Cercanía existencial - Alfa y Omega

El Papa lamenta en Fratelli tutti que, aunque la pandemia del coronavirus «despertó durante un tiempo la consciencia de ser una comunidad mundial que navega en una misma barca», ahora, en vez de «repensar» cómo vivimos, emergen amenazantes «nuevas formas de autopreservación egoístas». Con extraordinaria clarividencia y sin florituras, pide reconstruir el «sentimiento de pertenencia a una misma humanidad» y advierte de que, si no, «el “sálvese quien pueda” se traducirá rápidamente en el “todos contra todos”».

En la encíclica firmada en Asís, el Pontífice vuelve a denunciar la «indiferencia cómoda, fría y globalizada» ante el sufrimiento de otros seres humanos, que nace precisamente de sentirse «todopoderosos» y «olvidar que estamos todos en la misma barca». Y recurre a la parábola del buen samaritano para invitar a «rehacer una comunidad» a partir de personas «que hacen propia la fragilidad de los demás, […] que se hacen prójimos y levantan y rehabilitan al caído».

La indiferencia de la que habla Francisco se ve, por ejemplo, en el nulo interés que ha generado en España el enfrentamiento armado entre Azerbaiyán y Armenia en Nagorno Karabaj, al que Alfa y Omega dedica un reportaje. Inmersos en una sucesión de «mensajes rápidos y ansiosos» –usando palabras de Francisco–, con una visión «superficial» y «autorreferencial» de la realidad, se ignora una guerra a las puertas de Europa que, al cierre de esta edición, había dejado varios centenares de muertos, entre ellos civiles.

Esta reducción del mundo al propio ombligo contrasta con la labor que están realizando las Cáritas diocesanas, volcadas en la atención a las familias a las que el coronavirus más ha golpeado. Es cierto que, en esta actitud, influye la cercanía física, pero sobre todo es una cuestión de cercanía existencial. Como buenos samaritanos, que se detienen ante el hermano que sufre, sus voluntarios y trabajadores son un acicate no solo para los cristianos, sino para toda la sociedad.