respetémonos y amémonos los unos a los otros como hermanos. Aprendamos a comprender el dolor del otro. Que nadie instrumentalice el nombre de Dios para la violencia». Y se lo repitió al Presidente de Israel, Simon Peres: «La construcción de la paz exige sobre todo el respeto a la libertad y a la dignidad de la persona humana, que judíos, cristianos y musulmanes consideran igualmente creada por Dios y destinada a la vida eterna».

La Hermana Frida Nasser

No veo la diferencia; son niños

Como el Papa, los cristianos de Tierra Santa son pontífices en su día a día. Ejemplo de ello es la Hermana Frida Nasser. Nació en Belén, estudió en un colegio que la Custodia franciscana tiene encomendado a las Hermanas de San José de la Aparición. De sus cuatro hermanos, dos han emigrado -uno de ellos a España-. A los 16 años, Frida dio la bienvenida a Pablo VI en Belén. Poco después, entró en las Hermanas de San José. Ahora es la directora de un colegio similar en Jerusalén.

Hace tres años, el colegio para niñas de la Hermana Nasser y el paralelo, de los franciscanos, para niños, organizaron un intercambio con un colegio israelí de Tel Aviv, donde estudian los hijos de «una amiga nuestra, judía, a la que queremos mucho». Los preparativos fueron arduos: conseguir el permiso de la Administración y de los padres -«no todos aceptaron»-, preparar actividades en inglés para que los niños se entendieran, mentalizar a los alumnos… «Empezaron escribiéndose cartas, y luego fuimos a pasar el día a su colegio. Los niños de allí les enseñaron el colegio, hicieron actividades, jugaron al fútbol… Unas semanas después, los niños de Tel Aviv visitaron Jerusalén. Cuando vi a los niños juntos, jugando y relacionándose unos con otros, me emocioné. No ves la diferencia entre ellos; son niños. Nuestro objetivo es que se conozcan y se respeten».

Gracias a gestos como éstos, los cristianos son cada día constructores de puentes. Como el Papa, con quien -vaticinaba antes de su visita el padre Artemio Vítores, Vicecustodio de Tierra Santa- «los otros se van a sentir más amigos y más hermanos».

María Martínez López