¿A dónde nos ha llevado la COVID-19? - Alfa y Omega

¿A dónde nos ha llevado la COVID-19?

El Ateneu Sant Paciá de Barcelona analiza las heridas y la esperanzas de un mundo en pandemia al que quiere ofrecer una renovada propuesta evangélica

Fran Otero
En octubre el Ateneu dará una respuesta teológica al análisis sobre el impacto de la pandemia. Foto: Efe / J. M. García

El Ateneu Universitari Sant Paciá (AUSP) de Barcelona cierra este jueves la primera parte del congreso Las heridas y las esperanzas de un mundo enfermo a la luz de la teología de la encarnación –la segunda tendrá lugar el próximo mes de octubre–, un evento que ha analizado el impacto de la pandemia desde distintas disciplinas –sanitaria, geopolítica, educativa, antropológica, social…– con reconocidos expertos. «Se trata de plantearnos a dónde nos ha llevado hasta ahora la COVID-19», afirma Armand Puig i Tàrrech, rector del AUSP, en conversación con Alfa y Omega.

En su opinión, esta pandemia ha puesto de manifiesto que este mundo «tiene que dar un vuelco y cambiar», porque, de lo contrario, «estaremos en las mismas». «¿Saldrá un hombre individualista o saldrá un hombre más comunitario? ¿Un hombre conectado a lo material o un hombre que caiga en la cuenta de que sin la vida espiritual esto no se sostiene? ¿Va a salir un hombre que lo fía todo a las satisfacciones inmediatas o un hombre que aborda la felicidad en mayúsculas?», añade.

En este sentido, cree que en la Iglesia existe «un arsenal de respuestas históricas», pero que deben ser formuladas «en un lenguaje atractivo» y «encarnarse en el hoy».  Y añade: «Lo contrario sería perderse. La fe cristiana tiene que reformularse siempre. No podemos repetir el dogma. El dogma es algo inmenso y que nos constituye, pero sin su reproposición puede parecer un dogmatismo estéril. El Evangelio es el futuro», añade.

Begoña Román Maestre, profesora en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona y que aportó su visión como ponente en el congreso desde el ámbito antropológico, sostiene en entrevista con este semanario que el ser humano «necesita confianza» y «razones para creer» en momentos de tanta incertidumbre como el que vivimos. Por este motivo, cree que es importante «poner al día los discursos religiosos», una labor que cree que está haciendo el Papa Francisco.

En su intervención hizo una aproximación a la condición humana, a su corporeidad y finitud, que no solo hace referencia a la mortalidad, sino también «a que no llegamos a constituirnos en nuestra identidad sin los otros y sin su reconocimiento». Y por eso criticó la antropología dominante en Occidente, que ella define como «individualismo de hongo hobbesiano», que es «el individualismo ultraliberal que solo es capaz de generar comunidades a la defensiva y que ve los gestos de generosidad como algo envenenado; que no genera confianza, solo contratos y que nos ha llevado a las peores guerras mundiales».

En su opinión, lo que debería propiciar la pandemia es «un verdadero cambio institucional, un cambio de la estructura básica de la sociedad y no solo a nivel individual». «Hemos sido capaces de entender como individuos que no podemos sobrepasar unos límites frente a los otros, pero por ejemplo, cuando pensamos en clave de Estado, votamos a políticos que permiten las brechas entre ricos y pobres», añade.

También cree que esta situación tiene que propiciar cambios de consumo y en la forma de entender las relaciones económicas. «Deberíamos empezar a pedir a las instituciones responsables, tanto políticas como empresariales, otros indicadores de éxito. Que no se mida en función de los beneficios o el PIB, sino por la diversidad de puestos de trabajo creados». «En vez de pensar en los que se ha hecho, debemos pensar cuántas vulnerabilidades se han evitado», concluye.