Alfa y Omega
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Miles de personas salen a la calle para decir «sí a la vida» frente a la eutanasia y el aborto

Jaime Mayor Oreja, uno de los convocantes, ha asegurado que la sentencia del Tribunal Supremo de EE. UU. es un elemento de esperanza

Redacción

Decenas de miles de personas –cerca de 100.000 según los organizadores– han salido este domingo, 26 de junio, a las calles de Madrid para participar en la manifestación contra la reforma de la ley del aborto, la Ley de la Eutanasia, y contra el proyecto «de naturaleza totalitaria» del Gobierno de Pedro Sánchez, informa Europa Press.

La marcha, convocada por más de 200 organizaciones de la sociedad civil encabezadas por NEOS –plataforma impulsada por el exministro de Interior Jaime Mayor Oreja–, la Asamblea por la Vida, la Libertad y la Dignidad y la Plataforma Cada Vida Importa, ha arrancado a las 12:00 horas de la glorieta de Bilbao, en Madrid, y ha finalizado sobre las 14:00 horas en la plaza de Colón.

Tras una pancarta con el lema ¡Nos jugamos la vida! ¡Basta ya de leyes contra la verdad y la naturaleza humana!, los asistentes han avanzado al ritmo de canciones, coreando «sí a la vida, no al aborto» y portando carteles con consignas como «matar no es un derecho» o «el aborto es asesinato». También ha habido aplausos para los médicos que se niegan a practicar abortos.

Desde la cabecera de la manifestación, Jaime Mayor Oreja ha explicado que han salido a la calle este domingo para decir «basta ya a tantas leyes que destruyen la naturaleza humana». Además, ha subrayado que «la cultura de la vida está más viva que nunca», coincidiendo con «la sentencia del Tribunal Supremo de EE. UU. [ha revocado el derecho constitucional al aborto], un elemento de esperanza».

Para la presidenta de la Fundación Villacisneros y miembro de NEOS, María San Gil, esta manifestación «no puede ser más oportuna y más necesaria». «La sentencia del Tribunal Supremo de EE. UU. es una puerta de esperanza a que esto también se haga en España», ha insistido.

Entre los dirigentes políticos que han participado en la marcha destaca el líder de VOX, Santiago Abascal, que se ha sumado «como uno más» para «estar con la sociedad defendiendo a aquellos a los que nadie defiende» y «frente a un Gobierno que apuesta por la cultura de la muerte».

El Papa llama a la «paz social» en Ecuador y pide no olvidarse de Ucrania

Ha mostrado sus condolencias a la familia de la misionera italiana asesinada este sábado en Haití

Redacción

El Papa Francisco ha instado este domingo a activar un canal de diálogo en Ecuador que logre acordar la «paz social» en el país donde en las últimas semanas se han registrado protestas masivas contra el Gobierno del presidente Guillermo Lasso por el alto coste de la vida, lideradas principalmente por el movimiento indígena, a las que se han contrapuesto a su vez otras movilizaciones de ecuatorianos contrarios.

«Sigo con preocupación lo que ocurre en Ecuador, animo a todas las partes a abandonar la violencia y las posiciones extremas. Solo a través del diálogo se puede encontrar la paz social, con especial atención a las poblaciones más pobres, pero siempre respetando los derechos de todos», ha señalado el Pontífice tras el rezo del ángelus.

Asomado a la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, Francisco ha notado la presencia de banderas de Ucrania en la plaza de San Pedro y ha pedido que no se olvide la guerra que comenzó el pasado 24 de febrero. «Los bombardeos continúan causando muerte, destrucción y sufrimiento a la población. Por favor, no olvidemos a las personas afligidas por la guerra, no las olvidemos en nuestros corazones y oraciones», ha señalado.

Del mismo modo ha expresado sus condolencias a la familia de la misionera italiana, Luisa Dell’Orto, hermanita de Charles De Foucauld, asesinada este sábado en Haití. «Llevaba 20 años viviendo allí, dedicada sobre todo a los niños de la calle. Hizo de su vida un regalo para los demás, hasta el martirio», ha exclamado el Papa.

Durante la catequesis, el Papa ha pedido a los fieles que no sean «vengativos» e «intolerantes cuando surgen dificultades». «Dejarse llevar por la rabia es fácil, lo difícil es dominarse», ha recalcado. Del mismo modo ha invitado a preguntarse: «¿Ante los malentendidos nos dirigimos al Señor?».

