A puerta cerrada. El infierno es este mundo

Chema Alejos
Foto: Eva Nieto

Enfrentarse a una obra de teatro existencialista no es algo agradable. Primera advertencia. Jean-Paul Sartre no busca amistad con el público ni con sus lectores, más bien quiere hacerte partícipe de su experiencia vital, de su mirada reduccionista y focalizada en aquello que puede anular mi yo, que según él es lo único consistente. Para el francés somos solo conciencia individual condenada de antemano a sobrevivir en un mundo donde los otros sobreviven sin importarles el resto. Si optan por tener esta experiencia, Sartre les ayudará a salir afianzados en sus presupuestos. Absténganse aquellos de pensamiento débil. Segunda advertencia.

Foto: Eva Nieto

A puerta cerrada (1944) se estrenó poco antes de la liberación de París en la II Guerra Mundial. El duro golpe de las dos guerras mundiales y la decepción el hombre europeo que había volcado su sentido en el progreso de la técnica, aniquilaron los grandes ideales nacidos de la tradición cristiana. Jean-Paul Sartre es hijo de su momento. La obra expone la condena eterna de tres personajes. El infierno no es un estado de agonía y tristeza imaginado tradicionalmente con fuego y torturas. El infierno, para Sartre, es una habitación cerrada, sin espejos, sin resquicio de belleza, en la que vivirán para siempre sus condenados. El infierno son los otros.

Foto: Eva Nieto

La Compañía La Puerta Estrecha pone fielmente sobre el escenario esta metáfora sartriana en la que el infierno no es lo que hay después de la muerte, el infierno es este mundo. Las ideas del filósofo y escritor francés se muestran en diálogos tensos, irritantes que agotan a los actores y al espectador, paralizado por el espanto de una vida en la que todo lo que uno ve como posibilidad vital se trueca en condena. Garcín (Samuel Blanco), Inés (Sayo Almeida) y Estela (Eva Varela Lasheras) no pueden encontrarse por muy cerca que estén. Sus actos determinan su existencia y aunque quieran escapar del mal realizado, la mirada del otro les acusa inconscientemente. Ni la sensualidad calma la angustia que tienen, porque es un acercamiento atravesado por la falsedad. El hombre está hecho para la verdad, y esto que es liberador, para Sartre es un infierno porque la verdad para nuestro autor es que el otro es mi enemigo.

La peculiar sala La Puerta Estrecha se ha atrevido a desempolvar un libreto duro, incómodo y, personalmente pienso que algo envejecido. Sartre es una bofetada momentánea. Te zarandea pero no logra ensombrecer la positividad de la existencia. Pero creo que es muy sano medirse con un texto así y sacar de la memoria tantas ocasiones donde uno ha descubierto que el cielo se puede palpar en el encuentro con otro.

HoyenlaCity/Chema Alejos @Chema_Alejos

★★☆☆☆
A puerta cerrada
La Puerta Estrecha
Calle Amparo 94
Metro: Lavapiés, Embajadores
Hasta el 19 de diciembre