Comillas homenajea a uno de los mayores expertos del mundo en la Torá
La Universidad de los jesuitas concede el doctor honoris causa a Jean Louis Ska, uno de los grandes exégetas del Antiguo Testamento
La Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Comillas invistió el miércoles como doctor honoris causa al profesor Jean Louis Ska, SJ, considerado uno de los mayores expertos del mundo en los estudios sobre la Torá y uno de los grandes intérpretes del Antiguo Testamento.

Ska ingresó en la Compañía de Jesús en 1964, realizando estudios de exégesis bíblica en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, donde obtuvo el doctorado en Ciencias Bíblicas en 1984, con una tesis sobre el libro del Éxodo supervisada por el reconocido biblista español Luis Alonso Schökel. Autor de numerosos artículos científicos especializados, su obra de mayor impacto en el ámbito de la exégesis es su Introducción al Pentateuco, conocido en la tradición judía como la Torá.
Su enfoque sobre la compilación final de esta parte de la Biblia parte, por un lado, la teoría de la autorización imperial persa, y, por otro, la de la comunidad de ciudadanos vinculados al Templo. A partir de estas perspectivas, Ska explica cómo se llegó a la forma final de la Torá, teniendo en cuenta investigaciones recientes sobre la historia del texto, los samaritanos y el papel de la Torá en Qumrán.
Atenas y Jerusalén
Según su visión, la Torá se entendería como una tradición compartida por distintos grupos, que sirvió como referencia común para construir una identidad colectiva en un contexto cada vez más influido por los textos. Por ello, plantea que el Pentateuco no se cerró de una sola vez, sino a través de un proceso gradual.
En su discurso en el campus de Cantoblanco de la Universidad Pontificia Comillas, el jesuita belga comenzó su intervención preguntándose por la identidad. «Una de las preguntas más antiguas —y quizá más decisivas— que atraviesan la historia de la humanidad es la pregunta de quiénes somos», aseveró. Y, refiriéndose a la transmisión del conocimiento, aseguró que «tanto en la tradición bíblica como en el mundo griego, la identidad deja de definirse únicamente por el origen o la sangre y pasa a entenderse como algo que se aprende, se cultiva y se transmite a través de la educación».
En esta línea, Ska destacó que Atenas y Jerusalén «no representan necesariamente dos respuestas irreconciliables a la pregunta por la identidad». Al contrario, «en ambos mundos, la educación ocupa un lugar central como espacio de transmisión de valores, de formación de la persona y de construcción de una comunidad. Para el pensamiento griego, la paideia define al ciudadano; para la tradición bíblica, la enseñanza de la Torá configura una forma de vida».