El diario de Ana Frank, un canto a la vida

¿Cuáles fueron sus armas para no decaer? El humor, la ternura, el coraje, la alegría. No hay una expresión de odio o rencor en su diario

Rafael Narbona

Ana Frank comenzó su diario el 14 de junio de 1942, pero se publicó por primera vez en 1947. 75 años después cabe preguntarse: ¿qué clase de mujer habría sido si no hubiera muerto en Bergen-Belsen entre febrero y marzo de 1945? Su diario revela talento como escritora, capacidad de análisis y una aguda introspección psicológica. ¿Se habría convertido en una nueva Nadine Gordimer o en una filósofa de la talla de Hannah Arendt? Nunca lo sabremos, pero sí podemos afirmar con certeza que la Shoah mutiló brutalmente la cultura europea, privándonos del talento de infinidad de vidas que solo habían comenzado a despuntar. Los negacionistas cuestionaron la autenticidad del diario de Ana Frank, alegando que había fragmentos en bolígrafo, un invento que no se introdujo en Europa hasta 1944, pero lo cierto es que esas anotaciones procedían de una grafóloga que estudió el texto durante la posguerra. Ya no existen dudas razonables sobre la veracidad de uno de los documentos esenciales del siglo XX.

Aunque Ana pasó más de dos años oculta en un refugio de 50 metros cuadrados, ignorando si lograría eludir las redadas de la Gestapo, nunca renegó de la vida. «Esta mañana, cuando estaba asomada a la ventana mirando hacia fuera, mirando fija y profundamente a Dios y a la naturaleza, me sentí dichosa, únicamente dichosa. Mientras uno siga teniendo esa dicha interior, mientras uno lleve eso dentro, siempre volverá a ser feliz». ¿Cuáles fueron las armas de Ana Frank para no decaer? El humor, la ternura, el coraje, la alegría. No hay una expresión de odio o rencor en su diario: «¿Qué sentido tiene hacer de la casa de atrás una casa de melancolía? ¿Es que tengo que pasarme todo el día llorando? No, no puedo hacer eso». Eso no significa que Ana no experimentara momentos de aflicción y miedo: «Hay un vacío demasiado grande a mi alrededor». Sin embargo, siempre prevalecen en ella el optimismo, la esperanza y el sentido ético: «Creo que toda desgracia va acompañada de alguna cosa bella, y si te fijas en ella, descubres cada vez más alegría y encuentras un mayor equilibrio. Y el que es feliz, hace feliz a los demás; el que tiene valor y fe nunca estará sumido en la desgracia».

Ana Frank

«El que es feliz, hace feliz a los demás; el que tiene valor y fe nunca estará sumido en la desgracia».

Nelson Mandela declaró que durante su encierro en Robben Island leía El diario de Ana Frank y le proporcionaba aliento para continuar su lucha contra el apartheid. Se puede decir que una adolescente alemana escribió uno de los mejores cantos a la vida de una Europa hundida en la barbarie. Volver a leer su diario no es un simple homenaje a una vida malograda, sino una forma de recordar cuál es la verdadera alma del continente europeo.

Frente a los totalitarismos y las antiguas guerras de religión, Europa es ahora un espacio de tolerancia y libertad donde conviven diferentes tradiciones. En casa de Ana Frank, el abeto de Navidad coexistía con el candelabro de siete brazos. No se establecían divisiones entre judíos y gentiles. Dios no era un motivo de enfrentamiento o exclusión, sino de encuentro. El otro no representaba una amenaza, sino una perspectiva complementaria y enriquecedora.

75 años después de que una niña de 14 años expandiera su espíritu con un diario, debemos adquirir el compromiso de que las hogueras del odio no vuelvan a encenderse. La cosecha del mal es la nada. El proyecto criminal de Hitler se desvaneció. En cambio, las palabras de Ana Frank continúan resplandeciendo, demostrando que el bien es obstinado y siempre logra sobrevivir a las peores tempestades de las  historia.

Sin límites: De cuando Elcano era progre

Isidro Catela

Con un presupuesto de 20 millones de euros tirados por la borda, Sin límites ha zarpado con cuentagotas, entre el estupor general de los seriéfilos y el escándalo de historiadores, hartos de tanta memoria histórica trufada de posverdad y de que el enemigo lo tengamos siempre en casa. De la mano de Amazon Prime y RTVE, Sin límites es una miniserie de seis capítulos breves (en torno a 40 minutos de duración cada uno), dirigida por Simon West y protagonizada, entre otros, por Álvaro Morte y Rodrigo Santoro en los papeles de Elcano y Magallanes.

Hay que reconocer que, lo que hemos visto hasta ahora, es un producto entretenido y que si de evadirnos al margen de la historia se tratara y esto fuera un Piratas del Caribe con palomitas de por medio, hasta la cosa tendría su gracia. Pero como quiera que se trataba de celebrar, en teoría con una ficción de altura, el V centenario de la gesta de los insignes navegantes que por primera vez circunnavegaron la Tierra, Sin límites no pasa de ser una broma pesada. Aquí haría falta un Ministerio del Tiempo para recordar hasta qué punto debemos empeñarnos en que nadie ponga sus manos sobre la historia para cambiarla a su antojo. Además, la promoción ha venido precedida, por parte de alguno de los actores principales, de perlas como que tenemos que admirar a estos héroes sobremanera, porque en el siglo XVI los que se echaban a la mar, pensaban que la Tierra era plana, o que, para evitar que un personaje como Elcano se politice, ya lo ha convertido él en «un tipo que busca siempre el consenso, que persigue el bien común, que somete a votación las grandes decisiones que toma, y que es muy de izquierdas y cero totalitario».

