Artistas silenciados - Alfa y Omega

Quería escribir algo que estuviese a la altura. Convertirlo en un homenaje. A él. A los artistas silenciados tras un NIE (número de identidad de extranjero). Hace unas semanas, uno de los chicos me entregó un relato con el que ganó un concurso en su país. Se lo publicaron en un libro. También un conjunto de poemas compuestos desde su llegada a España. Los leí todos. Casi sin respirar. El día que se los devolví estuvimos hablando de poesía, de Rubén Darío y de concursos literarios. De cómo el alma se libera entre versos transformando el dolor en una obra de arte, en una oración confiada a Dios, que no abandona a sus hijos. Está ilusionado con la idea de publicarlos algún día, para que otros puedan comprender cómo se siente un migrante. Sus primeros meses en nuestro país no fueron fáciles, pero le ayudaron a reflexionar. Eso dice. Fruto de ello es esta obra literaria.

Yo buscaba la manera de expresar la fuerza que transmite en el papel. Pero no lo conseguía. Por eso le pedí permiso para transcribir algunos se sus versos. Aunque fuese de manera anónima. Accedió. Uno de ellos se llama «Pobres vergonzantes». Dice, en parte, así: «Andamos por todos lados / confundidos entre la gente, / mimetizados entre las sombras / con una máscara sonriente. […].  / A la deriva vamos de fiesta / por los albergues de media España / como si el mañana no existiera /y el ayer solo fue una resaca. / Y cuando toca pedir limosna / disfrazados de vergonzantes /ocultos bajo la sombra de una boina / con los ojos vaciados de luz. […]». Y en otro poema escribe: «Más que el temor a la muerte, es el miedo al olvido».

Viven entre nosotros. Resilientes. Esperanzados. Heridos. Intentando demostrar aquello que les hace únicos. Buscando una mano amiga, hermana. Cada persona, cada historia, es distinta. Él ha tenido que pagar el precio por manifestarse públicamente en las calles de Managua. Las continuas amenazas y la falta de trabajo le obligaron a huir. Aquí ha comenzado de cero, solo, como tantas otras personas. Ha cambiado el título de ingeniero industrial por una jornada en el campo. Con el verano terminaron algunas cosechas. Ahora espera otra oportunidad. Donde sea. Lo conseguirá. 

Perdona, de nuevo, por robarte estas líneas que son tuyas. Pronto llegará el día en el que muchos más puedan disfrutar de esos versos.