Los cuatro tips para confesarse como Dios manda

Los cuatro tips para confesarse como Dios manda

El confesionario es «una casa de fiesta y de resurrección», afirmó Krzysztof Nykiel, regente de la Penitenciaría Apostólica en un congreso sobre el sacramento de la reconciliación

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
"La confesión", de Giuseppe Molteni. Foto: Gallerie d'Italia.
«La confesión», de Giuseppe Molteni. Foto: Gallerie d’Italia.

Comenzar por el amor de Dios, reconocer los pecados sin justificarse, reparar el daño causado y cultivar el arrepentimiento. Esos fueron los cuatro consejos que Krzysztof Nykiel, regente de la Penitenciaría Apostólica, ofrece para aprender a confesarse y vivir el sacramento de la reconciliación.  

«El Señor no busca corazones aplastados o petrificados por la vergüenza», afirmó Nykiel en el seminario Celebrando el sacramento de la reconciliación, celebrado en Roma a finales de octubre. La primera clave consiste en hacer el examen de conciencia desde el amor de Dios: «No se debe partir de la fría lista de los fracasos o del reproche a uno mismo», explicó Krzysztof Nykiel, sino de «la contemplación de la misericordia de Dios y del Crucificado». Reconocer cuánto somos amados permite afrontar los pecados «sin justificarnos y sin desesperar». 

Krzysztof Nykiel durante su intervención. Foto: YouTube Penitenciaría Apostólica.
Krzysztof Nykiel durante su intervención. Foto: YouTube Penitenciaría Apostólica.

El segundo consejo es llamar al pecado por su nombre y asumir la responsabilidad. El regente de la Penitenciaría Apostólica invitó a pasar del genérico «me siento culpable» a reconocer: «He hecho este mal y reconozco mi responsabilidad». También advirtió contra el sentimiento de culpa que lleva a pensar «no valgo nada». Frente a él, propuso la contrición evangélica: «He herido al Amor, pero deseo volver al Padre». 

Gestos concretos 

En tercer lugar, pidió acompañar la confesión con gestos concretos de reparación. «La confesión no se agota en la absolución final», recordó. Por eso, animó a preguntarse: «¿Qué gesto concreto de disculpa, restitución, verdad o caridad puedo realizar hoy para curar la herida que he abierto?». La reconciliación con Dios, explicó, debe traducirse también en una actitud de reparación hacia los demás y la comunidad. 

Por último, recomendó cultivar la contrición como una actitud permanente. «No es una emoción pasajera, sino una orientación de la voluntad sostenida por el Espíritu Santo», señaló. Se trata de mantener «un corazón sensible a la Palabra de Dios», capaz de no juzgar a los demás y dispuesto a comenzar de nuevo cada día. 

Nykiel concluyó con una invitación a redescubrir el confesionario «no como un lugar de juicio, sino como una casa de fiesta y de resurrección». Para ello, recuperó la oración del salmo Miserere: «Ten piedad de mí, oh Dios, según tu misericordia» y «Crea en mí, oh Dios, un corazón puro».