Ante tal panorama, yo a mis universitarios de Comunicación Audiovisual, les voy a pedir que lean Elcano, de Tomás Mazón (Ediciones Encuentro), que cotejen con la serie, y que saquen sus propias conclusiones, para plantearme el guion que ellos escribirían. Hay que resistir creativamente. Esa es la épica. Es eso o el naufragio total.

El monasterio leonés que resurgió de sus cenizas

San Pedro de Montes, en Ponferrada, ha sobrevivido a desamortizaciones, a la invasión musulmana y hasta a un grave incendio que lo dejó casi en ruinas

Cristina Sánchez Aguilar

El monasterio de San Pedro de Montes está ubicado en Montes de Valdueza, en Ponferrada. Fue fundado en el siglo VII por san Fructuoso y, junto con el monasterio de Santa María de Carracedo, fue el más poderoso del Bierzo en cuanto a dominios. Tras la muerte de san Fructuoso sus discípulos continuaron en el monasterio hasta la llegada de san Valerio quien, aunque al principio tuvo enfrentamientos con ellos, fue nombrado abad por el rey y los monjes tuvieron que aceptarlo. San Valerio amplió el monasterio, plantó huertas y, sobre la roca en la que san Fructuoso rezaba –marcada con una cruz–, construyó la iglesia de la Santa Cruz y San Pantaleón.

Para llegar hasta él hay que atravesar una carretera de montaña con castaños centenarios a ambos lados. El entorno, según lo describió san Valerio, «calma los nervios y el amor auténtico, puro y sin fingimientos, inunda el alma». Los musulmanes lo destruyeron en la segunda década del siglo VIII, y fue san Genadio –obispo de Astorga–, un siglo más tarde, quien lo volvió a reconstruir. Después de 200 años de prosperidad, cuenta el historiador Vicente Fernández que «el monasterio vivió una profunda crisis; fueron años de decadencia económica y moral». Todo cambió a partir del sigo XVI, cuando se añadieron nuevas construcciones gracias a los ingresos obtenidos por las ferrerías propiedad del monasterio. Pero la guerra de la Independencia y la exclaustración pararon su reconstrucción, y en 1848 un incendio arruinó lo que quedaba del edificio. De hecho, estuvo incluido en la lista roja de Hispania Nostra.

La iglesia en la actualidad mantiene la traza románica. «En su interior se guardan cinco retablos, todos de un solo cuerpo, con imágenes de san Pedro, santa Escolástica, san Benito y san Genadio –en un arca se conservan las reliquias de este último–, todas tallas del siglo XVII», explica Fernández. En la torre se encuentra  la maquinaria del reloj. Durante la vida monástica un monje era el encargado de levantar las pesas tres veces al día. La última vez que marcó la hora fue a finales del siglo XX.

Al este de la iglesia se encuentran los restos del monasterio. «Al sur se conserva el claustro. Era de pequeñas dimensiones, con cuatro arcos de medio punto que aún están en pie», describe el historiador. En el interior se encuentra la cocina, de 1784, donde aún se puede ver la chimenea. Al lado se encuentra la despensa y enfrente la botica, después el refectorio. Las cámaras abaciales y la biblioteca están al sur. Sus 1.400 volúmenes se encuentran en la Biblioteca Provincial de León. «El monasterio se abastecía de agua de una fuente por medio de un acueducto, del que resta un arco en el muro norte». En el aljibe, donde aún están los canales de entrada y salida de las aguas, los monjes tenían pescado y sanguijuelas que utilizaban en la botica para sangrías.

En el año 2018 se realizaron excavaciones en el claustro y dentro de la iglesia del monasterio. En los sondeos aparecieron nueve tumbas, y una de ellas es del año 774. Es la tumba más antigua del Bierzo relacionada con la época monástica de san Fructuoso.

