Azul - Alfa y Omega

Azul

El azul es uno de los pigmentos más utilizados en la historia del arte. Ya en el antiguo Egipto era sinónimo de libertad y grandeza, pero derivó en expresión de sentimientos de tristeza. Hasta que llegó el azul Klein

Ana Robledano
‘La habitación azul’. Pablo Picasso. The Phillips Collection (Washington). Foto: ABC

El color azul es de los más importantes en la historia del arte. Es el color del cielo y del mar, las dos realidades naturales que el hombre percibe como infinitas. Por eso, en la Antigüedad, el azul es sinónimo de libertad, amplitud, grandeza, eternidad… pero más tarde, en el mundo contemporáneo, se relaciona con sentimientos negativos de tristeza o decaimiento. Véase el famoso blue monday el 20 de enero, o la expresión inglesa feeling blue, que significa sentirse deprimido. No obstante, en el arte, este fenómeno azul ha tenido un largo recorrido en el que siempre se le ha prestado exclusiva atención.

Empezó a usarse en Egipto. Fue un tono empleado con mucha insistencia, especialmente en las pinturas funerarias y en las esculturas. El azul significaba vida y eternidad para ellos. Conseguían fabricar el pigmento a base de fundir varios minerales.

Pero entonces se encontró una piedra que casi sin manipularla ofrecía el color azul: el lapislázuli. Esta piedra pasó a ser un objeto de lujo. Se importaba desde Afganistán y era muy cara. Ya no solamente se usó para el pigmento, sino también para fabricar joyas, ya que es una gema estéticamente muy bella, de un azul ultramar intenso. En Francia comenzaron a usar este pigmento para teñir telas (que comprarían únicamente los reyes y nobles).

Durante la Edad Media y el Renacimiento hubo mucha demanda de lapislázuli para el arte. Cualquier obra de estas épocas que presente este color se puede calificar como especialmente valiosa. En la Edad Media se reservó para los temas religiosos por ser el color del cielo. Así se explica la tradición de representar a la Virgen con manto azul.

‘Virgen y Niño, con santas mujeres’. Gérard David. The Morgan Library & Museum (Nueva York). Foto: www.themorgan.org

Como decíamos, todo lo que presentase este matiz se reconocía como un objeto de lujo. Algunos lo igualaban al oro. Pero, de pronto, un fabricante de tintes en Alemania cometió un error de compuestos y salió el pigmento azul por una reacción química inesperada. Desde aquel momento ya no se necesitó la piedra semipreciosa, y el arte presentó esta tonalidad de forma más normalizada. En plena revolución industrial se aprendió a sacar una amplia gama de azules. El color perdió su valor y pasó a ser uno más en la paleta. Fue entonces cuando evolucionó su significado.

En el Impresionismo se utilizó para representar el frío contrastado con tonos cálidos (se repetía el azul cobalto y el cerúleo). Durante el movimiento del Romanticismo en el arte, se empleó mucho por ser el color de la melancolía.

La etapa azul de Picasso

Picasso se estrenó en esta nueva simbología cromática con su llamado periodo azul, en el que dedicó tres años de su carrera artística a pintar solamente con este color. El motivo de este giro en su paleta fue una depresión que sufrió en el duelo de muerte de su mejor amigo, Casagemas, que se suicidó. El trágico acontecimiento le afectó en su forma de expresión, y por ello repetía temas tristes que evocaban abatimiento. Mendigos, prostitutas, personas solitarias… y todo en tonos azules.

Desde entonces este color, que había visto el ocaso de su fama, pasó a ser un humilde compuesto químico con su gradación igual que el resto. Tendría una especial vinculación con los sentimientos de tristeza y melancolía, pero también se utilizaría simplemente para representar la realidad o por gusto del artista.

Hasta que, de pronto, recobró todo el protagonismo con la llegada del vanguardista francés Yves Klein que, obsesionado con el cielo y su color, decidió hacerse dueño de él. Y así fue. En 1960 patentó un color inventado por él (la verdad, muy parecido al lapislázuli del principio). Lo registró como IKB (International Klein Blue) y pasó a ser una firma que ningún otro artista podía emplear. Este tono lo llamamos en España azul Klein, atendiendo a los derechos de autor. El artista dedicó su carrera a esta devoción por el ultramar. Para Klein volvía a significar eternidad, inmensidad… lo mismo que en Egipto.

Pero no acaba aquí la historia del azul. En 2009 hubo otra oleada de protagonismo de este tono cuando, en una universidad norteamericana, se descubrió (también por accidente) un azul llamado YlnMn que aumenta su brillo a mayor temperatura. En 2016 se lanzó al mercado. ¿Se descubrirán más en el futuro?

Una vez repasada esta breve historia del azul, se podría concluir que el pigmento ha tenido una demanda oscilante, pero nunca ha perdido su valor destacado frente al resto de colores que han llegado hasta nuestros días. Siempre ha tenido (en mayor o menor medida) una atención especial, un significado y un valor únicos.