Católicos, judíos y musulmanes, juntos para reforzar la dignidad al final de la vida

La Academia Pontificia para la Vida y la Fundación Qatar han celebrado en Roma un simposio sobre el final de la vida, centrado en los cuidados paliativos y la atención a la salud mental

Alfa y Omega

La Academia Pontificia para la Vida y la Fundación Qatar han celebrado en Roma un simposio sobre el final de la vida, centrado en los cuidados paliativos y la atención a la salud mental

«El suicidio es una petición de amor que no ha encontrado respuesta». Con esta rotunda afirmación cerró el jueves monseñor Vincenzo Paglia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida, el simposio internacional Religión y ética médica: cuidados paliativos y salud mental durante el envejecimiento.

Sus palabras venían a completar y contextualizar unas declaraciones ante la prensa realizadas el martes, durante la rueda de prensa de presentación del simposio. Ante las preguntas de los medios, el presidente de la Academia Pontificia para la Vida afirmó que «estamos contra el suicidio asistido porque no queremos hacer el trabajo sucio de la muerte». Pero, al mismo tiempo, defendió que «sostener la mano de quien muere (en un suicidio asistido), creo que es una gran tarea que cada creyente debe promover, así como cada creyente debe promover un contraste a la cultura del suicidio asistido».

Esta cita, organizada en el Augustinianum de Roma, ha sido un encuentro innovador, pues unía al tema tratado, muy presente en el pensamiento y los pronunciamientos de la Santa Sede durante los últimos tiempos, con otra prioridad vaticana: el diálogo interreligioso. El simposio estaba, de hecho, organizado mano a mano por la Pontificia Academia para la Vida y la Cumbre Mundial de Innovación para la Salud (WISH por sus siglas en inglés), una iniciativa de la Fundación Qatar.

Reforzar desde la religión el concepto de dignidad humana

Con la participación de expertos católicos, musulmanes y también judíos, es un paso más en el intento de promover la colaboración entre las tres grandes religiones para defender su visión común al final de la vida. Llega pocas semanas después de que las tres religiones suscribieran, a finales de octubre, una declaración conjunta rechazando la eutanasia y el suicidio asistido.

El Papa Francisco mostró su apoyo a esta iniciativa con un mensaje, enviado el miércoles a través del secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin. Como antídoto contra la cultura del descarte y el abandono, Parolin subrayaba la «urgente necesidad de encontrar un apoyo sólido a la dignidad y el valor» de las personas ancianas o enfermas «en la visión ética y espiritual compartida por varias religiones».

Un Libro blanco para promover los paliativos

Esa primera jornada, el día 11 de diciembre, estuvo dedicada a compartir la visión de las distintas religiones sobre los cuidados paliativos. Un español fue el encargado de dar voz a la Iglesia católica. Se trató del doctor Carlos Centeno, experto en cuidados paliativos de la Clínica Universitaria de Navarra, que recordó cómo el Papa Francisco ha animado a médicos y estudiantes de Medicina a formarse en cuidados paliativos; una especialidad que es «una forma privilegiada de la caridad desinteresada».

El doctor Centeno, además, presentó el proyecto Pal-Life, una iniciativa de la Pontificia Academia para la Vida para promover los paliativos en todo el mundo. Dentro del mismo se incluye la publicación de un Libro blanco para la promoción y difusión de los cuidados paliativos en el mundo, elaborado por expertos católicos, ortodoxos y musulmanes.

Morir con dignidad –prosiguió el médico de la Clínica Universitaria de Navarra– «no consiste en elegir nosotros el momento de la muerte, sino en aceptar el momento natural». Y es indigno morir solo, con dolor, sin alivio, sin saber que se va a morir, sin alguien que nos cuide. Pero si esta persona «recibe cuidados y atención, no tendrá ganas de abandonar esta vida».

Recordó además que el sufrimiento «sigue siendo un misterio, porque Aquel que alivió a todos, para sí mismo escogió la cruz. Es un misterio de la fe, pero mirar la cruz ayuda al enfermo».

La visión de musulmanes y judíos

Mohammed Ghaly, director académico del Centro de Investigación para la Legislación y la Ética Islámica de la Universidad Hamad Bin Khalifa de Qatar, destacó cómo «la persona reacciona de forma diferente en relación también con su propia cultura, y esto es fundamental en relación con los cuidados paliativos, el dolor y la experiencia de la muerte».

Invitó, por ejemplo, a considerar las implicaciones para un creyente de no poder rezar o cumplir otros deberes religiosos cuando se le seda de forma profunda, y pidió que al comunicarse con el paciente se usen «palabras adaptadas a su sensibilidad cultural y religiosa. No puede ejercerse una bioética universal si no hay comunicación entre las distintas religiones y culturas».

En nombre del judaísmo intervino en el simposio Riccardo di Segni, rabino jefe de Roma y médico. Explicó que, aunque «está prohibido para un judío acabar con la vida, también en condiciones dramáticas», sobre el suicido se proyectan ciertos atenuantes. «Preferimos dejar la duda, porque una persona no puede ser juzgada por su sufrimiento. Una decisión tomada en el sufrimiento es una decisión forzada, no propia». También matizó que, si bien esta religión ve «un valor de purificación» en el sufrimiento, no se debe desearlo ni buscarlo.

Riesgo de suicidio entre los ancianos

El jueves, segundo día del encuentro, estuvo dedicado a la salud mental de las personas mayores. El doctor Ferdinando Cancelli, paliativista de la Fundación Faro de Turín, alertó de los elevados datos de suicidio en la tercera edad: en el año 2010, un tercio del total de personas que se suicidaron tenían más de 65 años, y la prevalencia del suicidio entre los mayores de 85 años es el doble que entre los 25 y los 44 años. Advirtió además de que la depresión de las personas mayores «no es de ninguna forma una consecuencia del envejecimiento normal», un prejuicio que hace que en muchos casos quede sin diagnosticar. «Salvaguardar la salud mental de los pacientes ancianos que reciben cuidados paliativos es la mejor manera de evitar la eutanasia y el suicidio asistido».

«Es esencial incluir la espiritualidad y la religión en el proceso de sanación para mejorar el bienestar y la calidad de vida de los ancianos con problemas o desórdenes mentales», subrayó monseñor Noel Simard, obispo de Valleyfield (Canadá). El prelado pidió también una «ética de la fragilidad para aprender el significado de la dependencia y la vulnerabilidad y para desarrollar relaciones humanas basadas en la solidaridad, la reciprocidad y la compasión».

Vatican News/Alfa y Omega