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El referente en viruela del mono es obra de misioneras

En 1974 una religiosa española fue la primera médico del hospital de Kole (Congo), referente mundial en viruela del mono. Ya jubilada y a 1.500 kilómetros, sigue apoyándolo

María Martínez López

Durante años Teresa Riu, misionera de Cristo Jesús, supervisó la atención a los pacientes con viruela del mono en el hospital de Kole, en la República Democrática del Congo. Este centro estatal es uno de los que más experiencia tiene en esta enfermedad. Tanto, que en los años 1980 investigadores del Ejército de Estados Unidos lo eligieron para estudiarla «por si llegaba al resto del mundo», cuenta desde Kimwenza, cerca de Kinsasa, donde la religiosa llegó hace un año. El virus que tiene en alerta a las autoridades sanitarias mundiales «aquí existe desde siempre». Cada año ingresan por esta causa 20 o 30 personas. Normalmente familias enteras. A pesar de su nombre, la religiosa explica que la mayor parte de casos se producen por contacto con roedores. En la región la gente vive mayoritariamente de lo que caza en la selva. «Cuando van los niños es más fácil que cojan una ardilla» o un ratón grande. Al llevarlo a casa («todo se come»), se contagian todos. 

Hasta ahora no existe tratamiento específico. «Lo que interesa es curar las heridas para evitar la infección». Cada año pierden a un par de pacientes, normalmente niños «que tienen tantas lesiones que no les queda piel sana», y se infectan. Si son en la garganta, se suma la dificultad para comer. 

R. D. Congo
Esperanza de vida:

62 años

Médicos:

0,38 por 1.000 habitantes

Acceso a un centro médico:

64,5 %

«De vez en cuando, hay una especie de epidemia y en un año te llegan 100 casos», cuenta. 2022 está siendo así: llevan 28 pacientes y dos muertes, y «más de 500 en toda la provincia» de Sankuru. Cuando Riu se enteró, llamó a Kole. «Me dijeron que justamente el director estaba en un curso de formación, porque se estaban organizando» por si iba a más. «Es curioso que se haya juntado» con el salto al primer mundo, aunque haya sido desde Nigeria. A pesar de todo, «aquí hay muchos problemas mayores que la viruela del mono: la malaria, que mata a los niños, la tuberculosis y el sida». Además de la desnutrición. 

«Estaba casi abandonado»

Si el hospital de Kole, que es público, puede atender todas estas enfermedades, se debe en gran medida a las Misioneras de Cristo Jesús. Las primeras religiosas llegaron a petición del obispo en 1973, cuando la diócesis estaba recién creada. Después de la independencia, en 1960, y de un lustro de una gran inestabilidad, en 1965 había comenzado la dictadura de Mobutu Sese Seko. Al principio trabajaron en la enseñanza y la pastoral. Pero al año siguiente llegó Lydia Sobrado, que era médico. Y no tardó en darse cuenta de que «el hospital estaba casi abandonado». Los médicos, que eran belgas, «se fueron cuando la independencia y todo se desmoronó». Solo quedaban algunos enfermeros. 

Sobrado se ofreció al Ministerio de Sanidad y no tardaron en contratarla. Por aquel entonces, Riu trabajaba en el hospital de Bandundu. «Pero allí tenía menos trabajo, y en 1980 me ofrecí a ayudar a Lydia», que estaba sola. Ese mismo año, además, llegó el primer médico congoleño. «Ahora hay cantidad: doce». Atienden las 150 camas y a 10.000 pacientes cada año. Ante el asombro de la periodista, exclama riendo: «¡Para un hospital de aquí es mucho! Y vaya si hay diferencia con estar una…». En los primeros años, «los enfermeros asumieron mucha responsabilidad». Pero tampoco sobraban, así que fundaron la Escuela de Enfermería, dirigida por Riu, donde cientos de jóvenes han logrado un título universitario.

Además de dirigir la Escuela de Enfermería, Riu cubrió muchas más labores. Aquí, en el quirófano. Foto: Teresa Riu.

El personal no era el único problema. El sistema sanitario estaba en mantillas. Entre 1981 y 1991, con financiación de Estados Unidos, la Iglesia evangélica del Congo ayudó al Estado a poner en marcha 100 de las 300 áreas de salud del país. En la de Kole, la aportación de las misioneras católicas fue fundamental. Con la ayuda de la ONG vinculada a la congregación, Pueblos Hermanos, «y con otros amigos, fuimos equipando el hospital y doce centros de salud de los alrededores». Fue fundamental también el paso por el hospital de médicos españoles laicos, como Pilar Zabala y Hortensia Castaño. 

Solas en la guerra

No es de extrañar que el hospital sea «muy apreciado en la zona», ni el cariño de la gente por las misioneras. A pesar de las muchas convulsiones políticas, «las autoridades siempre nos han valorado y respetado; no hemos tenido ninguna dificultad». Aunque, viniendo de una misionera, hay que tomar esta frase de Riu con cautela. Acto seguido, cuenta cómo cuando las tropas de Ruanda invadieron esa región en 1996, durante la guerra para derrocar a Mobutu, «todos los médicos de la provincia se fueron y nos quedamos solas» tres años. «Llegaban enfermos de todas partes, y tratábamos juntos a amigos y enemigos». 

