Así evangeliza un obispo venezolano a los informadores de Maduro

«Estoy muy contento de que ustedes se ocupan de mí. Estoy agradecidísimo y les pido por favor que me sigan cuidando. Además, les regalo estos rosarios de parte del Papa, bendecidos especialmente por él para todos aquellos que cuidan a un obispo venezolano», aseguró monseñor Juan Carlos Bravo a los informadores del régimen de Maduro apostados frente a su casa

José Calderero de Aldecoa
Foto: Nazaret TV

«Estoy muy contento de que ustedes se ocupan de mí. Estoy agradecidísimo y les pido por favor que me sigan cuidando. Además, les regalo estos rosarios de parte del Papa, bendecidos especialmente por él para todos aquellos que cuidan a un obispo venezolano», aseguró monseñor Juan Carlos Bravo a los informadores del régimen de Maduro apostados frente a su casa

Es la una de la madrugada. Un obispo venezolano llega a su casa y ve un coche apostado en las inmediaciones del domicilio. El obispo de Acariagua-Araura, monseñor Juan Carlos Bravo, no tenía ninguna duda de que se trataba de enviados del Gobierno para vigilarle. Entonces, paró el coche a su lado, tocó el cristal y les dijo:

— Soy el obispo y quiero saber si les pasa algo, porque me parece que están accidentados aquí. ¿Puedo hacer algo por ustedes? ¿Tienen hambre, necesitan agua, necesitan comida, necesitan fruta? Porque me preocupa que estén en esta situación a estas horas de la noche y que pueda pasarles algo.

— No, no, no, tranquilo monseñor, sabemos que usted es el obispo. No hay problema.

— Pero, ¿le pasa algo al carro? ¿Puedo ayudarles?

— No, de verdad monseñor, tranquilo, estamos bien.

— ¿Ustedes quieren que yo esté tranquilo? Entonces, bájense del carro, suban a mi casa y compartamos unas tortas y unos refrescos.

«No sabían qué hacer, pero al final tuvieron que aceptar porque era yo más malandro que ellos», explica el propio obispo en un vídeo de Nazaret TV, difundido por la Fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada en Twitter.

Tal y como refiere el prelado, los informadores finalmente aceptaron la invitación y, entre las tortas y los refrescos, terminaron confesando a qué se dedicaban.

— Monseñor, a nosotros nos pagan por vigilarlo, por saber a dónde, a qué hora sale, a qué hora vuelve, qué dice….

— Pues estoy muy contento de que ustedes hagan eso, porque realmente ustedes se ocupan de mí y yo estoy agradecidísimo. Les pido por favor que me sigan cuidando. Además, les regalo estos rosarios de parte del Papa, bendecidos especialmente por él para todos aquellos que cuidan a un obispo venezolano.

A partir de entonces, los informadores dejaron de vigilar y grabar al obispo para pasar a cuidarle. «A veces usamos estrategias malas porque pensamos y actuamos con los criterios de este mundo. El mal solo se vence a fuerza de bien. A todo el que me persiga, o lo que sea, voy a tratar de desarmarle desde el amor cristiano, porque es la única forma de apostar por su conversión», concluye monseñor Juan Carlos Bravo.

José Calderero de Aldecoa @jcalderero