Sacerdote chino: el acuerdo sobre los obispos ha traído «cambios positivos»

La posibilidad de contar con un obispo reconocido tanto por la Santa Sede como por las autoridades chinas ha dado esperanza en diócesis «seriamente afectadas» por la división, asegura el padre Giovanni Battista Ye

María Martínez López
Toma de posesión de monseñor Jin Yangke en la diócesis de Ningbo, el 18 de agosto. Foto: AsiaNews

Los obispos chinos Joseph Yue Fusheng, de Harbin, y Joseph Ma Yingling, de Kunming, son dos de los siete obispos ordenados ilícitamente a los que el Papa Francisco levantó la excomunión y reconoció en septiembre de 2018, tras firmar el acuerdo provisional con China para la elección de obispos. Esta decisión, con la que se «arriesgaba» a recibir «malentendidos y críticas feroces», tuvo un impacto real en sus diócesis pocas semanas después, como cuenta a Alfa y Omega un sacerdote de la China continental que, para preservar su anonimato, se presenta como Giovanni Battista Ye.

El 18 de octubre del mismo 2018, monseñor Yue ordenó cinco sacerdotes. En la celebración participaron otros 53 presbíteros, «sin preocupaciones». «Era la primera vez que tanto sacerdotes se unían en una liturgia» esde su elección por parte del régimen sin el visto bueno de Roma. Lo mismo ocurrió el 30 de noviembre en la ordenación de tres clérigos más en Kunming. Más de 70 concelebrantes acompañaron a monseñor Ma Yingling en «la Misa concelebrada con más participación de la historia» de toda la provincia de Yunnan.

Para el padre Ye, algo tan sencillo como una Misa concelebrada es un signo muy concreto de cómo el acuerdo ya ha dado algunos frutos de reconciliación y comunión en las iglesias locales. Por eso, desea «compartir con la Iglesia universal, desde la perspectiva de los católicos chinos, los cambios positivos generados por el acuerdo». El anuncio del viaje de una delegación del Vaticano a China en los próximos días hace prever que se ultiman los detalles para su renovación.

Puentes en diócesis rotas

La serie de ordenaciones ilícitas promovidas por el régimen entre 2000 y 2012, recuerda el sacerdote, «afectaron seriamente a las diócesis implicadas». Sin contar el conflicto de conciencia para los sacerdotes, religiosos y fieles, algunos seminaristas pospusieron su ordenación, «otros se unieron a diócesis o comunidades religiosas diferentes y algunos incluso abandonaron su vocación».

Tras la firma del acuerdo, «las ordenaciones y concelebraciones con estos obispos dejaron de ser un desafío» para estas diócesis. Esto no significa que «sus diferencias se hayan resuelto completamente», reconoce Ye. Pero tras la desaparición de la barrera que suponía el nombramiento de los obispos «hay una creciente esperanza» de que se pueda llegar a una comunión plena.

Este acercamiento encuentra también eco a nivel nacional, añade. Por ejemplo, en la Conferencia Católica Nacional de 2018, por «primera vez en décadas» todos los clérigos participantes concelebraron la Eucaristía «sin sentirse en conflicto». Esto ha ido llevando a más cambios positivos, como el cese de las críticas entre comunidades oficiales y clandestinas y a iniciativas y celebraciones conjuntas. «Se han construido las bases para la reconciliación».

Obispos nuevos y reconocidos

Otras consecuencias positivas están más relacionadas con el objeto mismo del acuerdo. En agosto de 2019, fueron ordenados los obispos Anthony Yao Shun, de Ulanqab, y Stephen Xu Hongwei, coadjutor de Hanzhong. En ambos casos, los representantes de la Iglesia oficial subrayaron que se trataba de obispos aprobados por el Papa. Esto, que «fuera de China puede parecer natural, es realmente significativo» en ese país, apunta el sacerdote.

Con todo, a pesar de tratarse de un acuerdo para la elección de obispos –y de que todavía quedan en el país 40 diócesis vacantes–, de momento el acercamiento entre la Santa Sede y China se ha notado más en el reconocimiento por parte de este país de los obispos nombrados por el Papa sin su visto bueno. Han sido siete, tantos como los ilícitos readmitidos por el Vaticano. Eso sí, con la diferencia de que a China aún le quedan por reconocer 28 obispos más.

Estos reconocimientos han recibido un cierto impulso en los últimos meses, pues entre junio y agosto se produjeron cuatro, mediante la toma de posesión en las diócesis de las que son ordinarios: Peter Lin Jiashan en Fuzhou, Peter Li Huiyuan en Fengxiang, Paul Ma Cunguo en Shuozhou, y Xavier Jin Yangke en Ningbo. Los dos últimos pertenecían a la Iglesia oficial, aunque su nombramiento no había sido aprobado por el régimen, mientras que los otros dos eran clandestinos.

«Un sacrificio enorme»

Más espinosos fueron los tres reconocimientos anteriores: el de Peter Jin Lugang (clandestino) en Nanyang, pero sobre todo los de Peter Zhuang Jianjian (de la Iglesia oficial pero con un nombramiento no reconocido) en Shantou y Vincent Guo Xijin (clandestino) en Mindong. En estos dos últimos casos, había que solucionar la existencia en cada diócesis de dos obispos, uno oficial y otro clandestino.

Esta realidad pedía «finura y tacto, sobre todo por los sentimientos del obispo y la comunidad no oficiales». En este sentido, «el lado chino tuvo un enfoque muy flexible». Se dieron facilidades para que monseñor Claudio Maria Celli, enviado del Vaticano y artífice de la elaboración del acuerdo, visitara el país y pudiera reunirse con los interesados. Y se buscaron medios para realizar el reconocimiento de forma que no se hiriera ninguna sensibilidad.

El de Zhuang tuvo lugar en su ceremonia de despedida por motivos de edad, sin obligarle a participar en una Misa celebrada por su sucesor. En el de Guo, se le dio permiso para empezar a concelebrar en las celebraciones ordinarias del obispo residente, Vincent Zhan; este paso ha permitido «empezar a poner los cimientos para una mayor comunión». Algunos de estos obispos «hicieron un sacrificio enorme por el bienestar general de sus diócesis y de toda la Iglesia en China. Que Dios les bendiga».