El 29 de julio del año pasado se despidieron de Kole. Solo quedaban tres hermanas, y Riu con 80 años. En Kimwenza, cerca de Kinsasa, está en una comunidad de mayores. Pero sigue trabajando: cuida a las enfermas, da formación en el noviciado contiguo, y una vez a la semana va al centro parroquial para niños desnutridos. Y, aunque están a 1.500 kilómetros, «seguimos en contacto continuo con Kole». Hacen de enlace con Pueblos Hermanos y con otros benefactores para que siga funcionando. Es difícil solo con las aportaciones del Estado. «Congo es un país inmenso, está mal organizado y los salarios son pequeños». Cuando hay. Nada más irse ellas, los enfermeros estuvieron seis meses de huelga. «Sería una pena que se perdiera todo» lo que han conseguido.

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El Papa ha aplazado su viaje a la República Democrática del Congo y a Sudán del Sur. Y es lógico. Yo acabo de volver de Kinsasa y aquel infierno no está preparado, ni de lejos, para una visita de estas características.

Dicho esto, más allá de la noticia en sí del retraso del viaje de Francisco, no deberíamos olvidarnos de África. ¿Qué país se iba a encontrar Francisco? ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI exista un lugar como Kinsasa? Mira que he  estado en sitios inenarrables a lo largo y ancho de todo el mundo. Pues como en el Congo… ninguno.

1. El río Congo es tan impresionante como el Nilo o el Amazonas. Este inmenso país es cinco veces más grande que España y mantiene fronteras de película de guerra: al norte con República Centroafricana y Sudán; al este con Uganda, Ruanda y Burundi; al oeste con Congo Brazzaville, y al sur con Angola y Zambia.

2. Las violaciones son un arma de guerra atroz, pero además es hasta una costumbre. A los escasos, pobrísimos e inalcanzables hospitales llegan a diario multitud de niñas violadas en la propia familia, en la calle o… porque sí. Alguien me dijo que apenas existía prostitución en el Congo por un razonamiento bestial: ¿para qué gastar dinero?

3. La pobreza es infinita. La desnutrición infantil llega al 40 % en un país líder mundial de producción de oro, diamantes y coltán. El maldito coltán. El padre Olivier, párroco de Santa Rita, en la capital, me lo definió perfectamente: «El Congo es la marmita del mundo y, a la vez, es el basurero». Una marmita de minerales y una capital, Kinsasa, que es un inmenso vertedero de plásticos.

4. La bomba demográfica sobrecoge a cualquier análisis y aún no ha estallado. Cada congoleña tiene entre ocho y diez hijos. Para 2050 se prevé que solo este Congo tenga 180 millones de habitantes. Ahora multiplica esa ratio por Níger, Nigeria, Malí, el Cuerno de África, el golfo de Guinea…

5. El 40 % de la población de la República Democrática del Congo es menor de 18 años. Ves a miles y miles de niños pobres y sin nada por todas partes. La esperanza de vida ha aumentado a 60 años para ellas y a 57 para los hombres.

6. Los niños de la calle son millones y millones. Que los padres en segundas y terceras nupcias abandonen a los hijos de anteriores matrimonios de sus esposas es una costumbre. Y a nadie le sorprende.

7. Una frase que se me ha quedado grabada para toda mi vida que le escuché a la esclava del Sagrado Corazón y médico Ana Gutiérrez. «Arrivé mort». Causa de la muerte: «Llegó muerto». Todos los días en su consulta del hospital de Lisungi tiene varios niños «arrivé mort». ¿Te imaginas el trabajo de esta misionera? 

8. La corrupción es inaudita. Sistémica. A todos los niveles. Para hacer una foto por la calle debes pagar a un supuesto policía; el Gobierno, empezando por los presidentes, saquea miles de millones de dólares. Los funcionarios extorsionan, roban por costumbre y sin disimulo alguno.

9. La guerra es brutal y llevan así 40 años, desde Mobutu Seseseko, en el este del país. Una guerra entre tribus, bandas, ganaderos contra agricultores, milicias ruandesas, islamistas, el presunto Ejército oficial… En el Congo no hay ni buenos ni malos. Todos forman parte del caos más salvaje que puedas imaginar.

10. Las materias primas. Un auténtico tesoro que explotan sin contemplaciones los chinos, los indios y conquistando metro a metro… los rusos en toda África.

Como me escribió un diplomático que conoce perfectamente el Congo: «Este país fue saqueado por europeos hace siglos, ahora lo saquean los chinos y siempre (antes, ahora y mañana) saqueado por sus propios gobernantes».

Y un último apunte. Nunca vi nada igual de atroz: el inmenso horror de los enfermos mentales desparramados por Kinsasa. Peor que los animales más despreciados del mundo. Seres humanos desgraciados por las esquinas, por las alcantarillas y allí donde mires. La hermana hospitalaria Ángela Gutiérrez tiene 78 años y lleva más de 50 años en el Congo rescatando y tratando a estos seres humanos; y me dijo que Kinsasa es un inmenso hospital psiquiátrico sin techo.

