Beata Chiquitunga: darse totalmente a los demás no era suficiente, y se hizo carmelita

Este sábado será canonizada en Asunción (Paraguay) María Felicia de Jesús Sacramentado. El milagro que lo ha hecho posible es la curación de un bebé que nació muerto y que ahora, con 15 años, asistirá a la celebración

María Martínez López
Foto: www.chiquitunga.org

Este sábado será beatificada en Asunción (Paraguay) María Felicia de Jesús Sacramentado. El milagro que lo ha hecho posible es la curación de un bebé que nació muerto y que ahora, con 15 años, asistirá a la celebración

El estadio de Cerro Porteño en Asunción (Paraguay), acoge este sábado la que probablemente sea la última beatificación presidida por el cardenal Angelo Amato. A las siguientes ya acudirá el neocardenal Givanni Angelo Becciu, nuevo prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

La nueva beata, segunda paraguaya –después de san Roque Gonzélez de Santa Cruz– y primera mujer del país en ser elevada a los altares, tuvo tres nombres: el de bautismo, María Felicia Guggiari; el de profesión, María Felicia de Jesús Sacramentado; y Chiquitunga, como la conoce la mayoría de los paraguayos.

Nacida en 1925 en Asunción, Chiquitunga se implicó en la Acción Católica desde su adolescencia. Acompañaba a jóvenes universitarios, pobres, enfermos y ancianos, y daba catequesis a niños. Algunos de ellos todavía la recuerdan.

«Sed de inmolación»

La clarisa María de Jesús, una de esas pequeñas, ha recordado al diario Última hora «su sencillez, el amor hacia el prójimo, su profundo amor hacia Jesús Sacramentado. Nos enseñaba con dibujitos. Era una mujer muy alegre. Ya ingresó al convento siendo una santa».

La nueva beata escribió durante esta época de juventud cómo «en todos los trabajos que estoy realizando trato de poner el sello de nuestro espíritu cristiano, porque quiero que todo se sature de Cristo y donde quiera que sea pueda dejar un rayito de luz».

Sin embargo, todo esto la parecía insuficiente para su anhelo de donarse. «No sabría explicarle la ansiedad, el deseo intenso de trabajar exclusivamente, entregada en cuerpo y alma por causa de Cristo, al apostolado; sed, verdaderamente sed, tengo de una inmolación más efectiva».

El milagro: un bebé nacido muerto

Esta sed fue tomando forma, y a los 30 años sintió la llamada a ingresar en el Carmelo descalzo de Asunción. Cuatro años después, sufrió una hepatitis infecciosa que acabó con su vida.

En la beatificación, estará presente Ángel Ramón Domínguez, de 15 años, receptor del milagro que la ha hecho posible. El 15 de agosto de 2002, Ángel nació muerto. Una enfermera, Blanca Duarte, pidió por él a Chiquitunga y 40 minutos después, el bebé empezó a mostrar signos vitales.

Hijo de una familia humilde, Ángel perdió a su padre, que era sordomudo, a los 3 años de edad. La madre, también con discapacidad auditiva, es empleada doméstica en Asunción. Ángel vive con su abuela en San Pedro del Ycuamandyyu, y ambos podrán estar en la ceremonia solo gracias a que una empresa de transporte les ha donado los billetes. La familia carmelita les ha dado dinero para su sustento mientras estén en la capital paraguaya.

María Martínez López