ACNUR, los salesianos y un curso de reparación de móviles para escapar de la marginación
La agencia de la ONU para los refugiados vio el potencial de aprovechar la labor que los religiosos ya hacían con los refugiados sursudaneses en Egipto. Al verse sin financiación, Misiones Salesianas y Jóvenes y Desarrollo lo asumieron totalmente
En el populoso y humilde barrio de Zeitun, en El Cairo, entre 400 y 600 jóvenes refugiados de Sudán del Sur acuden regularmente al centro juvenil de los salesianos. Durante el curso tienen actividades culturales y de ocio a la salida del colegio. Ahora, en verano, pasan mucho más tiempo allí con actividades pensadas para las vacaciones.
Es un oasis de esperanza en un contexto en el que la situación de los refugiados está empeorando. «Desde que la ayuda al desarrollo de Estados Unidos ha disminuido, muchos proyectos de apoyo han cerrado». Lo explica Elvira Alonso Barneto, coordinadora de Asia y Oriente Medio de Misiones Salesianas, en una entrevista con Alfa y Omega con motivo del Día Mundial de los Refugiados, que se celebra este sábado.
Además, «se han implantado una serie de leyes nacionales no muy positivas de cara a la acogida», que se traducen en que «hay muchas deportaciones». Y, a los que no se expulsa tampoco se les reconoce el estatus de refugiado, por lo que «están en la ilegalidad» prosigue.

Esta situación afecta a todos los refugiados, tanto a los llegados desde Sudán por la guerra iniciada en 2023, como a los originarios de Sudán de Sur, sumido en el conflicto desde 2013. «Ambos son ilegales», explica Alonso. Con la diferencia de que en cuanto a la integración en la sociedad, «la convivencia es más fácil para los sudaneses». Son ilegales y subsaharianos pero, al menos, musulmanes.
Con los sursudaneses, cristianos, «hay más tensiones por las diferencias religiosas». Por eso, los salesianos se han centrado en la atención a ellos.
Un espacio de convivencia
Hay unos 56.000 en el país, frente a 850.000 sudaneses. Su meta no era Egipto, sino que querían llegar a otros países como Canadá. Pero «por la situación irregular la estancia allí se alargaba y tenían que terminar quedándose». Ser reconocidos como refugiados «les habría facilitado continuar su viaje».
Esta labor se lleva a cabo sobre todo en Zeitun. Se trata de una zona periférica «que acoge a muchos sursudaneses», que se instalaban en ella atraídos por la presencia de compatriotas. Toda la zona es «bastante pobre», está superpoblada y predomina, tanto para nacionales como para extranjeros, una situación de la vivienda bastante irregular, «con muchas casas compartidas».
El proyecto de Misiones Salesianas y Jóvenes y Desarrollo empezó como un centro juvenil de los salesianos que ofrecía actividades de ocio y culturales a la salida del colegio —aunque no están reconocidos pueden acceder a la educación pública—. «Es un lugar donde están seguros y comparten con otros compatriotas».
También se promueve la convivencia con los jóvenes cristianos egipcios. Incluso siendo correligionarios, «les cuesta bastante integrarse porque hay muchas diferencias culturales», además del peso de todo lo vivido que arrastran los jóvenes refugiados.
Ante esta realidad y la existencia de roces y pequeños conflictos, realizan por un lado por actividades separadas, sobre todo «ahora en verano que pasan mucho más tiempo aquí». Pero también otras donde se promueva el conocimiento mutuo y la convivencia, siempre «con profesionales que guían».
Así, por ejemplo, «como una cosa muy salesiana es el teatro, trabajamos con obras que preparan los sursudaneses para los egipcios explicando cómo son cada uno. Poco a poco se intenta que haya cada vez más cosas de este tipo, pero sin forzar».
También se ofrecía asistencia básica en función de las necesidades que se detectaban. Y, con el tiempo, se vio además la necesidad de trabajar en la sanación de traumas.

Los salesianos, referente para la población
Con esta apuesta, la parroquia salesiana y el centro juvenil no tardaron en convertirse en referente para la población sursudanesa de la zona. Al descubrirlo la agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR —que dada la falta de ayuda oficial asumía en buena medida la atención a los refugiados en el país— se dio cuenta de que con la colaboración de los religiosos podían tener acceso a este grupo.
Empezaron a utilizar sus instalaciones para «registrarlos, llevar un control y hacerles seguimiento». Ya allí, a ambas entidades se les ocurrió colaborar en un proyecto de formación para el empleo. Era un ámbito en el que los salesianos son expertos y podían aportar mucho conocimiento, además del edificio. La agencia internacional contribuía con financiación y apoyo material.
También estamos en las fronteras de #México, #Pakistán, #Turquía y #Egipto, entre otras, y atendemos en numerosos países a las personas que abandonan #Venezuela.
— Misiones Salesianas (@MSalesianas) June 20, 2022
🤝 Casi 750.000€ han sido destinados a ofrecer ayuda de emergencia, asistencia, apoyo y educación.#DíaDelRefugiado pic.twitter.com/Ug5J9F6I4G
Dentro de la formación profesional, dada la difícil situación legal de los refugiados, que les impide acceder al empleo formal, optaron por el autoempleo. «Ofrecemos cursos de formación cortos sobre cosas que les permitan trabajar desde su domicilio y generar ingresos» siendo indocumentados.
Además de clásicos como la cocina o la costura, se pensó en ámbitos más neutros como la reparación de móviles que permiten que «chicas y chicos se matriculen de forma bastante igualitaria». Luego, los pocos que consiguen regularizar su situación, pueden acceder con beca al centro de formación profesional reglada de la congregación.
Tras dos años funcionando así, empezaron a llegar los ya citados recortes a las organizaciones internacionales. ACNUR se vio forzada a abandonar el proyecto, y Misiones Salesianas se planteó qué hacer. «Estaba todo el equipo nuevo, los cursos iban rodando y funcionaban muy bien y la gente conseguía autoempleo» con pequeños préstamos iniciales. Así que decidieron mantenerlo, buscando financiación en Ayuntamientos de España y entidades privadas.