Posdata: Este es el resumen del Congo que se iba a encontrar el Papa. Uno de los países clave del mundo. Más rico y con mayor índice de pobreza. Más nos valdría, aunque solo fuera por egoísmo, prestar atención a lo que pasa y va a pasar en nuestro continente vecino del sur. No hay más que saltar la valla de Ceuta y Melilla o atravesar el Estrecho y el Atlántico desde Canarias para chocarnos de bruces con la verdad.

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La vocación, un acto de libertad

13er Domingo del tiempo ordinario / Evangelio: Lucas 9, 51-62

Juan Antonio Ruiz Rodrigo

Nos encontramos en el decimotercer domingo del tiempo ordinario. El Evangelio presenta uno de esos acontecimientos que el evangelista, escuchando a testigos, recupera para nosotros. Jesús va a Jerusalén, ya camino de la muerte. Aquí comienza la parte central del Evangelio de Lucas, en la que Jesús continúa con decisión su camino hacia la Ciudad Santa, reuniendo todas sus fuerzas para afrontar las dificultades que le esperan; sabe en efecto que «no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén» (Lc 13, 33).

Jesús envía delante de Él a algunos mensajeros encargados de anunciar su paso, pero estos son rechazados al entrar a una aldea de Samaría, debido a una antigua rivalidad religiosa entre los judíos y los mismos samaritanos (cf. Jn 4, 9). Jesús no siempre es bien recibido; sin embargo, es significativa su voluntad de no vengarse, de no reaccionar con violencia ante el desprecio. Por el contrario, la actitud espontánea de dos de sus discípulos, Santiago y Juan, los «hijos del trueno» (Mc 3, 17), es el deseo de hacer descender fuego del cielo sobre los que los rechazaban (cf. 2 Re 1, 10. 12). Pero Jesús no quiere mostrar hostilidad: vive radicalmente ese amor al enemigo que ha enseñado con tanta fuerza (cf. Lc 6, 27-35), y muestra así a los que le siguen que el discípulo de Jesús está llamado siempre a hacer el bien, incluso a aquellos que no los quieran bien y los desprecien.

Durante este viaje hacia Jerusalén Lucas introduce una serie de vocaciones frustradas para enseñarnos qué es la vocación, y para corregir esta deformación del discipulado que están sufriendo Santiago y Juan. De este modo, dos «aspirantes a discípulos» se ofrecen a Jesús para seguirlo, y otro, llamado por Él, le pone algunas condiciones. Son actitudes inadecuadas para el seguimiento de Jesús, porque para emprender ese camino, lo que importa es escuchar la llamada de Jesús, aceptarla y acogerla en tu vida, dispuestos a ir con Él incluso donde no querríamos, sin poner obstáculos a las exigencias que plantea. Jesús no tiene un techo, no puede ofrecer un lugar para estar, vive en el camino. Si lo que busca el «aspirante a discípulo» es seguridad, no la va a encontrar. También la demora y la indecisión son incompatibles con el discipulado. El anuncio del Reino de Dios es tan urgente que no puede esperar. No es posible dar largas, la llamada es inminente. Tampoco es posible estar con el arado y mirar hacia atrás, porque la vocación es decisión. 

El Evangelio de este domingo nos invita a meditar sobre la vocación y la libertad en el seguimiento a Jesús. Ciertamente la libertad humana tiene limitaciones, porque está en formación. La libertad se va haciendo conforme se va ejercitando. De este modo, cuando empezamos no tenemos una libertad madura, crecida, sino inicial. Conforme se van dando los primeros pasos podremos ir avanzando, dando pasos más arriesgados, más hondos. Además, la libertad está condicionada por el tiempo, de tal manera que el cansancio, el agotamiento, el transcurso de los días y de los años nos pueden afectar, hasta el punto de que nuestra libertad se venga abajo. Otro límite de la libertad es el espacio corporal, porque vivimos en una naturaleza. Hay cosas que podemos hacer según nuestros genes y nuestra constitución física, y también según las circunstancias externas. Pero no podemos hacer todo lo que queramos, porque somos limitados como criaturas. Por otro lado, esos límites aumentan con el pecado, porque este, al utilizar mal la libertad, crea deseos equivocados. Ya no somos limpios de corazón, ya no vemos las cosas con tanta lucidez. Nuestros prejuicios nos hacen equivocarnos. Nos muerden la pereza, el egoísmo, el miedo… El pecado aumenta. Pero, sin embargo, Dios nos pide siempre, de una manera u otra, un acto de libertad enorme: la vocación, es decir, la dedicación a una misión por siempre y para siempre.

