«Conoció el Evangelio en Vallecas gracias a don Alberto» - Alfa y Omega

«Conoció el Evangelio en Vallecas gracias a don Alberto»

La Colegiata de San Isidro acogió, la tarde del lunes, el funeral por el alma del obispo auxiliar emérito de la archidiócesis de Madrid, monseñor Alberto Iniesta, fallecido en su diócesis natal de Albacete el domingo 3 de enero

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La Colegiata de San Isidro acogió, la tarde del lunes, el funeral por el alma del obispo auxiliar emérito de la archidiócesis de Madrid, monseñor Alberto Iniesta, fallecido en su diócesis natal de Albacete el domingo 3 de enero

Acompañado por el obispo auxiliar de Madrid, monseñor Martínez Camino; el arzobispo Castrense, monseñor Juan del Río; el arzobispo de Burgos, monseñor Fidel Herráez; el arzobispo de Granada, monseñor Javier Martínez; los vicarios episcopales y los sacerdotes de la archidiócesis de Madrid, monseñor Carlos Osoro, arzobispo diocesano, presidió el funeral por el alma del que fue obispo auxiliar de la archidiócesis de Madrid desde 1972 hasta 1998.

Durante la homilía, el arzobispo agradeció a monseñor Ciriaco Benavente, obispo de Albacete, «el cuidado y mimo hacia don Alberto». Monseñor Osoro, que coincidió en su época de seminarista con el obispo Iniesta durante su estancia en el seminario albaceteño, dio gracias a Dios por «el tiempo compartido con él cuando yo era jefe de la colonia de Cáritas y en los retiros que nos daba en el Colegio Mayor de El Salvador».

Monseñor Osoro, que desde que es arzobispo de Madrid ha mantenido una conversación mensual con don Alberto, recordó «cómo estos últimos años se venía preparando para la muerte. En nuestras charlas me iba diciendo lo que estaba viviendo y lo que quería. Y se resume en estas palabras del apóstol: En la vida y en la muerte somos de Dios».

El obispo, que durante sus años de pastoral en Madrid trabajó especialmente en el barrio de Vallecas, dejó un gran legado entre sus fieles. «Cuando llegábamos esta mañana monseñor Benavente y yo con el cuerpo de don Alberto, nos hemos encontrado con una persona mayor que venía con su esposo y su hija. Llorando me decía que tenía que estar aquí, porque el Evangelio lo conoció gracias a monseñor Iniesta durante su etapa en Vallecas», recordó monseñor Osoro.

«Vivió apasionadamente con palabras y obras la certeza de que el Señor le acompañaba, y él se quería dejar acompañar». Su lugar favorito de la casa sacerdotal «era la capilla. ¡Cuántas horas de oración y adoración tuvo allí estos últimos años de su vida! Y siempre, porque era algo que formaba parte de su existencia». El que fue obispo auxiliar de Madrid «quiso vivir en el amor, no en la muerte. Por eso se agarró de la mano del Señor y por eso pudo decir “Yo, pero ya no yo”. Así amó a todos, con todas las consecuencias».

Para monseñor Osoro, el amor marcó la vida del obispo Iniesta: «Por amor llegó un 4 de enero de 1923. Hoy cumpliría 93 años. Por amor fue ordenado sacerdote el 13 de julio de 1958 en Albacete. Por amor se entregó al servicio de la Iglesia en la diócesis albaceteña como formador del seminario, y por amor a la Iglesia en 1972 fue ordenado obispo auxiliar de Madrid. Por amor renunció al gobierno pastoral en 1998, pasando a ser auxiliar emérito de Madrid. Ha pasado de la muerte a la vida, porque amó. Con esta convicción vivió don Alberto».

El Papa Francisco envió, a través de su Secretario de Estado Pietro Parolin, un telegrama dirigido a monseñor Osoro y a los familiares, sacerdotes y fieles de la archidiócesis de Madrid. El Pontífice transmitió su «más sentido pésame y paternal cercanía» a todos y ofreció sufragios «por el eterno descanso» de monseñor Iniesta, «quien con ejemplar celo y entrega pastoral sirvió durante tantos años a la Iglesia».