¡Qué acto de libertad cuando uno promete y entrega un futuro que no está en sus manos! Es impresionante cuando los esposos intercambian el consentimiento matrimonial, y se prometen entrega y fidelidad todos los días de su vida. ¿Es que acaso saben los esposos cómo van a ser esos días? Sin embargo, Dios se lo pide y, si se lo pide, se lo da. Por tanto, la libertad lo puede hacer, aunque esté el riesgo del fracaso. Esa libertad, que al final se identifica con la vocación, es el amor de Dios que nos libera para que nosotros podamos amar. ¡Qué fácil es decir: «Te quiero»! ¿Sabemos lo que es querer de verdad? ¿Sabemos que querer es acompañar a una persona incluso cuando su figura física se deteriora, cuando su memoria se pierde, cuando no tiene nada que ofrecer? ¿Somos conscientes de la libertad que hace falta para querer?

Esa libertad es el amor con el que Dios nos ama, porque amar es ir más allá de nosotros mismos. El amor es creativo, y nos empuja a llegar a ser lo que nunca hubiéramos sido, y a llegar a hacer lo que nunca hubiéramos hecho, porque hay en nosotros un plus, un exceso, que nos lanza, sin tener en cuenta los límites ni las posibilidades. Por amor llegamos a hacer lo que ni deseamos ni podemos. Es impresionante ver a los hijos que atienden a los padres (o a los padres que atienden a los hijos), en enfermedades largas, duras, un día y otro día, noches de hospital, agotamiento… Parece que no pueden más. Pero cuando se acaba todo se preguntan sorprendidos: ¿cómo he podido? Porque amaban.

¡Qué distinto es vivir con amor y por amor que vivir sin amor! La gran crisis cultural de nuestros días es una crisis vocacional. Nos hemos apropiado de la vida. Hemos huido de nuestra misión y de nuestra tarea. Nos hemos puesto en un primer plano a nosotros mismos. ¿No estamos en un momento de recuperar la vivencia, la gracia y el camino de la vocación? Tendríamos que confesar el nombre de Jesús arrodillados, y preguntarle: ¿Señor, qué quieres de mí? ¿Y si Él quiere que yo me dedique a predicar su Reino y a servir a los hermanos? ¿Y si Él quiere que ejerza la maternidad espiritualmente, rezando por los demás, atendiendo al pobre…? Mi vida familiar, en la que trato de cumplir, ¿no tendría que vivirla con más hondura como entrega incondicional y vocación primera? Está llegando el momento. El Reino de Dios está cerca, y el Señor está llamando. ¡Respondámosle!

13er Domingo del tiempo ordinario / Evangelio: Lucas 9, 51-62

Cuando se completaron los días en que iba de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él. Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?». Él se volvió y les regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». A otro le dijo: «Sígueme». Él respondió: «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre». Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios». Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa». Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».

El Papa pide defender la familia del egoísmo y la cultura de la indiferencia

Francisco no ha podido presidir la Eucaristía por sus problemas en la rodilla, pero ha leído la homilía

Redacción

El Papa Francisco ha instado a defender la familia de «los venenos del egoísmo» y «de la cultura de la indiferencia», al tiempo que ha elogiado la «valentía» de las familias en crisis que no se separan, en la multitudinaria Misa que ha celebrado durante el Encuentro Mundial de las Familias en la plaza de San Pedro del Vaticano, informa Europa Press.

«Afirmamos la belleza de la familia, sentimos más que nunca que debemos defenderla. No dejemos que se contamine con los venenos del egoísmo, del individualismo, de la cultura de la indiferencia y del descarte, y pierda así su ADN, que es la acogida y el espíritu de servicio», ha señalado ante cientos de familias de 120 países.

El Pontífice ha reconocido que «hay que tener valor para casarse y en tiempos de crisis no tomar el camino fácil, sino seguir adelante. Siempre. Redescubrir el amor. La Iglesia está con vosotros, es más, en vosotros», ha subrayado.

«Cuando alguna madre me ha dicho que le ayude para animar a su hijo de unos 37 años a que se case, yo le contesto: ‘¡No le planches las camisas! ¡Así le abres el camino!’», ha bromeado, arrancando el aplauso de los presentes.

A partir de ahí, ha incidido en la idea de que «el amor de los padres no tiene que ser posesivo, sino que debe impulsar a sus hijos a volar». En este sentido, ha dicho que la relación de los padres con sus hijos «no es sencilla» y, a menudo, motivo «de preocupaciones». «Los padres temen que los hijos no sean capaces de orientarse en la complejidad y en la confusión de nuestras sociedades, donde todo parece caótico y precario, y que al final pierdan su camino», ha manifestado.

De este modo ha lamentado que «este miedo hace a algunos padres ansiosos, a otros sobreprotectores, y, a veces, termina incluso por impedir el deseo de traer nuevas vidas al mundo».

También lo ha invitado a no preservar a los hijos «de cualquier malestar y sufrimiento», sino a tratar de «transmitirles la pasión por la vida, de encender en ellos el deseo de que encuentren su vocación y que abracen la gran misión que Dios ha pensado para ellos».

Francisco –que se ha ayudado de un bastón para caminar– ha leído la homilía, pero debido a sus problemas en la rodilla derecha no ha podido presidirla. En su lugar, lo ha hecho el cardenal estadounidense Kevin Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida de la Santa Sede.

La verdadera libertad

En su alocución, ha reflexionado sobre el concepto de libertad, «uno de los bienes más valorados y buscados por el hombre moderno y contemporáneo». «Todos desean ser libres, no tener condicionamientos, no estar limitados, y por eso aspiran a liberarse de todo tipo de prisión: cultural, social, económica», ha dicho.

Sin embargo, ha advertido de que son muchas las personas que «carecen de la libertad más grande», que es «la interior». En este sentido, ha asegurado que la libertad que da Dios al hombre «no es la falsa y vacía libertad del mundo», que en realidad es «un pretexto para satisfacer los deseos carnales».

De padres a hijos

Por otro lado, ha manifestado que «no hay nada más estimulante para los hijos que ver a los propios padres vivir el matrimonio y la familia como una misión, con fidelidad y paciencia, a pesar de las dificultades, los momentos tristes y las pruebas».

El Papa ha señalado que en la vida familiar llegan momentos en los que es «necesario cargar sobre sí las resistencias, las cerrazones, las incomprensiones que provienen del corazón humano y, con la gracia de Cristo, transformarlas en acogida del otro, en amor gratuito». Con todo, ha instado a las familias a «no echar de menos la vida de antes», y se ha referido a «la libertad de antes, con sus ilusiones engañosas».

Así, ha subrayado que las familias cumplen con la valentía de no usar su libertad para sus propios intereses, «sino para amar a las personas que Dios ha puesto a su lado». «En vez de vivir como islas, os habéis puesto al servicio los unos de los otros. De este modo se vive la libertad en familia», ha concluido.

Los obispos tras la tragedia en la frontera de Melilla: «No son invasores, son seres humanos»

Piden que se esclarezcan los hechos y recuerdan que los que intentan entrar en España huyen de guerras y hambrunas

Fran Otero

Los obispos responsables de la Subcomisión para las Migraciones y la Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha pedido a las autoridades competentes que trabajen para esclarecer el suceso de este viernes en la frontera de Melilla con Marruecos en el que al menos 18 migrantes han fallecido tras un intento masivo de cruzar a España, una cifra que algunas ONG incrementan hasta los 27.

Tras recordar que las más de 130 personas que lograron cruzar la frontera eran refugiados sudaneses, piden, en un comunicado publicado este sábado, que estos hechos se aborden con «una mirada humanitaria». «Al tiempo que entendemos la necesaria regulación de flujos migratorios, debemos considerar la situación crítica y de miseria en la que se encuentran miles de migrantes subsaharianos al otro lado de la frontera. No son invasores, son seres humanos que buscan llegar a Europa huyendo de guerras activas y hambrunas», explican.

Así, proponen «evitar un uso partidista y demagógico del completo desafío de las migraciones» y «analizar este drama desde las claves de la doctrina social de la Iglesia». En concreto, subraya que nuestro país carece de espacios o recursos donde emitir visados en muchos países de donde proceden personas susceptibles de solicitar protección internacional.

«Necesitamos una migración ordenada a través de vías legales y seguras, así como fomentar la colaboración al desarrollo con los países que sufren guerras, conflictos y hambrunas. La externalización y militarización de las fronteras por sí solo no terminará con los problemas y las causas que provocan la movilidad de millones de personas migradas, refugiadas o desplazadas en el mundo», agregan.

Tras lamentar la pérdida de vidas humanas y desear la recuperación a los heridos, lanzan un invitación a analizar y afrontar esta nueva crisis «desde la necesidad de protección de todo ser humano y el empeño por establecer con urgencia vías de acceso legales y seguras».

CEAR denuncia el uso de la violencia

Por su parte, La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) ha denunciado el «uso indiscriminado de la violencia» para gestionar las migraciones y controlar las fronteras y evitar que lleguen personas que podrían necesitar protección, como los sudaneses ya citados.

«Este es el coste de la externalización de fronteras y de poner en manos de un país que no respeta los derechos humanos como Marruecos la responsabilidad de controlarlas. Contar con una oficina de asilo en nuestra frontera sur para cubrir el expediente, sin que puedan acceder las personas de origen subsahariano, es una falacia y la mayor hipocresía que puede tener un Estado de Derecho», afirma Estrella Galán, directora general de CEAR, en un comunicado.